HAY QUE DESMONTAR EL SANCHISMO: NO BASTA CON ECHAR A SÁNCHEZ

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PP y Vox deben explicarles a los españoles, antes de las elecciones, cómo piensan hacerlo, qué leyes van a derogar, qué organismos van a cerrar, qué gastos van a suprimir y qué instituciones van a recuperar.

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.

La pregunta ya no es solamente si Pedro Sánchez perderá las próximas elecciones.

La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Qué ocurrirá después?

Porque echar a Sánchez de la Moncloa puede resultar relativamente sencillo si una mayoría suficiente de españoles decide hacerlo.

Desmontar el sanchismo será muchísimo más difícil.

Y ahí empieza el verdadero problema.

PP y Vox no deberían limitarse a pedir el voto para «cambiar de Gobierno». Deben explicarles a los españoles qué piensan hacer con todo lo que encuentren construido cuando lleguen.

Qué leyes derogarán.

Qué organismos cerrarán.

Qué subvenciones suprimirán.

Qué estructuras administrativas desaparecerán.

Qué competencias recuperará el Estado.

Qué harán con la Fiscalía.

Qué harán con la enseñanza.

Qué harán con la inmigración ilegal.

Qué harán con la deuda.

Qué harán con los impuestos.

Qué harán con las televisiones públicas.

Qué harán con las empresas públicas.

Qué harán con la maraña de observatorios, consejos, comisionados, fundaciones, agencias, chiringuitos y duplicidades.

Y, sobre todo:

en qué orden, en qué plazo y con qué determinación.

Porque sustituir a Sánchez no equivale a desmontar el sanchismo.

Ni de lejos.

EL GRAN ERROR: CREER QUE BASTA CON GANAR

España ya conoce demasiado bien esa película.

La izquierda gobierna.

Crea leyes.

Crea organismos.

Crea subvenciones.

Crea estructuras.

Crea clientelas.

Crea nuevos derechos a cargo del contribuyente.

Crea burocracia.

Crea dependencias.

Crea lenguaje político.

Crea doctrina oficial.

Después llega la derecha.

Promete cambiarlo todo.

Y termina administrando buena parte de lo que heredó.

Tal vez cambie los nombres.

Tal vez fusione dos organismos.

Tal vez sustituya a unos cargos por otros.

Tal vez reduzca algún gasto.

Tal vez modifique una ley.

Pero el edificio permanece.

Luego vuelve la izquierda y añade otra planta.

Así, legislatura tras legislatura.

El resultado es un Estado cada vez mayor, más caro, más endeudado, más intervencionista y más difícil de desmontar.

Ese mecanismo debe romperse.

NO HACE FALTA PODAR: HAY QUE CORTAR

Hay estructuras que no necesitan una reforma.

Necesitan desaparecer.

Hay organismos que no necesitan nuevos responsables.

Necesitan cerrar.

Hay subvenciones que no necesitan mejores criterios de reparto.

Necesitan ser suprimidas.

Hay regulaciones que no necesitan simplificarse.

Necesitan derogarse.

Hay competencias que no necesitan coordinarse mejor.

Necesitan dejar de estar duplicadas.

Ésa es la diferencia entre podar y desmontar.

Podar significa mantener el árbol y quitar algunas ramas.

Desmontar significa preguntarse si el árbol debería estar allí.

Durante décadas, España ha practicado la poda.

Ha llegado el momento de sacar la motosierra.

PRIMERA MOTOSIERRA: LAS LEYES

Un eventual Gobierno de PP y Vox no debería llegar a la Moncloa para empezar entonces a pensar qué hacer.

Eso sería comenzar derrotado.

Las grandes reformas deberían estar preparadas antes de las elecciones.

Con textos redactados.

Con disposiciones derogatorias.

Con proyectos de ley.

Con prioridades.

Con calendarios.

Con números.

Con equipos.

Con una relación precisa de qué normas deben desaparecer y cuáles deben sustituirlas.

Porque el tiempo será el principal enemigo.

Manifestaciones.

Huelgas.

Recursos.

Presiones.

Campañas.

Encuestas.

Tensiones internas.

Elecciones autonómicas.

Elecciones municipales.

Congresos de partido.

Vacaciones.

Y el inevitable:

—Ahora no es el momento.

Cuando uno quiere darse cuenta, han pasado tres años.

Por eso las reformas esenciales deben comenzar desde el primer Consejo de Ministros.

No en el tercero.

No a los seis meses.

No cuando las encuestas acompañen.

Desde el primer día.

SEGUNDA MOTOSIERRA: EL DINERO

El poder político no se sostiene solamente mediante leyes.

Se sostiene con dinero.

Subvenciones.

Convenios.

Contratos.

Publicidad institucional.

Fundaciones.

Asociaciones.

Sindicatos.

Organizaciones empresariales.

Medios de comunicación.

Plataformas.

Observatorios.

Entidades supuestamente independientes.

Todo grupo que depende económicamente del poder termina encontrando motivos excelentes para defender al poder.

Es humano.

Por eso las redes clientelares no se desmontan cambiando a quien reparte el dinero.

Se desmontan dejando de repartirlo.

Si PP y Vox llegan al Gobierno y se limitan a sustituir a los beneficiarios de las subvenciones, no habrán desmontado nada.

Habrán heredado la finca.

TERCERA MOTOSIERRA: LOS ORGANISMOS QUE SOBRAN

España se ha convertido en un catálogo de estructuras administrativas.

Ministerios.

Secretarías de Estado.

Subsecretarías.

Direcciones generales.

Agencias.

Fundaciones.

Empresas públicas.

Consejos.

Observatorios.

Consorcios.

Comisionados.

Institutos.

Entidades autonómicas.

Entidades provinciales.

Entidades municipales.

Y organismos creados para coordinar a otros organismos.

La pregunta debería ser elemental:

¿Para qué sirve esto?

Y después:

¿Qué ocurriría mañana si desapareciera?

Si la respuesta es:

—Nada.

Fin del expediente.

Cierre.

CUARTA MOTOSIERRA: LA INGENIERÍA SOCIAL

El sanchismo no se ha limitado a gobernar.

Ha intentado modelar a la sociedad.

Lenguaje.

Familia.

Relaciones entre hombres y mujeres.

Historia.

Memoria.

Educación.

Sexualidad.

Identidad.

Medio ambiente.

Modelo territorial.

Hasta la vida privada ha acabado convertida en materia susceptible de tutela política.

La respuesta no debe consistir en crear una ingeniería social de signo contrario.

Eso sería cometer el mismo error.

La respuesta debe ser devolver libertad a la sociedad.

Menos doctrina oficial.

Menos catecismo político.

Menos moral subvencionada.

Menos dinero público dedicado a decirle al ciudadano qué debe pensar.

QUINTA MOTOSIERRA: LAS INSTITUCIONES

Aquí aparece otra prueba decisiva.

Despolitizar no significa cambiar a los comisarios del PSOE por comisarios del PP o de Vox.

Eso no es despolitizar.

Eso es relevar la guardia.

Una verdadera reforma exige reducir el número de cargos susceptibles de reparto político.

Más mérito.

Más carrera profesional.

Más independencia.

Más incompatibilidades.

Más responsabilidad.

Y menos manos del Gobierno dentro de instituciones que precisamente deberían estar alejadas del Gobierno.

La regla debería ser sencilla:

una reforma institucional sólo es buena si estamos dispuestos a aceptarla también cuando gobierne el adversario.

SEXTA MOTOSIERRA: EL INTERVENCIONISMO ECONÓMICO

Impuestos.

Regulaciones.

Licencias.

Autorizaciones.

Permisos.

Trámites.

Declaraciones.

Obligaciones.

Inspecciones.

Normas estatales.

Normas autonómicas.

Normas municipales.

España necesita preguntarse cuántas horas de trabajo productivo se pierden anualmente obedeciendo a la Administración.

Una economía no prospera porque el Gobierno conceda ayudas.

Prospera cuando alguien puede trabajar, producir, contratar, vender, ahorrar e invertir sin necesitar un intérprete administrativo permanentemente a su lado.

Reducir impuestos sin reducir gasto sirve de poco.

Reducir gasto sin eliminar estructuras sirve de poco.

Eliminar una regulación y crear tres nuevas sirve de poco.

La reforma debe ser coherente.

SÉPTIMA MOTOSIERRA: EL ESTADO AUTONÓMICO

No se puede hablar seriamente del tamaño del Estado evitando hablar del modelo autonómico.

Diecisiete gobiernos.

Diecisiete parlamentos.

Consejerías.

Defensores.

Consejos consultivos.

Televisiones.

Radios.

Agencias.

Empresas.

Fundaciones.

Observatorios.

Delegaciones exteriores.

Estructuras administrativas repetidas una y otra vez.

PP y Vox deben explicar qué piensan hacer con todo eso.

No sirve decir:

—Hay que mejorar la coordinación.

España lleva décadas coordinando duplicidades.

Tal vez haya llegado el momento de suprimirlas.

¿Qué competencias deben volver al Estado?

¿Cuáles deben permanecer descentralizadas?

¿Qué organismos deben desaparecer?

¿Cuánto cuesta actualmente cada duplicidad?

¿Cuánto se ahorraría?

Eso es lo que deberían explicar.

OCTAVA MOTOSIERRA: LA ENSEÑANZA

No habrá reversión duradera sin una reforma profunda de la enseñanza.

Conocimiento.

Exigencia.

Memoria.

Lectura.

Escritura.

Cálculo.

Historia.

Ciencias.

Filosofía.

Disciplina.

Mérito.

Responsabilidad.

Y la posibilidad de suspender a quien no sabe.

Una sociedad que convierte aprobar en un derecho termina considerando aprender una molestia.

Y un país que renuncia a enseñar termina necesitando ciudadanos cada vez más dependientes de quienes gobiernan.

NOVENA MOTOSIERRA: EL CLIENTELISMO

El clientelismo no desaparece porque cambie el Gobierno.

Sobrevive en las nóminas.

En los contratos.

En las subvenciones.

En los convenios.

En los puestos de confianza.

En las asociaciones.

En las empresas públicas.

En las fundaciones.

En los medios dependientes de publicidad institucional.

En las redes de favores.

Por eso debería hacerse una auditoría completa.

Quién recibe dinero.

Cuánto.

Desde cuándo.

Para qué.

Con qué resultados.

Y después cortar todo gasto que no pueda justificarse ante el contribuyente con palabras que entienda cualquier persona normal.

DÉCIMA MOTOSIERRA: EL TIEMPO

Ésta puede ser la más importante.

Un Gobierno que quiera desmontar el sanchismo tendrá muy poco tiempo político.

Desde el primer día comenzará el desgaste.

La oposición intentará retrasar.

Judicializar.

Movilizar.

Asustar.

Dividir.

Agotar.

Esperar.

Por eso las grandes reformas deben concentrarse al principio.

Los primeros cien días valen más que el último año.

El capital político es máximo cuando se llega.

Después disminuye.

Quien deje las reformas difíciles para el final de la legislatura no las hará.

PP Y VOX TIENEN QUE EXPLICARLO ANTES

Ésta debería ser la exigencia política.

Feijóo y Abascal deben explicarles a los españoles qué van a hacer antes de pedirles el voto.

No después.

No cuando hayan repartido ministerios.

No después de negociar vicepresidencias.

No después de decidir quién se sienta dónde.

Antes.

Hace falta un verdadero plan de desmontaje.

No un programa electoral lleno de frases vacías.

No «regeneración institucional».

No «optimización administrativa».

No «racionalización de recursos».

No «modernización de estructuras».

Eso es jerga.

Hay que decir:

cerrar.

derogar.

suprimir.

reducir.

eliminar.

devolver.

reformar.

Y poner al lado de cada verbo el sustantivo correspondiente.

PRIMER DÍA, PRIMER MES, CIEN DÍAS, CUATRO AÑOS

Así deberían presentarlo.

Primer día

Qué decisiones inmediatas.

Qué nombramientos.

Qué órdenes.

Qué decretos.

Primer mes

Qué leyes se presentan.

Qué organismos comienzan a desaparecer.

Qué subvenciones dejan de concederse.

Cien días

Qué reformas están en marcha.

Qué gasto ha sido eliminado.

Qué impuestos han bajado.

Qué estructuras han sido cerradas.

Cuatro años

Qué Estado quieren dejar.

Cuánto más pequeño.

Cuánto menos endeudado.

Cuánto menos politizado.

Cuánto más libre.

Eso sería pedir un mandato democrático de verdad.

No:

—Confíen en nosotros.

Sino:

Esto es exactamente lo que haremos si ustedes nos dan la mayoría.

EL GRAN PELIGRO: UN GOBIERNO CONSERVADOR

Y aquí aparece la gran paradoja.

España no necesita simplemente un Gobierno conservador.

Porque conservar puede ser precisamente el problema.

¿Conservar qué?

Si recibe un Estado hipertrofiado y lo conserva, fracasa.

Si recibe organismos inútiles y los conserva, fracasa.

Si recibe leyes que considera dañinas y las conserva, fracasa.

Si recibe redes clientelares y cambia a los beneficiarios, fracasa.

Si recibe instituciones politizadas y pone a los suyos, fracasa.

Si recibe una deuda gigantesca y sigue gastando porque reducir gasto resulta impopular, fracasa.

No hace falta conservar determinadas cosas.

Hace falta desmontarlas.

EL SANCHISMO PUEDE SOBREVIVIR A SÁNCHEZ

Pedro Sánchez dejará algún día la Presidencia del Gobierno.

Eso es inevitable.

Pero el sanchismo puede sobrevivirle durante décadas.

En leyes.

En organismos.

En subvenciones.

En estructuras administrativas.

En nombramientos.

En dependencias económicas.

En la enseñanza.

En las instituciones.

En el lenguaje.

En la mentalidad política.

En la idea de que cada problema necesita una ley, un organismo y una subvención.

Por eso el final de Sánchez y el final del sanchismo son acontecimientos completamente distintos.

Echar a Sánchez exige ganar unas elecciones.

Desmontar el sanchismo exige saber qué hacer al día siguiente.

Y PP y Vox deberían explicarlo antes de pedir el voto.

Con nombres.

Con cifras.

Con plazos.

Con prioridades.

Y sin esconder la motosierra.

Porque si después de Sánchez la alternativa consiste simplemente en ocupar sus despachos, cambiar a los ministros y administrar un poco mejor lo heredado, habremos cambiado de Gobierno.

Nada más.

La verdadera pregunta no es:

¿Quién echará a Sánchez?

La pregunta es:

¿QUIÉN DESMONTARÁ EL SANCHISMO Y CÓMO PIENSA HACERLO?

Feijóo y Abascal tienen la palabra.

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