CEUTA NO ES EL SÁHARA. Y EL SÁHARA TAMPOCO FUE SIMPLEMENTE UNA COLONIA
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

Hace pocos días, el almirante retirado Juan Rodríguez Garat afirmó que «el Sáhara no es una provincia española, sino una colonia, y Ceuta y Melilla son parte de nuestro país».
Sobre Ceuta y Melilla, nada que objetar: son España.
Pero despachar al antiguo Sáhara Español diciendo simplemente que fue «una colonia» mutila una parte fundamental de la historia.
España convirtió jurídicamente el Sáhara en provincia. La Ley 8/1961, de 19 de abril, se titulaba literalmente Ley sobre organización y régimen jurídico de la Provincia de Sahara. Establecía su capital en El Aaiún, organizaba sus servicios de manera semejante a los de las restantes provincias españolas y le reconocía representación en Cortes y otros organismos públicos.
La ONU mantuvo otro criterio: consideró que la provincialización española no eliminaba el proceso de descolonización y desde 1963 incluyó al Sáhara Occidental en la lista de territorios no autónomos.
Ambas cosas sucedieron.
Fue colonia y después provincia para el ordenamiento español; para Naciones Unidas continuó siendo un territorio pendiente de descolonización.
Y eso importa ahora.
CEUTA NO TIENE NADA QUE VER CON EL REPARTO COLONIAL DE ÁFRICA
Ceuta no fue una colonia conquistada por España en los siglos XIX o XX ni formó parte del Protectorado español de Marruecos.
Portugal tomó la ciudad en 1415. Ceuta permaneció vinculada a la Monarquía Hispánica cuando Portugal se separó de ella en 1640, y el Tratado de Lisboa de 1668 reconoció definitivamente su permanencia bajo soberanía española.
Por eso resulta históricamente tramposa la palabra marroquí «recuperar».
El Marruecos actual no perdió Ceuta en 1956.
Ceuta llevaba siglos fuera de cualquier soberanía marroquí cuando nació el Estado marroquí contemporáneo.
Pretender convertir dominios medievales en títulos territoriales perpetuos conduciría al disparate de reconstruir todos los imperios desaparecidos.
MARRUECOS DICE LO QUE QUIERE
Marruecos reclama Ceuta y Melilla.
No es una acusación española ni una interpretación periodística. Sus propios gobernantes lo dicen públicamente.
En agosto de 2026, el ministro marroquí de Justicia volvió a plantear la reivindicación y España respondió que la soberanía de ambas ciudades no estaba sometida a negociación.
Por tanto, el punto de partida es bastante sencillo:
España tiene un vecino que reclama territorio español.
Después podremos llamarlo «socio estratégico», «país amigo» o lo que aconseje la diplomacia.
Pero eso no hace desaparecer la reclamación.
SETENTA MIL PERSONAS NO SON UNA ANÉCDOTA MIGRATORIA
A finales de julio de 2026 atravesaron irregularmente la frontera de Ceuta más de 72.000 personas en un brevísimo espacio de tiempo. Semanas después seguían permaneciendo allí miles de ellas.
Y buena parte del debate español continúa instalado en la expresión:
Crisis migratoria».
Las palabras importan.
«Inmigrante irregular» describe la situación administrativa individual.
«Entrada masiva» describe lo sucedido.
«Invasión» es la caracterización política que algunos emplean para una irrupción multitudinaria a través de una frontera internacional.
Lo verdaderamente absurdo sería presentar 72.000 entradas en dos días como si se tratase de una jornada ordinaria en un puesto fronterizo.
Y AL OTRO LADO ESTÁ MARRUECOS
Esas decenas de miles de personas llegaron desde territorio marroquí.
No descendieron del cielo.
No aparecieron por arte de magia delante de la frontera española.
Marruecos niega haber organizado aquella entrada y sostiene que coopera con España en materia migratoria.
Pero permanece el hecho material: la frontera marroquí dejó pasar durante un periodo decisivo a decenas de miles de personas hacia Ceuta.
Y simultáneamente Marruecos reclama Ceuta.
Cada lector extraerá las consecuencias políticas que estime oportunas.
EL PROBLEMA NO ES EL DICCIONARIO
El problema de fondo es mucho más sencillo.
Marruecos reclama Ceuta y Melilla.
España conoce esa reclamación.
Y, mientras tanto, el lenguaje político español parece empeñado en reducir cualquier enfrentamiento con Rabat a un asunto administrativo, migratorio o diplomático.
No hace falta inventar nada.
Basta con leer lo que dice Marruecos.
Y con recordar nuestra propia historia.
Ceuta es España.
No desde ayer.
No desde el Protectorado.
No desde Franco.
Desde hace siglos.
Y el Sáhara merece también algo más de rigor histórico que despacharlo con cuatro palabras.
APÉNDICE I
CEUTA Y EL SÁHARA EN DIEZ FECHAS
1415. Portugal conquista Ceuta.
1640. Portugal se separa de la Monarquía Hispánica; Ceuta permanece vinculada a la Corona española.
1668. El Tratado de Lisboa reconoce esa situación.
1884. Comienza formalmente la presencia colonial española en el Sáhara.
1958. España reorganiza sus territorios africanos y provincializa el Sáhara.
1961. La Ley 8/1961 regula expresamente la Provincia de Sahara.
1963. Naciones Unidas incorpora el Sáhara Occidental a la lista de territorios no autónomos.
1975. La Corte Internacional de Justicia rechaza que existiesen vínculos de soberanía territorial entre Marruecos y el Sáhara Occidental capaces de anular el principio de autodeterminación.
1975. España firma los Acuerdos de Madrid y abandona progresivamente el territorio.
26 de febrero de 1976. España comunica a Naciones Unidas que da por terminada su presencia y se considera desligada de responsabilidades administrativas internacionales sobre el territorio.
APÉNDICE II
¿QUÉ ES HOY EL SÁHARA OCCIDENTAL?
Aquí empieza uno de los mayores embrollos políticos heredados de la descolonización española.
1. Marruecos no adquirió jurídicamente la soberanía mediante los Acuerdos de Madrid
Este punto resulta esencial.
La opinión jurídica de Naciones Unidas sobre aquellos acuerdos estableció que no transfirieron la soberanía sobre el Sáhara Occidental a Marruecos ni a Mauritania, ni les concedieron automáticamente la condición jurídica de potencia administradora.
Por tanto, España podía retirarse físicamente del territorio.
Lo que no podía hacer mediante un acuerdo entre tres gobiernos era transformar por arte de firma la soberanía del territorio.
2. El proceso de descolonización sigue inconcluso
En septiembre de 2026, Naciones Unidas sigue incluyendo al Sáhara Occidental entre los territorios no autónomos.
No lo considera jurídicamente una provincia marroquí.
Tampoco figura Marruecos en la lista de Naciones Unidas como potencia administradora del territorio.
La cuestión continúa abierta.
3. Marruecos controla la mayor parte del territorio.
La realidad sobre el terreno es otra.
Marruecos controla la mayor parte del Sáhara Occidental, incluida El Aaiún y las principales zonas pobladas al oeste del muro de arena.
El Frente Polisario controla zonas mucho menos pobladas al este.
La misión de Naciones Unidas, MINURSO, continúa desplegada entre ambos espacios y reconoce que desde la ruptura del alto el fuego en noviembre de 2020 prosiguen hostilidades de baja intensidad.
El referéndum para el que nació MINURSO en 1991 nunca se ha celebrado.
4. ¿Y qué hizo Pedro Sánchez?
Aquí se produjo el gran giro español.
En marzo de 2022, Pedro Sánchez envió una carta a Mohamed VI afirmando que España consideraba la propuesta marroquí de autonomía de 2007 como:
«la base más seria, creíble y realista»
Para resolver el conflicto del Sáhara Occidental. Sánchez reprodujo públicamente esa formulación en el Congreso el 30 de marzo de 2022.
Hasta entonces, España había mantenido una posición más próxima a la doctrina general de Naciones Unidas: solución política dentro de la ONU y reconocimiento del derecho de autodeterminación sin privilegiar expresamente la propuesta marroquí sobre las demás.
La carta modificó políticamente esa posición al conceder un respaldo español inequívoco a la propuesta de autonomía defendida por Rabat.
5. Pero la carta de Sánchez no convirtió el Sáhara en Marruecos
Éste es el punto que demasiadas veces se confunde.
Una carta del presidente del Gobierno español no tiene capacidad para decidir la soberanía del Sáhara Occidental.
No modificó su estatuto en Naciones Unidas.
No eliminó su condición de territorio no autónomo.
No convirtió internacionalmente a Marruecos en soberano reconocido del territorio.
No liquidó el proceso de descolonización.
Y tampoco anuló el papel del Frente Polisario como una de las partes del conflicto.
En 2026, MINURSO sigue allí precisamente porque el conflicto sigue sin resolverse.
6. Entonces, ¿qué cambió realmente aquella carta?
Cambió la posición política española.
España pasó a considerar públicamente el plan marroquí de autonomía como la propuesta preferente para alcanzar una solución.
Eso favoreció claramente la posición diplomática de Rabat.
Pero no produjo por sí mismo una transferencia de soberanía.
Ésta es la diferencia que conviene grabarse:
Sánchez cambió la política española sobre el Sáhara; no cambió el estatuto jurídico internacional del Sáhara.
7. ¿Quién tiene hoy la soberanía?
Ésa es precisamente la cuestión que continúa sin solución internacional definitiva.
Marruecos afirma que el Sáhara forma parte de su territorio.
El Frente Polisario reivindica la independencia y la República Árabe Saharaui Democrática.
Naciones Unidas continúa considerando el territorio pendiente de descolonización.
Y la misión MINURSO sigue desplegada porque el conflicto político y territorial permanece abierto.
Dicho en román paladino:
Marruecos administra y controla de hecho la mayor parte del Sáhara, pero controlar un territorio y poseer un título internacional de soberanía indiscutido no son la misma cosa.
Y la carta enviada por Pedro Sánchez a Mohamed VI en 2022 no convirtió una cosa en la otra.