RAMIRO GRAU MORANCHO

Hace ya varias décadas, y durante un año, fui presidente de la comunidad donde vivo.

Presidente portero, pues acabábamos de suprimir la portería, al jubilarse el titular, que en paz descanse, un gran señor y una buena persona, y el presidente pasa a ejercer, de facto, de portero, ya que los convecinos, ante cualquier problema, la persona que tienen más a mano es la tuya…

Mientras tanto, el administrador correspondiente se dedica a hacer las cuentas del Gran Capitán de la comunidad…, a “negociar” mordidas por todas las obras que se realizan, y a pasar de todo.

En realidad, son como los políticos: crean problemas donde no los hay, y son incapaces de solucionar ningún problema, real y efectivo.

Terminado mi periodo de presidente-portero, recé para que no tuviera que volver a pasar por ese Vía Crucis, pero Dios no accedió a mis plegarias, y recientemente ha vuelto a caer la presidencia, digo la portería, en nuestra casa.

Como la ley permite excusarse por problemas de edad, salud, etc., y la mía es regular, susceptible de empeorar, porque la salud es como la edad, nunca suele mejorar, y más con los años, le dije a mi señora que iba a excusar legalmente mi designación, pero ella quiso aceptarlo, pues ya acumula dos presidencias de comunidades, y le está cogiendo gusto a los cargos.

Es más, creo que hasta se ha hecho tarjetas de visita, con sus múltiples presidencias… sin sueldo. (Es broma, y espero que no me lea, para que no se enfade conmigo).

En fin, que ahora he sido degradado a presidente portero consorte, y, la verdad, estoy hasta los cataplines, pues como estoy la mayor parte del tiempo en casa, donde tengo también mi despacho (no sé si despacho o despecho), no paran de llamar a la puerta, al timbre de la calle, o por teléfono, ante el mínimo problema.

Y sin molestar al administrador, que para eso cobra…

La verdad, ya empiezo a estar cansado.

Sobre todo, de ver cómo aquellos convecinos que siempre pasan de todo, no dicen nada en las juntas (pero luego en privado, y sin que les oiga nadie, te dicen ¡qué razón tenías en lo que dijiste!, o delegan en ti su representación para no encararse con el administrador…, y luego van por detrás a pedirle disculpas por lo que dijiste, en tu nombre y en el suyo), son los que más se quejan de todo, y quieren tener los mejores servicios.

Me recuerdan mucho a ese cuarenta por ciento, más o menos, de electores que no se molestan en ir a votar, o lo hacen por correo, que casi es peor, y luego están los cuatro años siguientes, o los que quiera el sátrapa correspondiente, criticando al gobierno de turno…, pero eso sí, en los bares y cafeterías.

Son lo que yo llamo “el valiente español”.

En fin, amigos, sirvan estas líneas para relajar un poco el ambiente patibulario en que se está convirtiendo la precampaña electoral.

¡No quiero ni pensar en cómo va a ser la campaña, y cuántos atentados falsos sufrirá perro Sánchez!

Ramiro Grau Morancho,

Académico, jurista y escritor.

https://www.ramirograumorancho.com

1 pensamiento sobre “Presidente, portero, consorte.”

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