RAMIRO GRAU MORANCHO

Hace ya unos cuantos años formulé una queja ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC, en relación con un asunto que no viene al caso.

A juzgar por el número del procedimiento, debí de presentarla en los primeros meses de 2016, y, dada la inacción del organismo en cuestión, posiblemente más interesado en proteger y arropar a las grandes empresas monopolistas que en otra cosa, pues la verdad es que ya me había olvidado del tema. Y no es extraño, pues ha pasado prácticamente una década y tengo otros muchos asuntos en la cabeza.

Hace unos días recibí una llamada telefónica de una atenta secretaria, diciéndome que tenía que facilitarles mi documento nacional de identidad y un correo electrónico. La verdad es que me dieron ganas de mandarla a hacer puñetas, pero como la señora era muy educada, y yo soy un caballero, opté por facilitarle esos datos, pues iban a adelantarme electrónicamente la notificación correspondiente.

Al momento recibí un mensaje en el móvil, cosa que me jode mucho, la verdad, y seguidamente un aviso de notificación por correo electrónico, con un montón de advertencias legales que miedo me dio abrirlo.

Tras llamarles de nuevo, y decirles que yo quería una notificación en papel, firmada, sellada y registrada, pues soy de la antigua época y, además, seguro que tendré que acabar recurriendo contra la resolución, la pobre señora empezó a balbucear, como si yo le pidiera un imposible o el envío de la notificación a Marte.

Al final me dijo que sí, que iban a mandármela por correo, y en esas estamos. Pero vamos, como si me hicieran un gran favor…

¿De qué sirve la informática si un procedimiento de queja por una determinada práctica colusoria tarda prácticamente una década en tramitarse?

¿Ustedes creen que, a estas alturas de la película, me importa mucho que la notificación tarde dos o tres días más en llegar?

¿Y qué beneficios obtenemos, y me refiero básicamente a la informática judicial —cada cual sangra por su herida—, cuando el sistema no funciona, cada día se tarda más años en resolver cualquier asunto nimio y este país funciona cada vez peor?

Lamento ser tan pesimista, pero es lo que hay.

De cualquier forma, y salvo excepciones, una cosa tengo clara: a más informatización de la sociedad, más estupidez colectiva.

No hay nada más peligroso que un tonto con un ordenador, pues se cree que tiene acceso a todo el conocimiento acumulado por nuestra decadente —y excristiana— civilización occidental, sin darse cuenta de que lo que la natura no da, la informática no lo presta.

En otras palabras, que hay que entender las cosas, ponerlas en su contexto, etc.

Y, sobre todo, no fiarse de la primera chorrada que leas o veas en internet, pues cualquier majadero puede colgar lo que le dé la gana. Es el caso de Wikipedia, por ejemplo, en donde, en un artículo excelente sobre un determinado tema, puede entrar cualquier analfabeto funcional a excretar sus deposiciones, que quedan allí para la eternidad, hasta que alguien con más criterio se decida a borrarlas.

Porque una cosa es tener a nuestra disposición una cantidad ingente de información y otra muy distinta tener criterio para distinguir el grano de la paja, saber interpretar lo que se lee y, sobre todo, ser capaz de pensar por cuenta propia.

La informática puede poner a nuestro alcance prácticamente todo el conocimiento del mundo, pero no puede meterlo dentro de nuestra cabeza. Puede facilitarnos los datos, pero no el entendimiento. Puede proporcionarnos millones de respuestas, pero no garantiza que sepamos formular correctamente las preguntas.

Y ahí está el problema.

En fin, que estamos entrando en el otoño y tampoco conviene ser tan pesimista.

Aunque, viendo cómo está el patio, tampoco está uno para tirar cohetes.

Así que feliz entrada en el otoño les deseo, de todo corazón.

Y que no nos pase «na» con la que está cayendo.

1 pensamiento sobre “INFORMÁTICA Y ESTUPIDEZ”

  1. En una nación que ya es un estado fallido, tanta informática no sirve de nada…
    Bueno, sí, para alejar todavía más a los ciudadanos-contribuyentes de los políticos y de las administraciones públicas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *