España camina hacia el abismo mientras PP y Vox siguen sin presentar un proyecto nacional regenerador…

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

Resumen para lectores con prisas

¿Dónde está la oposición? España camina hacia el abismo… ¿y dónde está el proyecto nacional de PP y Vox?

Durante años, millones de españoles han depositado sus esperanzas en que, tarde o temprano, el actual Gobierno será sustituido por otro encabezado por el Partido Popular, por Vox o por ambos.

Sin embargo, la cuestión verdaderamente importante no es quién ocupará mañana el Palacio de la Moncloa.

La verdadera pregunta es otra:

¿Existe un proyecto nacional capaz de sacar a España de la situación en la que se encuentra?

A mi juicio, la respuesta sigue siendo negativa.

No porque PP y Vox carezcan de dirigentes preparados o de personas bien intencionadas.

Sino porque, hasta la fecha, no han presentado públicamente un Proyecto Nacional de Reconstrucción que permita a los ciudadanos conocer qué diagnóstico hacen de España, qué objetivos persiguen y cómo piensan alcanzarlos.

Y eso resulta especialmente preocupante porque la situación del país no admite ya improvisaciones.

España lleva años sin unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

La deuda pública continúa creciendo.

La presión fiscal alcanza niveles históricos.

La recaudación bate récords.

Sin embargo, muchos ciudadanos perciben que los servicios públicos no mejoran en la misma proporción.

Los problemas en los ferrocarriles se repiten.

Las carreteras necesitan inversiones.

Las listas de espera sanitarias siguen siendo motivo de preocupación.

Los montes permanecen abandonados durante buena parte del año hasta convertirse en enormes polvorines.

Los cauces de numerosos ríos continúan sin limpiarse con la frecuencia necesaria.

Y, cuando sobreviene una catástrofe, casi siempre asistimos al mismo ritual: visitas oficiales, declaraciones solemnes, promesas y, pasado el tiempo, olvido.

Todo ello conduce a una pregunta inevitable:

¿Dónde está el dinero de una recaudación nunca vista?

Pero hay otra pregunta todavía más importante:

¿Qué harían exactamente PP y Vox para cambiar esta situación?

No basta con denunciar los errores del Gobierno.

No basta con exigir dimisiones.

No basta con esperar el desgaste del adversario.

Quien aspira a gobernar tiene la obligación de ofrecer un camino alternativo.

Ese camino debería comenzar por un diagnóstico completo y realista de la situación nacional.

Después deberían fijarse prioridades.

Definir objetivos a corto, medio y largo plazo.

Precisar los procedimientos necesarios para alcanzarlos.

Calcular los medios humanos, materiales y económicos que exigiría cada reforma.

Establecer un calendario de ejecución.

Y comprometerse a rendir cuentas periódicamente ante los ciudadanos.

Eso es gobernar.

Lo demás pertenece al terreno de la propaganda o de la táctica electoral.

Sorprende que quienes exigen explicaciones constantes al Gobierno apenas hablen de cómo piensan someterse ellos mismos al control de los ciudadanos cuando lleguen al poder.

¿Por qué no comprometerse desde ahora a publicar, cada seis meses, el grado de cumplimiento de su programa?

¿Por qué no anunciar auditorías independientes?

¿Por qué no fijar indicadores objetivos que permitan medir el éxito o el fracaso de cada reforma?

Gobernar no consiste únicamente en ganar unas elecciones.

Consiste en administrar con eficacia, corregir errores, rectificar cuando sea necesario y responder siempre de las propias decisiones.

España no necesita únicamente un cambio de Gobierno.

Necesita un cambio de rumbo.

Necesita recuperar una Administración más sencilla y eficaz.

Unas cuentas públicas sostenibles.

Una Justicia respetada.

Una enseñanza exigente.

Una sanidad mejor gestionada.

Unas infraestructuras correctamente mantenidas.

Una política exterior coherente.

Y una cultura política basada en la responsabilidad y no en la propaganda.

Todo ello exige algo más que discursos parlamentarios o mensajes en las redes sociales.

Exige un proyecto nacional.

Un proyecto serio.

Comprensible.

Cuantificado.

Verificable.

Sometido a evaluación permanente.

Y abierto a la rendición de cuentas.

Mientras ese proyecto no exista o, al menos, no sea presentado públicamente con el detalle que merece una nación como España, muchos ciudadanos seguiremos formulando la misma pregunta:

¿Existe realmente una alternativa de gobierno o únicamente una alternativa electoral?

Porque los gobiernos pasan.

Los partidos cambian.

Los dirigentes vienen y van.

Pero España permanece.

Y cuando un país, a juicio de muchos de sus ciudadanos, camina hacia el abismo, ya no basta con esperar la caída del Gobierno.

Ha llegado la hora de exigir a quienes desean sustituirlo que expliquen, con claridad y sin ambigüedades, qué España quieren construir, cómo piensan hacerlo y de qué manera responderán ante los españoles si no cumplen su palabra.

SI DESEAS SABER MÁS, PROFUNDIZAR, SIGUE LEYENDO.

Durante años se nos ha repetido que la alternativa al actual Gobierno está esperando su oportunidad.

Pero una pregunta cada vez resulta más difícil de responder:

¿Alternativa a qué?

Porque quien pretende gobernar una nación no puede limitarse a denunciar los errores del adversario.

Debe explicar con claridad qué país quiere construir y cómo piensa hacerlo.

Y eso, sencillamente, no ha ocurrido.

Mientras el Gobierno presume de haber alcanzado récords históricos de recaudación, España continúa sin unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

La deuda pública sigue creciendo hasta cifras nunca vistas.

El gasto aumenta año tras año.

Sin embargo, los servicios públicos ofrecen, en muchos casos, una imagen cada vez más preocupante.

Los ferrocarriles acumulan averías, retrasos e incidencias.

Las carreteras presentan un mantenimiento insuficiente.

Las listas de espera sanitarias continúan siendo inaceptables para miles de ciudadanos.

Los montes permanecen abandonados hasta convertirse cada verano en enormes polvorines.

Los cauces de numerosos ríos siguen sin limpiarse adecuadamente.

Y así podría seguir durante varias páginas.

La pregunta resulta inevitable.

¿Dónde está todo ese dinero?

Pero existe otra pregunta todavía más inquietante.

¿Dónde está la oposición?

Me refiero a una oposición de verdad.

No a quien comparece diariamente ante las cámaras.

No a quien publica mensajes en las redes sociales.

No a quien registra iniciativas parlamentarias destinadas, casi siempre, a ser rechazadas.

Me refiero a una fuerza política que aspire seriamente a gobernar España.

PP y Vox afirman representar a la inmensa mayoría de los españoles que no son socialistas, comunistas, separatistas ni apoyan a las formaciones que han sostenido parlamentariamente al actual Gobierno.

Si esa es su pretensión, también debería ser su obligación.

Y esa obligación comienza por ofrecer a los españoles algo tan elemental como un verdadero proyecto nacional.

No un eslogan.

No una colección de promesas.

No un catálogo de buenas intenciones.

Sino un plan de gobierno.

Un diagnóstico completo y realista de la situación de España.

Unas prioridades claramente establecidas.

Unos objetivos concretos a corto, medio y largo plazo.

Los procedimientos necesarios para alcanzarlos.

Los medios humanos, materiales y económicos imprescindibles.

Un calendario de ejecución.

Y un compromiso firme de rendición periódica de cuentas ante los ciudadanos.

Eso es gobernar.

Lo demás es esperar que el adversario se desgaste por sí solo.

Y España ya no está para esperar.

Porque, a mi juicio, nuestro país no atraviesa una simple etapa de decadencia.

Camina hacia el abismo.

Y cuanto más se retrase la presentación de un verdadero proyecto nacional de reconstrucción, más difícil será detener esa marcha.

En los capítulos siguientes intentaré explicar por qué sostengo esta afirmación y, sobre todo, qué preguntas deberían estar formulando cada día quienes aspiran a gobernar España… pero, inexplicablemente, siguen sin responder.

El Gobierno gobierna. ¿Y la oposición?

Toda oposición que aspire a gobernar tiene una obligación previa: convencer a los ciudadanos de que posee un proyecto mejor que el del Gobierno.

No basta con denunciar.

No basta con criticar.

No basta con esperar las siguientes elecciones.

Hay que demostrar que existe un rumbo distinto.

Y ahí es donde, a mi juicio, aparece el gran vacío de la política española.

Desde hace años, PP y Vox aseguran representar a la inmensa mayoría de los españoles que no son socialistas, comunistas, separatistas ni respaldan a los partidos que sostienen al Gobierno.

Sin embargo, esa afirmación lleva aparejada una enorme responsabilidad.

Si pretenden gobernar España, deberían haber presentado ya un auténtico Proyecto Nacional de Reconstrucción.

No un programa electoral de doscientas páginas que casi nadie lee.

No una sucesión de promesas.

No un repertorio de eslóganes.

Sino un documento claro, comprensible y accesible para cualquier español.

Que comenzara respondiendo a una pregunta muy sencilla:

¿Cuál es el verdadero estado de España?

Porque ningún médico prescribe un tratamiento sin haber realizado antes un diagnóstico.

Y ningún arquitecto comienza una obra sin estudiar previamente los cimientos.

Gobernar debería seguir exactamente el mismo método.

Primero, el diagnóstico.

Después, los objetivos.

Más tarde, los medios necesarios.

Finalmente, la evaluación permanente de los resultados.

Eso es planificar.

Eso es gobernar.

Y eso es precisamente lo que echo de menos.


El diagnóstico que muchos seguimos esperando

Me gustaría conocer, negro sobre blanco, cuál es el diagnóstico que PP y Vox hacen de la España de hoy.

No una colección de discursos.

No frases sueltas pronunciadas en el Congreso.

No declaraciones después de cada Consejo de Ministros.

Un diagnóstico completo.

¿Consideran sostenible una deuda pública que continúa creciendo año tras año?

¿Creen normal que España encadene varios ejercicios sin unos nuevos Presupuestos Generales del Estado?

¿Piensan que la Administración funciona adecuadamente?

¿Estiman aceptable el estado de la red ferroviaria?

¿Y el de muchas carreteras?

¿Las listas de espera sanitarias?

¿La falta de limpieza de montes y cauces?

¿La pérdida de peso internacional de España?

¿La crisis demográfica?

¿La organización territorial del Estado?

¿El funcionamiento de la Justicia?

¿La calidad de la enseñanza?

Los españoles tienen derecho a conocer ese diagnóstico.

Porque sin diagnóstico no existe tratamiento.

Y sin tratamiento no existe esperanza de curación.


Después del diagnóstico llegan las soluciones.

Pero el diagnóstico, por sí solo, tampoco basta.

Gobernar exige decidir.

¿Qué problemas deben resolverse primero?

¿Cuáles pueden esperar?

¿Qué reformas son urgentes?

¿Cuáles requerirán varios años?

¿Cuánto costarán?

¿Quién responderá de su ejecución?

Todo proyecto serio debería contener, al menos, cinco elementos.

Un objetivo.

Un procedimiento.

Un plazo.

Un presupuesto.

Y un responsable.

Tan sencillo como eso.

No conozco ningún plan empresarial, militar o sanitario que funcione de otra manera.

¿Por qué habría de ser distinto cuando se trata de gobernar una nación de casi cincuenta millones de habitantes?

Sin ese método, la política termina reducida a declaraciones, fotografías y campañas electorales permanentes.

Y España necesita bastante más que eso.

En los últimos años ha acumulado demasiados problemas como para conformarse con una oposición cuya principal estrategia parezca consistir en esperar el desgaste del Gobierno.

Porque los gobiernos pasan.

Los problemas permanecen.

Y algunos, cuando se dejan crecer demasiado, acaban convirtiéndose en irreparables.

¿Esperar a que caiga el Gobierno… o preparar el siguiente?

Existe una vieja máxima militar:

La batalla siguiente se prepara antes de terminar la anterior.

En política ocurre exactamente igual.

Una oposición responsable no puede limitarse a esperar que el Gobierno se desgaste por sus propios errores.

Debe aprovechar ese tiempo para preparar el relevo.

Eso significa estudiar.

Analizar.

Escuchar.

Comparar.

Aprender de los aciertos ajenos y de los propios errores.

Y, finalmente, presentar un proyecto sólido.

Sin embargo, la impresión que muchos españoles tienen es justamente la contraria.

Que la estrategia consiste en dejar que el Gobierno continúe equivocándose hasta que los ciudadanos, cansados, entreguen el poder a otros.

Puede ser una táctica electoral.

Pero difícilmente constituye una estrategia de gobierno.

Porque una nación no cambia simplemente sustituyendo a quienes ocupan los ministerios.

Cambia cuando cambian las políticas.

Y, sobre todo, cuando existe una idea clara del país que se desea construir.

Esa idea, sencillamente, no la conozco.

Y sospecho que muchos españoles tampoco.

La rendición de cuentas olvidada

Hay una expresión casi desaparecida de nuestra vida pública:

Rendir cuentas.

No comparecer.

No ofrecer ruedas de prensa.

No publicar mensajes en las redes sociales.

Rendir cuentas.

Explicar qué se prometió.

Qué se hizo.

Qué no pudo hacerse.

Por qué.

Y quién asume la responsabilidad.

Sorprende que PP y Vox exijan —con razón— explicaciones al Gobierno y, sin embargo, apenas hablen de cómo piensan someterse ellos mismos a ese mismo control si algún día llegan al poder.

¿Por qué no comprometerse desde ahora?

¿Por qué no anunciar que, si gobiernan, comparecerán cada seis meses para informar del grado de cumplimiento de su programa?

¿Por qué no publicar indicadores objetivos?

¿Por qué no aceptar auditorías independientes sobre la ejecución de las principales reformas?

¿Por qué no recuperar una vieja idea española, casi olvidada, según la cual quien administra poder debe responder de cómo lo ha ejercido?

Gobernar no debería ser un cheque en blanco durante cuatro años.

Debería ser un contrato permanente con los ciudadanos.


España necesita un proyecto, no una simple alternancia

Durante demasiado tiempo la política española ha funcionado como un péndulo.

Un partido sustituye al otro.

Y el otro sustituye al primero.

Cambian los ocupantes de los despachos.

Pero demasiadas veces permanecen intactas las estructuras, los procedimientos y los problemas.

Eso no es reformar.

Es administrar la inercia.

España no necesita únicamente un cambio de Gobierno.

Necesita un cambio de rumbo.

Necesita saber qué Administración quiere.

Qué sistema educativo desea.

Qué Justicia pretende recuperar.

Qué política demográfica impulsará.

Qué modelo territorial defenderá.

Qué papel aspira a desempeñar en el mundo.

Qué impuestos considera suficientes.

Qué gastos eliminará.

Qué organismos suprimirá.

Qué competencias devolverá al Estado o transferirá.

Y, sobre todo, necesita saber en qué plazo piensa hacerlo y cómo medirá el éxito o el fracaso de cada decisión.

Porque un proyecto nacional no se define por las críticas que dirige al Gobierno.

Se define por las soluciones que ofrece a la nación.

Y esas soluciones siguen esperando.


Epílogo

No basta con ganar las elecciones.

Gobernar nunca ha consistido únicamente en derrotar al adversario.

Consiste en estar preparado para el día siguiente.

Ese es el examen que, a mi juicio, todavía tienen pendiente PP y Vox.

No les pido discursos más duros.

Ni descalificaciones más ingeniosas.

Ni una oposición más ruidosa.

Les pido algo mucho más difícil.

Que expliquen a los españoles, con claridad y sin rodeos, qué España quieren construir durante los próximos diez o quince años.

Que presenten un diagnóstico completo.

Un proyecto nacional.

Un calendario.

Un presupuesto.

Un método de evaluación.

Y un compromiso solemne de rendición de cuentas.

Porque España atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.

Y cuando un país, a juicio de muchos ciudadanos, camina hacia el abismo, la oposición no puede limitarse a esperar que el Gobierno tropiece.

Debe demostrar que sabe conducir el país en otra dirección.

Eso, precisamente, es lo que muchos españoles seguimos esperando.

¿Dónde está el plan para reducir la deuda?

La deuda pública no es una cifra abstracta.

No es una discusión reservada a economistas.

Es el dinero que hoy se gasta y que tendrán que devolver nuestros hijos y nuestros nietos.

Cada euro que se pide prestado limita la libertad de quienes gobernarán mañana.

Por eso sorprende que apenas se escuchen propuestas concretas.

¿Qué volumen de deuda consideran aceptable PP y Vox?

¿En cuántos años piensan reducirla?

¿Mediante qué medidas?

¿Qué gastos consideran superfluos?

¿Qué organismos públicos desaparecerían?

¿Qué empresas públicas privatizarían?

¿Qué subvenciones eliminarían?

¿Qué duplicidades administrativas suprimirían?

¿Qué impuestos bajarían y cuáles mantendrían?

No basta con afirmar que hay que reducir el gasto.

Hay que explicar cómo.

Y, sobre todo, cuánto.

Porque gobernar consiste en elegir.

Y toda elección implica renuncias.


¿Dónde está el plan para reconstruir la Administración?

España no necesita únicamente gastar menos.

Necesita administrar mucho mejor.

Cada año se anuncian nuevas oficinas, nuevos observatorios, nuevos comisionados, nuevos altos cargos, nuevos asesores y nuevos organismos.

Pero casi nunca se oye hablar de cerrar los que ya no sirven para nada.

La Administración española ha ido creciendo como crece la hiedra sobre un edificio abandonado.

Siempre añade.

Casi nunca elimina.

¿Piensan PP y Vox realizar una auditoría completa de toda la Administración?

¿Publicarán un inventario de organismos prescindibles?

¿Suprimirán administraciones duplicadas?

¿Reducirán el gasto político?

¿Limitarán el número de asesores?

¿Recuperarán una Administración al servicio del ciudadano y no de los partidos?

Tampoco aquí conocemos las respuestas.


Los servicios públicos no se arreglan con propaganda.

Mientras la recaudación alcanza cifras históricas, muchos españoles perciben que los servicios que reciben no mejoran en la misma proporción.

Los problemas en la red ferroviaria se suceden.

Numerosas carreteras necesitan inversiones importantes.

Las listas de espera sanitarias continúan siendo motivo de preocupación para miles de familias.

Los incendios forestales vuelven cada verano.

Los cauces permanecen sin limpiar.

Y cuando llega una catástrofe, casi siempre se repite el mismo espectáculo.

Promesas.

Visitas oficiales.

Declaraciones solemnes.

Fotografías.

Después llega el olvido.

La oposición denuncia todo eso.

Y hace bien.

Pero denunciar no basta.

Los españoles necesitan saber qué harían ellos de forma distinta.

No dentro de veinte años.

El primer día.

El primer mes.

El primer año de gobierno.


Gobernar no es improvisar.

Existe una diferencia enorme entre hacer oposición y estar preparado para gobernar.

La oposición señala problemas.

El gobernante debe resolverlos.

La oposición denuncia.

El gobernante decide.

La oposición critica.

El gobernante responde por sus decisiones.

Por eso echo en falta algo tan sencillo como un Proyecto Nacional de Reconstrucción de España.

No un programa electoral.

Un proyecto.

Con un horizonte de diez o quince años.

Aprobado públicamente.

Explicado provincia por provincia.

Debatido con los ciudadanos.

Sometido periódicamente a evaluación.

Y corregido cuando la realidad demostrara que alguna medida no funciona.

Porque rectificar no es una debilidad.

Es una obligación de quien gobierna con inteligencia.


España merece algo más.

No escribo estas líneas para defender al Gobierno.

Todo lo contrario.

Precisamente porque considero que España atraviesa una situación extraordinariamente grave, espero mucho más de quienes pretenden sustituirlo.

Muchísimo más.

Espero preparación.

Método.

Rigor.

Capacidad de trabajo.

Y un proyecto que vaya mucho más allá del siguiente titular o de la próxima sesión de control parlamentario.

Porque la política no debería consistir en ocupar el poder.

Debería consistir en reconstruir el país.

Y esa reconstrucción empieza siempre por una pregunta muy sencilla:

¿Qué España queremos dejar dentro de quince años?

Hasta que esa pregunta reciba una respuesta clara, concreta y verificable, muchos ciudadanos seguiremos esperando no sólo una oposición al Gobierno, sino una verdadera alternativa de gobierno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *