¿DÓNDE ESTÁN VOX Y PP? CEUTA Y MELILLA: BASTA DE PEROGRULLADAS
Marruecos reivindica territorio español, presiona a España y Ceuta se convierte en un polvorín. La pregunta para quienes pretenden sustituir a Sánchez es elemental: ¿cuál es su plan para impedir que Rabat termine apropiándose de Ceuta y Melilla sin disparar un solo tiro?

Hay una frase atribuida habitualmente a Bruce Lee que resume mejor que cien tratados buena parte de la política española respecto de Marruecos:
Esperar que la vida te trate bien por ser buena persona es como esperar que un tigre no te ataque porque eres vegetariano.
Y hay una reflexión de Ayn Rand que sirve para explicar por qué resulta necesario escribir sobre algo aparentemente tan obvio: las cuestiones más difíciles de explicar son muchas veces las elementales, precisamente aquellas que la gente ha dejado de mirar, de recordar o de tener en cuenta.
Pues volvamos a lo elemental.
Marruecos reivindica Ceuta y Melilla.
Ceuta y Melilla son territorio español.
Por tanto, Marruecos pretende territorio español.
¿De verdad necesitamos complicarlo más?
A partir de ahí debería construirse toda la política española hacia Marruecos.
Sin zarandajas.
Sin amistad imaginaria.
Sin buenismo diplomático.
Sin esperar que la generosidad produzca gratitud.
Sin confiar la soberanía nacional a los buenos sentimientos de Mohamed VI.
Porque el tigre no se hace vegetariano porque nosotros lo seamos.
¿POR QUÉ ESTE ARTÍCULO SE DIRIGE A PP Y VOX?
Porque del Gobierno socialcomunista presidido por Pedro Sánchez, sostenido parlamentariamente por separatistas y EH Bildu, conocemos ya los hechos.
Y hechos son amores y no buenas razones.
Su política respecto de Marruecos ha acumulado concesiones, silencios, vacilaciones y decisiones cuyos resultados han favorecido objetivamente los intereses de Rabat.
No hace falta imaginar una reunión clandestina en la que alguien haya firmado la entrega de Ceuta y Melilla.
La complicidad política también puede medirse por sus consecuencias.
Si Marruecos pretende dos ciudades españolas y las decisiones u omisiones del Gobierno español contribuyen a debilitarlas, deteriorarlas, despoblarlas o hacerlas cada vez más difíciles de defender, el beneficiario es Marruecos.
Por eso la pregunta fundamental de este artículo no se dirige ya a Pedro Sánchez.
Se dirige a quienes dicen constituir la alternativa:
Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal.
Señores:
¿CUÁL ES SU PLAN?
LAS PEROGRULLADAS NO DEFIENDEN FRONTERAS
«Ceuta y Melilla son españolas».
Ya lo sabemos.
«Defenderemos la integridad territorial».
Faltaría más.
«Marruecos debe respetar nuestras fronteras».
Gracias, Pero Grullo.
«España debe actuar con firmeza».
Portentoso descubrimiento.
Pero seguimos sin conocer lo fundamental:
¿QUÉ VAN A HACER?
No queremos otra declaración.
Queremos un plan.
Con objetivos.
Con medios.
Con dinero.
Con plazos.
Con responsables.
Con medidas económicas.
Con medidas policiales.
Con medidas defensivas.
Con política exterior.
Con política demográfica.
Y, especialmente, con una doctrina de disuasión.
Porque defenderse cuando el adversario ya ha actuado es necesario.
Pero conseguir que decida no actuar es muchísimo mejor.
DISUASIÓN: LA PALABRA QUE NADIE PARECE QUERER PRONUNCIAR
Disuadir significa algo extraordinariamente sencillo:
Conseguir que Marruecos sepa que cualquier actuación contra los intereses fundamentales de España tendrá un coste superior al posible beneficio.
Eso es todo.
No significa declarar la guerra.
Significa intentar evitarla.
No significa bombardear Rabat.
Significa conseguir que Rabat haga cuentas.
No significa amenazar absurdamente.
Significa establecer consecuencias creíbles.
España necesita conseguir que, antes de emprender una nueva presión sobre Ceuta o Melilla, alguien en el Gobierno marroquí saque papel y lápiz y calcule:
«¿Qué ganamos?»
«¿Qué perdemos?»
Y que la segunda cantidad sea considerablemente mayor que la primera.
Eso es disuasión.
Lo demás es literatura diplomática.
¿QUÉ TIENE MARRUECOS QUE PERDER?
Ésta es probablemente la pregunta más importante de todo el artículo:
¿QUÉ TIENE HOY MARRUECOS QUE PERDER SI VUELVE A PRESIONAR A ESPAÑA?
¿Qué acuerdos?
¿Qué cooperación?
¿Qué ventajas comerciales?
¿Qué ayudas?
¿Qué respaldo diplomático?
¿Qué cooperación policial?
¿Qué cooperación militar?
¿Qué relaciones económicas?
¿Qué apoyo español dentro de la Unión Europea?
¿Qué pierde Rabat si mañana vuelve a hacer aquello que ya le ha resultado provechoso?
Porque si la respuesta práctica es «muy poco», hemos encontrado el problema.
Un Estado no modifica una conducta que le proporciona beneficios a bajo precio.
Es elemental.
Y, sin embargo, parece necesario explicarlo.
Otra vez Ayn Rand.
MARRUECOS NO ES «NUESTRO AMIGO»
Acabemos también con otra perogrullada disfrazada de diplomacia:
«Marruecos es un país amigo».
No.
Es un país vecino.
Es un interlocutor necesario.
Puede ser socio comercial.
Puede cooperar con España cuando coincidan nuestros intereses.
Pero mantiene reivindicaciones sobre territorio español.
Las palabras significan cosas.
Un Estado que quiere quedarse con una parte de mi territorio podrá ser vecino, interlocutor o socio circunstancial.
Amigo, difícilmente.
No hace falta molestar a Aristóteles para comprender el principio de no contradicción.
Marruecos afirma, de una u otra forma, que Ceuta y Melilla deberían ser marroquíes.
España afirma que son españolas.
Las dos afirmaciones no pueden ser verdaderas simultáneamente.
Por tanto, existe un conflicto de intereses fundamental.
España no debe buscar gratuitamente la enemistad con Marruecos.
Pero mucho menos debe inventarse una amistad que no existe.
Relaciones correctas, sí.
Cooperación mutuamente beneficiosa, sí.
Reciprocidad, siempre.
Ingenuidad, ninguna.
Y ENCIMA CONTRIBUIMOS A ARMAR AL TIGRE.
Aquí alcanzamos uno de los extremos más difíciles de explicar sin recurrir al sarcasmo.
España mantiene desde hace décadas ventas de armamento y material de defensa a Marruecos.
Al país que reivindica Ceuta y Melilla.
Al vecino cuya capacidad militar España debe necesariamente considerar en sus planes defensivos.
Y seguimos preguntándonos cómo conseguir que nos respete.
Volvamos a Bruce Lee.
España no sólo parece esperar que el tigre no ataque porque nosotros somos vegetarianos.
Además lo alimentamos y contribuimos a afilarle los colmillos.
¿Puede alguien explicar qué lógica estratégica hay detrás?
PP y VOX deberían contestar una pregunta concreta:
¿VAN A CONTINUAR VENDIENDO O FACILITANDO MATERIAL MILITAR A MARRUECOS?
Sí o no.
Y si la respuesta es sí, expliquen por qué contribuye eso a la seguridad española.
Porque la política exterior no puede consistir en esperar que una concesión genere gratitud.
Los Estados no funcionan así.
Marruecos interpreta una concesión como una concesión obtenida.
Y si el procedimiento utilizado para conseguirla funciona, posee un incentivo evidente:
repetirlo.
AQUELLO QUE SE PREMIA SE REPITE
El mecanismo resulta elemental:
Presión.
Crisis.
Miedo español a que la situación empeore.
Negociación.
Concesión.
Calma.
Nueva presión.
Nueva crisis.
Nueva concesión.
Y vuelta a empezar.
Si después de cada encontronazo Marruecos conserva intactas todas las ventajas de su relación con España, ¿qué enseñanza obtiene?
Que presionar sale barato.
Si después de utilizar la frontera como instrumento de presión todo vuelve finalmente a la normalidad, ¿qué aprende?
Que puede volver a hacerlo.
Si reivindicar Ceuta y Melilla no tiene consecuencias, ¿por qué habría de abandonar la reivindicación?
Aquello que funciona tiende a repetirse.
No hace falta una cátedra de relaciones internacionales para entenderlo.
PÓNGANLE PRECIO A LA HOSTILIDAD
Señores Feijóo y Abascal:
Concreten.
Si Marruecos vuelve a facilitar deliberadamente una entrada multitudinaria de inmigrantes en territorio español, ¿qué ocurrirá?
¿Se revisarán los acuerdos bilaterales?
¿Se suspenderán ayudas?
¿Se revisará la cooperación militar?
¿Se condicionarán determinadas ventajas económicas?
¿España exigirá consecuencias en la Unión Europea?
¿Se reforzarán inmediatamente las guarniciones de Ceuta y Melilla?
¿Aumentará la presencia naval en el Estrecho y el mar de Alborán?
¿Se reforzará la vigilancia aérea?
¿Se modernizarán las defensas?
¿Se incrementarán las capacidades de información e inteligencia?
¿Se realizarán ejercicios militares periódicos?
¿Se reforzará la protección de puertos, aeropuertos, centrales eléctricas, depósitos de agua y demás instalaciones esenciales?
¿Se garantizarán reservas estratégicas suficientes?
¿Se establecerá un mecanismo de respuesta automática?
Queremos saber qué ocurrirá durante las primeras 24 horas.
Durante las primeras 72 horas.
Durante la primera semana.
No queremos otro ministro llegando después para hacerse fotografías.
Queremos un protocolo preparado antes de la crisis.
CEUTA Y MELILLA DEBEN SER INEXPUGNABLES… Y HABITABLES
Y aquí aparece otra cuestión elemental que hemos olvidado.
Un territorio no se conserva únicamente mediante soldados.
Se conserva también consiguiendo que sus habitantes quieran seguir viviendo allí.
Ése puede ser el verdadero talón de Aquiles.
Marruecos no necesita necesariamente enviar carros de combate contra Ceuta y Melilla.
Existe un procedimiento infinitamente más barato:
Esperar a que los españoles se marchen.
Que una familia decida trasladarse a Málaga.
Que unos padres teman que su hija vuelva sola a casa.
Que los ciudadanos tengan miedo de ser asaltados.
Que resulte difícil acudir normalmente al trabajo.
Que comenzar el curso escolar se convierta en motivo de preocupación.
Que un comerciante cierre.
Que un médico solicite traslado.
Que un profesor se marche.
Que un funcionario cuente los días para regresar a la Península.
Que una empresa descarte instalarse.
Que los jóvenes estudien fuera y no vuelvan.
Que la calidad de vida se deteriore.
Y que, lentamente, familia tras familia, la población española vaya haciendo las maletas.
Entonces Marruecos podría conseguir sin disparar un tiro aquello que resultaría muchísimo más difícil conseguir mediante una guerra.
LA SEGURIDAD CIUDADANA ES SOBERANÍA
Por eso, poder caminar tranquilamente por la calle es soberanía.
Poder mandar a los hijos al colegio es soberanía.
Poder abrir un comercio es soberanía.
Tener buenos hospitales es soberanía.
Tener vivienda es soberanía.
Tener trabajo es soberanía.
Tener agua y electricidad garantizadas es soberanía.
Disponer de comunicaciones rápidas y baratas con la Península es soberanía.
Tener policías suficientes es soberanía.
Tener jueces y medios suficientes para hacer cumplir las leyes es soberanía.
Y disponer de Fuerzas Armadas capaces de proteger el territorio también es soberanía.
PP y VOX deben explicar qué harán para conseguir que vivir en Ceuta y Melilla merezca la pena.
No simplemente sobrevivir allí.
Vivir.
Y vivir bien.
HAGAMOS QUE LOS ESPAÑOLES QUIERAN IR, NO MARCHARSE.
España debería convertir las desventajas geográficas de Ceuta y Melilla en ventajas económicas.
Fiscalidad especialmente favorable.
Vivienda.
Incentivos empresariales.
Comunicaciones baratas con la Península.
Infraestructuras.
Hospitales.
Colegios.
Universidad y formación.
Empleo.
Seguridad.
Incentivos para médicos, profesores y otros profesionales.
Facilidades para funcionarios que decidan establecer allí su residencia permanentemente.
Inversión privada.
Presencia estable de las instituciones nacionales.
España debe conseguir que una familia peninsular pueda plantearse:
«¿Y por qué no nos vamos a vivir a Ceuta?»
o:
«¿Por qué no a Melilla?»
Eso sí sería una política demográfica de soberanía.
LA ANEXIÓN PERFECTA NO NECESITA UNA GUERRA.
Éste es el peligro verdadero.
Primero, deterioro.
Después, inseguridad.
Después, desánimo.
Después, emigración hacia la Península.
Después, menos empresas.
Después, menos profesionales.
Después, menos inversión.
Después, mayor dependencia.
Y finalmente aparecerá alguien pronunciando la frase que nunca debería llegar a pronunciarse:
«La realidad sobre el terreno es irreversible».
Entonces llegarán los «pragmáticos».
Después los «expertos».
Después quienes pedirán «realismo».
Más tarde alguien propondrá una administración conjunta.
Otro hablará de soberanía compartida.
Después vendrá la negociación.
Y finalmente algún estadista de guardarropía presentará la claudicación como un triunfo diplomático.
Así también se pierden territorios.
Sin disparos.
Sin muertos.
Sin declaración de guerra.
Simplemente dejando que las condiciones necesarias para conservarlos desaparezcan poco a poco.
LA PRÓXIMA MARCHA VERDE NO TIENE POR QUÉ SER VERDE.
Otro error elemental consiste en esperar que Marruecos repita exactamente el procedimiento de 1975.
¿Por qué iba a hacerlo?
La presión puede ejercerse mediante inmigración ilegal.
Mediante comercio.
Mediante aduanas.
Mediante pesca.
Mediante diplomacia.
Mediante economía.
Mediante propaganda.
Mediante desgaste social.
Mediante presión demográfica.
Mediante una combinación de todas ellas.
Un Estado serio no prepara únicamente la respuesta a la última crisis.
Prepara la respuesta a la siguiente.
Y procura, antes que nada, que la siguiente no llegue a producirse.
EUROPA: QUE NADIE EN RABAT CREA QUE ESPAÑA ESTÁ SOLA.
La disuasión necesita también aliados.
España debe trabajar para que cualquier Gobierno marroquí tenga perfectamente claro que amenazar Ceuta o Melilla significa enfrentarse a una respuesta española respaldada internacionalmente.
PP y VOX deben explicar qué harán para conseguirlo.
¿Qué garantías buscarán en la Unión Europea?
¿Qué compromisos exigirán?
¿Qué posición defenderán ante nuestros aliados?
¿Qué consecuencias europeas propondrán ante la utilización de la inmigración ilegal como instrumento de presión contra una frontera española?
¿Qué harán para eliminar cualquier esperanza de aislamiento español?
La ambigüedad puede resultar útil cuando desconcierta al posible adversario.
Cuando lo anima, resulta suicida.
SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL: MENOS BANDERAS Y MÁS PLANOS.
No necesitamos que vuelvan a explicarnos que Ceuta y Melilla son españolas.
Lo sabemos.
Queremos conocer:
¿Cuántos policías?
¿Cuántos guardias civiles?
¿Qué presencia militar?
¿Qué inversiones defensivas?
¿Qué infraestructuras?
¿Qué reservas estratégicas?
¿Qué autonomía energética?
¿Qué política de vivienda?
¿Qué incentivos fiscales?
¿Qué comunicaciones?
¿Qué ayudas a empresas?
¿Qué incentivos para médicos y profesores?
¿Qué política demográfica?
¿Qué acuerdos con Marruecos revisarán?
¿Qué cooperación militar mantendrán?
¿Qué ventas de armamento autorizarán?
¿Qué consecuencias tendrá una nueva presión marroquí?
¿Qué apoyo europeo buscarán?
¿Cuánto costará?
¿Cuándo comenzará?
¿Quién responderá de su cumplimiento?
Eso es un PLAN DE ESTADO.
Lo demás son perogrulladas.
¿QUÉ TIENE MARRUECOS QUE PERDER?
Volvamos finalmente a la pregunta esencial:
¿Qué tiene Marruecos que perder si actúa contra los intereses fundamentales de España?
Ésa es la pregunta que PP y VOX deben contestar antes de volver a pedirnos confianza.
Porque Marruecos sabe lo que quiere.
La cuestión es si España también.
Del Gobierno de Pedro Sánchez conocemos los hechos.
Ahora queremos conocer la alternativa.
No queremos declaraciones patrióticas.
No queremos fotografías.
No queremos visitas relámpago.
No queremos otros veinte discursos sobre la españolidad de Ceuta y Melilla.
Queremos un proyecto capaz de conseguir que dentro de cincuenta años ambas ciudades sigan siendo españolas, seguras, prósperas y habitadas por españoles que quieran permanecer allí.
Y queremos que cualquier gobernante marroquí sepa que intentar apropiárselas constituye un negocio ruinoso.
Que antes de una nueva provocación saque la calculadora.
Que sume.
Que reste.
Que contemple las consecuencias.
Y que finalmente diga:
«No merece la pena».
Eso es disuasión.
Eso es política exterior.
Eso es defender una nación.
Porque las cosas elementales siguen siendo elementales aunque hayamos dejado de verlas.
Marruecos reivindica territorio español.
España debe impedir que se lo apropie.
Y quien aspira a gobernar España tiene la obligación de explicarnos cómo.
Sin zarandajas.
Sin perogrulladas.
Sin esperar gratitud.
Sin pretender comprar respeto mediante concesiones.
Y sin alimentar al tigre mientras esperamos que, por alguna extraña iluminación, decida hacerse vegetariano.
Porque esperar que el tigre no nos ataque porque nosotros somos vegetarianos ya es bastante estúpido.
Alimentarlo, contribuir a afilarle los colmillos y después preguntarnos cómo defendernos de él pertenece directamente al género tonto.