PEDRO SÁNCHEZ Y SUS SECUACES: DE FACTO, EL PRINCIPAL LOBBY PROMARROQUÍ DE ESPAÑA

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Marruecos mueve las piezas, el Gobierno le allana el tablero, la oposición sale de rogativa… y España paga las velas.

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.

Bueno.

Pues finalmente la realidad ha vuelto a cometer una de esas incorrecciones políticas que tanto disgustan a quienes viven de administrar relatos.

Resulta que la entrada masiva en Ceuta de los días 30 y 31 de julio —lo que aquí llamaremos, políticamente, la invasión de Ceuta— no presenta precisamente el aspecto de una excursión espontánea de decenas de miles de personas que una mañana se levantaron, se miraron al espejo y pensaron simultáneamente:

—Hoy podríamos ir todos a España.

Qué cosas.

Una quedada multitudinaria.

Turismo de aventura.

Senderismo acuático.

Un gigantesco «¿quedamos en la frontera?» organizado, al parecer, por generación espontánea.

Durante semanas se nos pidió que contemplásemos el fenómeno con la ingenuidad de un niño de cinco años.

Marruecos, pobrecito, no debía de saber gran cosa.

Miles y miles de personas moviéndose por su territorio hacia exactamente el mismo lugar y sus autoridades completamente sorprendidas.

Quizá era la hora del bocadillo.

Quizá estaban mirando hacia otro lado.

Quizá todos los policías marroquíes habían coincidido aquella tarde en una boda.

Y naturalmente había otras explicaciones mucho más sofisticadas.

Rusia.

Israel.

La «internacional ultraderechista».

Los bulos.

Las redes sociales.

Mercurio retrógrado.

Cualquier cosa antes que sospechar del país situado exactamente al otro lado de la frontera.

Hasta que la Policía Nacional decidió estropear la fiesta.

¡CARAY! RESULTA QUE MARRUECOS ESTABA EN MARRUECOS

El informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras remitido a la Audiencia Nacional apunta a que gendarmes marroquíes y agentes de paisano participaron guiando el movimiento de personas durante la entrada masiva. El análisis describe además una dinámica organizada para desbordar el sistema fronterizo y neutralizar la capacidad española de respuesta.

¡Santo cielo!

¡Agentes marroquíes interviniendo en unos acontecimientos que partían de territorio marroquí!

La investigación avanza a velocidad vertiginosa.

Como sigamos así, cualquier día descubrimos que el agua del Estrecho es salada.

Pero inmediatamente se activó el gran mecanismo español de protección de las sensibilidades de Rabat:

la discusión semántica.

Porque el director general de la Policía ha sostenido que el informe no atribuye formalmente al Estado marroquí la planificación o ejecución del episodio. Mientras tanto, el propio documento describe agentes encubiertos alentando, facilitando movimientos, dando instrucciones y una permisividad de las fuerzas marroquíes incompatible con la idea de una simple estampida espontánea.

Perfecto.

Pasaremos ahora seis meses buscando el verbo.

¿Organizó?

¡Uy!

¿Guio?

Bueno.

¿Facilitó?

Depende.

¿Permitió?

No exageremos.

¿Dinamizó?

Eso suena magnífico.

Dentro de poco el Consejo de Seguridad Nacional necesitará una plaza permanente para un filólogo.

Es como encontrarse un elefante en el salón.

Tiene trompa.

Orejas inmensas.

Pesa cuatro toneladas.

Ha roto el sofá.

Se está comiendo las cortinas.

Pero alguien advierte prudentemente:

—No podemos asegurar todavía que sea un elefante.

—¿Y qué propones?

—«Presencia paquidérmica pendiente de ulterior valoración».

Mucho mejor.

Y el elefante, encantado.

PEDRO SÁNCHEZ YA HABÍA ABSUELTO AL SOSPECHOSO

Pero la verdadera comedia comienza cuando repasamos el calendario.

El 31 de agosto Pedro Sánchez defendía públicamente la cooperación marroquí, aseguraba que sin ella la crisis habría sido peor y afirmaba que no existía información de inteligencia que apuntara a participación de las autoridades de Marruecos. Al mismo tiempo señalaba la propagación de bulos procedentes de Rusia, Israel y una «internacional ultraderechista».

Dos días después aparece públicamente la controversia sobre el informe policial.

Extraordinario.

España ha perfeccionado el método de investigación.

Tradicionalmente:

se averiguan los hechos,

se examinan,

y después se llega a una conclusión.

Método sanchista:

primero se absuelve a Marruecos y después se averigua qué ocurrió.

Ahorramos muchísimo tiempo.

Sánchez ya sabía que Rabat cooperaba maravillosamente.

Después llegó su propia Policía con fotografías, análisis, agentes marroquíes de paisano y una operación organizada sobre el terreno.

La realidad últimamente está insoportable.

A este paso acabará siendo declarada de extrema derecha.

MARLASKA PREGUNTA A LA POLICÍA QUÉ SABE LA POLICÍA

Y entonces entra Fernando Grande-Marlaska.

El ministro del Interior escribió al director general de la Policía para saber desde cuándo disponía el cuerpo de aquella información y recordó que, de ser cierta, resultaba esencial para que el Gobierno pudiera tomar decisiones de política interior, exterior y defensa del Estado.

Saboreemos el momento.

El ministro responsable políticamente de la Policía pregunta al director de la Policía qué sabe la Policía acerca de un informe elaborado por la Policía.

Esto no lo mejora Ionesco.

Uno imagina:

—Director, ¿qué sabe la Policía?

—Lo que dice nuestro informe, ministro.

—¿Qué informe?

—El de la Policía.

—¿Quién lo escribió?

—La Policía.

—¿Quién lo envió?

—La Policía.

—¿Y quién conocía su contenido?

—La Policía.

—¿Y yo?

—Usted está preguntando.

Alta gestión pública.

Administración del siglo XXI.

Precisión suiza.

COMPLICIDAD

Y ahora llegamos a una palabra particularmente desagradable:

complicidad.

Sí.

Complicidad.

No estoy redactando un auto judicial.

No estoy imponiendo una pena.

No estoy afirmando que exista un delito penalmente acreditado.

Estoy haciendo algo mucho más sencillo:

análisis político.

Y políticamente existe la complicidad por acción.

Por omisión.

Por consentimiento.

Por aquiescencia.

Por miedo.

Por dependencia.

Y hasta por esa modalidad antiquísima consistente en mirar hacia otro lado porque mirar de frente obligaría a hacer algo.

Por eso las preguntas deben ser brutales.

¿Qué sabía el Gobierno antes del 30 de julio?

¿Qué alertas existían?

¿Quién las recibió?

¿Qué sabía Interior?

¿Qué sabía Defensa?

¿Qué sabía la Delegación del Gobierno?

¿Qué sabía Presidencia?

¿Qué sabía el Centro Nacional de Inteligencia?

¿Qué se comunicó a Rabat?

¿Qué respondió Rabat?

¿Qué medidas se propusieron?

¿Quién decidió que no eran necesarias otras?

¿Y por qué?

Quizá todo tenga una explicación tranquilizadora.

Quizá sean simplemente incompetentes.

También cabe.

LA HIPÓTESIS BENÉVOLA: A LO MEJOR SÓLO SON INÚTILES

Conviene conservar siempre la hipótesis más caritativa.

Tal vez nadie esté condicionado.

Tal vez no exista nada oscuro.

Tal vez Marruecos no posea ninguna palanca especial.

Tal vez nuestros gobernantes sean, simplemente, prodigiosamente incompetentes.

—Tranquilos, españoles, ningún país extranjero condiciona al Gobierno.

—¡Menos mal!

—Es que no saben qué demonios están haciendo.

Ah.

Entonces todos a dormir tranquilos.

Ésa es la ventaja del asunto.

Las explicaciones alternativas son igualmente reconfortantes:

o existe alguna clase de dependencia que no conocemos,

o la política española hacia Marruecos está siendo dirigida por personas capaces de perder al tres en raya jugando solas.

Elija usted.

EL PRINCIPAL LOBBY PROMARROQUÍ DE ESPAÑA

Naturalmente Pedro Sánchez y sus secuaces nunca han comparecido en la Moncloa diciendo:

—Buenos días. Somos el principal lobby de Mohamed VI en España.

¡Sólo faltaría!

Tampoco espero encontrar mañana una placa en la entrada:

DELEGACIÓN OFICIOSA DEL MAJZÉN
SE ATIENDEN PETICIONES Y CESIONES
DE 9 A 14 HORAS

No hace falta.

Las políticas no se juzgan solamente por lo que sus autores dicen.

Se juzgan por sus resultados.

Cuando Marruecos exige comprensión, España comprende.

Cuando Marruecos pide prudencia, España entra en clausura.

Cuando Rabat quiere un gesto, aparece el gesto.

Cuando España debería exigir reciprocidad, descubrimos que «reciprocidad» es una palabra antigua y probablemente poco inclusiva.

Rabat exige.

Madrid comprende.

Rabat aprieta.

Madrid dialoga.

Rabat obtiene.

Madrid explica que conceder era imprescindible para conservar unas excelentes relaciones.

Equilibradísimas.

Siempre que entendamos por equilibrio a uno encima del balancín y al otro debajo.

Por eso la tesis política de este artículo es deliberadamente incómoda:

PEDRO SÁNCHEZ Y SUS SECUACES SE COMPORTAN, DE FACTO, COMO EL PRINCIPAL LOBBY PROMARROQUÍ EXISTENTE EN ESPAÑA

No porque dispongamos de una orden firmada por Mohamed VI.

Sino porque la dirección reiterada de las decisiones españolas resulta extraordinariamente cómoda para los intereses marroquíes.

EL SÁHARA: USTED ME DA ALGO CONCRETO Y YO LE ENTREGO UNA «NUEVA ETAPA»

Ahí está el Sáhara Occidental.

En 2022 Pedro Sánchez modificó la posición española y calificó el plan marroquí de autonomía como la base «más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto.

Marruecos consiguió un objetivo diplomático formidable.

¿España qué recibió?

Una «nueva etapa».

Magnífico producto.

Respeto.

Cooperación.

Confianza.

Estabilidad.

Prosperidad compartida.

Palabras espléndidas.

Sólo faltaban los violines y dos cisnes cruzando lentamente el Estrecho.

Y cuatro años después tenemos Ceuta.

Fantástico negocio.

Para Marruecos.

PEGASUS: AQUELLA PEQUEÑA ANÉCDOTA DE 2,6 GIGABYTES

Y aquí dejamos de reír un momento.

En 2021 el teléfono de Pedro Sánchez fue infectado mediante Pegasus. El Gobierno informó posteriormente de que se extrajeron 2,6 gigabytes en una primera intrusión y 130 megabytes en otra. El teléfono de Margarita Robles también fue comprometido. El propio Ejecutivo calificó los hechos como intrusiones externas e ilícitas.

Poca cosa.

A cualquiera le ocurre.

Uno pierde el paraguas.

Otro olvida la cartera.

Y al presidente del Gobierno alguien le extrae 2,6 gigabytes de información de su teléfono.

Gajes del oficio.

¿Quién lo hizo?

No está públicamente establecido de manera concluyente.

¿Qué se llevaron exactamente?

No lo sabemos.

¿Conversaciones oficiales?

¿Conversaciones personales?

¿Fotografías?

¿Mensajes?

¿Contactos?

¿Confidencias?

¿Información acerca de ministros?

¿Altos cargos?

¿Dirigentes del PSOE?

¿Empresarios?

¿Familia?

No lo sabemos.

Y ahí empieza la pregunta interesante.

¿Y SI LO PEOR NO ES LO QUE MARRUECOS SABE, SINO LO QUE SÁNCHEZ TEME QUE PUEDA SABER?

Supongamos que alguien entra dos veces en tu teléfono.

Sabes que ha extraído una cantidad enorme de información.

Pero no sabes exactamente qué tiene.

No sabes qué copió.

No sabes qué conservó.

No sabes qué reconstruyó.

No sabes si accedió también a otros teléfonos.

No sabes con qué información adicional cruzó aquellos datos.

Entonces la pregunta deja de ser:

¿Qué saben de mí?

y pasa a ser:

¿QUÉ SABEN QUE YO NO SÉ QUE SABEN?

Eso puede ser muchísimo más inquietante.

Porque un secreto conocido puede evaluarse.

Uno desconocido es infinito.

Y ahí aparece una conjetura política perfectamente razonable:

¿podría el temor a información comprometida —real o imaginada— influir en la extraordinaria prudencia española hacia Marruecos?

No digo que ocurra.

Pregunto si puede ocurrir.

Y después observo los resultados.

LAS PRIMARIAS Y EL DINERO

Aquí aparece otro asunto incómodo.

La financiación de las primarias de Pedro Sánchez en 2017 ya generó controversia en su momento. El Tribunal de Cuentas sostuvo que las aportaciones debían someterse a la legislación de financiación de partidos y que los donantes tenían que quedar identificados. El equipo de Sánchez acabó trasladando la recaudación a las cuentas oficiales del PSOE.

Años después, Koldo García afirmó públicamente haber oído a Pedro Sánchez y a Paco Salazar hablar de una supuesta aportación de 100.000 euros de Sabiniano Gómez, suegro de Sánchez, para financiar aquellas primarias. El PSOE rechazó esas acusaciones y las atribuyó a la estrategia de defensa de Koldo.

¿Está probado judicialmente que aquel dinero se entregase?

No.

¿Constituye una afirmación pública suficientemente grave como para preguntar qué ocurrió realmente?

Naturalmente.

Y aparece inmediatamente una segunda pregunta.

LAS SAUNAS

Sabiniano Gómez estuvo vinculado durante décadas a negocios de saunas en Madrid. Existe, además, documentación policial de los años noventa publicada recientemente que describe ejercicio de prostitución en uno de esos establecimientos.

También existe un patrimonio inmobiliario familiar relevante: informaciones basadas en notas registrales han señalado viviendas pertenecientes a Sabiniano Gómez y propiedades ya recibidas anteriormente por Begoña Gómez dentro de las sucesiones familiares.

Entonces cabe hacer una pregunta.

Una pregunta.

No una sentencia.

¿PROCEDIÓ ALGUNA PARTE DEL DINERO QUE AYUDÓ AL ASCENSO POLÍTICO DE PEDRO SÁNCHEZ, DIRECTA O INDIRECTAMENTE, DEL PATRIMONIO GENERADO POR AQUELLOS NEGOCIOS?

La respuesta puede ser no.

Perfecto.

Entonces aclárese.

Reconstrúyanse las aportaciones.

Identifíquense los donantes.

Explíquense las cuentas.

Porque cuanto más simple sea la explicación, más fácil debería resultar ofrecerla.

Lo absurdo sería considerar sacrílega la pregunta.

EL PATRIMONIO TIENE UNA PECULIARIDAD: NO OLVIDA DE DÓNDE VIENE

El dinero posee una habilidad extraordinaria para transformarse.

Hoy es beneficio empresarial.

Mañana es una casa.

Después un alquiler.

Más tarde una inversión.

Finalmente una herencia.

El billete original desaparece.

El patrimonio queda.

Por eso también es legítimo preguntarse qué parte del patrimonio familiar actual tiene su remoto origen económico en aquellos negocios.

No porque los hijos sean responsables de los negocios de sus padres.

Ésa sería una estupidez.

La cuestión es otra.

Cuando una determinada actividad económica produce un patrimonio que termina transmitiéndose dentro de una familia, el origen económico histórico de ese patrimonio constituye un hecho perfectamente susceptible de análisis.

Especialmente cuando el presidente que forma parte de esa familia política construye posteriormente un discurso público ferozmente contrario a la prostitución.

La ironía se escribe sola.

AHORA IMAGINEMOS A UN SERVICIO DE INTELIGENCIA

Un servicio de inteligencia extranjero no busca exclusivamente documentos secretos del Ministerio de Defensa.

Busca vulnerabilidades.

Biografías.

Dinero.

Relaciones.

Familias.

Contradicciones.

Conversaciones.

Debilidades.

Vergüenzas.

Todo aquello que pueda dar poder sobre quien decide.

Entonces pregunto:

¿Qué conoce Marruecos de nuestros gobernantes?

¿Qué conoce de sus familias?

¿Qué conoce de ministros y altos cargos?

¿Qué conoce de empresarios cercanos al poder?

¿Qué información pudo obtener mediante espionaje electrónico?

¿Qué información obtuvo por otros medios?

¿Qué sabe de las primarias?

¿Qué sabe del patrimonio?

¿Qué sabe de las saunas?

¿Qué sabe de conversaciones privadas?

¿Qué sabe que nosotros desconocemos?

Y, sobre todo:

¿QUÉ TEMEN SÁNCHEZ Y LOS SUYOS QUE MARRUECOS PUEDA SABER?

Porque quizá Rabat no necesite chantajear a nadie.

Quizá baste con que en Madrid alguien tema que pueda hacerlo.

EL CHANTAJE PERFECTO SERÍA EL QUE NUNCA NECESITARA FORMULARSE

Ésa es la conjetura verdaderamente interesante.

No hace falta que Mohamed VI telefonee:

—Pedro, haz esto o publicaremos aquello.

Eso sería demasiado cinematográfico.

Puede existir un condicionamiento muchísimo más sutil.

El gobernante sabe que fue espiado.

No conoce todo lo robado.

Sabe que el otro Estado posee poderosas capacidades de inteligencia.

Sabe que ese Estado tiene intereses estratégicos frente a España.

Y entonces aparece una prudencia preventiva.

—Mejor no enfadarlos.

Ni amenaza.

Ni carta.

Ni chantaje explícito.

El miedo anticipa la orden.

La prudencia se convierte en autocensura.

La autocensura termina convertida en política exterior.

¿Es eso lo que ocurre?

No lo sabemos.

Pero contemplando Pegasus, el Sáhara, Ceuta y la extraordinaria deferencia hacia Rabat, preguntárselo no parece una extravagancia intelectual.

MARRUECOS, POR LO MENOS, HACE POLÍTICA

Algo hay que reconocerle al Majzén.

Sabe lo que quiere.

Tiene objetivos.

Tiene paciencia.

Tiene estrategia.

Conoce nuestras debilidades.

Sabe utilizar el control migratorio.

Sabe el valor político del Sáhara.

Sabe lo que quiere respecto de Ceuta y Melilla.

Sabe esperar.

Y sabe presionar.

En definitiva, Marruecos se comporta como un Estado que persigue intereses nacionales.

Una doctrina revolucionaria.

Quizá algún día llegue a Madrid.

Y ENTONCES APARECE LA OPOSICIÓN

Ante semejante situación uno espera la llegada de PP y Vox con carpetas.

Planes.

Presupuestos.

Medidas.

Una nueva política hacia Marruecos.

Un programa para Ceuta y Melilla.

Protocolos de defensa.

Y aparecen.

Pero andando.

Este 2 de septiembre se han celebrado movilizaciones en Ceuta, Madrid y otros puntos de España, mientras PP y Vox han respaldado ampliamente las protestas y Feijóo ha pedido elevar la respuesta diplomática frente a Marruecos.

Perfecto.

LA OPOSICIÓN SE VA DE ROGATIVA

Mientras Marruecos calcula, nosotros paseamos.

Con banderas.

Con pancartas.

Con cara seria.

A manera de rogativa patriótica, aunque todavía no sabemos exactamente a qué santo nos dirigimos.

Quizá a San Antonio.

Para encontrar la política exterior perdida.

Quizá a Santa Rita.

Porque aquello empieza a tener aspecto de imposible.

Quizá a San Judas Tadeo.

Patrón de las causas desesperadas.

O directamente al Altísimo:

—Señor, haz que Mohamed VI cambie de opinión.

Y caminamos.

Una vuelta.

Otra vuelta.

Bandera arriba.

Bandera abajo.

Discurso.

Aplauso.

Fotografía.

Y de regreso.

Uno imagina la conversación en Rabat:

—Majestad, España ha reaccionado.

—¿Han reforzado Ceuta?

—No.

—¿Han cambiado su doctrina fronteriza?

—No.

—¿Han impuesto consecuencias?

—No.

—¿Han presentado un plan militar?

—No.

—¿Han revisado sus relaciones con Marruecos?

—No.

—¿Entonces qué hacen?

—Caminan.

—¿Mucho?

—Bastante.

—Ah. Pues que lleven agua.

LA NUEVA DOCTRINA: DISUASIÓN MEDIANTE PODÓMETRO

No tengo nada contra caminar.

Es sanísimo.

Reduce el colesterol.

Fortalece las piernas.

Mejora la tensión.

Y caminar diez mil pasos diarios seguramente alarga la vida.

Lo que desconocía era su capacidad para preservar la integridad territorial.

Quizá PP y Vox hayan desarrollado en secreto una nueva doctrina estratégica:

DISUASIÓN MEDIANTE PODÓMETRO.

Diez mil pasos ante una crisis fronteriza.

Quince mil si Rabat protesta.

Marcha nórdica si aumenta la tensión.

Media maratón si menciona Melilla.

No quiero dar ideas.

Las tonterías en España poseen una desagradable tendencia a terminar convertidas en políticas públicas.

AL MENOS LAS ANTIGUAS ROGATIVAS TENÍAN SENTIDO

El campesino medieval sacaba al santo para pedir lluvia.

No podía hacer llover.

Perfectamente comprensible.

Feijóo y Abascal, en cambio, pueden hacer política.

Pueden proponer leyes.

Exigir investigaciones.

Solicitar comparecencias.

Comprometer públicamente una doctrina hacia Marruecos.

Explicar cuántos militares necesitan Ceuta y Melilla.

Qué política fronteriza aplicarían.

Qué tratados revisarían.

Qué coste tendría para Rabat repetir una operación semejante.

No necesitan un milagro.

Necesitan un programa.

Y, TERMINADA LA ROGATIVA, POR FIN ALGO POSITIVO: LA HOSTELERÍA

No seamos injustos.

La quedada patriótica no será completamente inútil.

Los hosteleros próximos a los lugares de concentración probablemente la agradecerán especialmente.

Bares llenos.

Terrazas ocupadas.

Cañas.

Tapas.

Cafés.

Bocadillos.

Croquetas.

Alguna cena después de la defensa de la patria.

No todo iba a salir mal.

Puede que la soberanía española avance exactamente cero centímetros, pero el bar situado junto a la plaza habrá hecho una jornada estupenda.

Algo es algo.

Incluso podríamos establecer un nuevo índice para evaluar nuestras victorias estratégicas:

cañas servidas por manifestante movilizado.

—¿Marruecos ha rectificado?

—No.

—¿Ceuta está mejor defendida?

—No.

—¿El Gobierno ha cambiado su política?

—Tampoco.

—¿Entonces qué hemos conseguido?

—En Casa Manolo han agotado las croquetas.

Victoria incontestable.

Senderismo urbano.

Rogativa patriótica.

Estímulo de la hostelería de proximidad.

Mientras Marruecos hace geopolítica, nosotros hacemos caja.

Bueno.

Nosotros no.

El hostelero.

¿Y DESPUÉS QUÉ?

Aquí acaba la broma.

Porque después de la cerveza continúa existiendo Ceuta.

Y Marruecos.

Y la frontera.

Entonces, señores Feijóo y Abascal:

¿Y MAÑANA QUÉ?

¿Otra concentración?

¿Una novena?

¿Sacamos al santo nueve días?

¿Damos siete vueltas alrededor del Congreso tocando trompetas por si se caen los muros?

¿O empezamos a ejercer de alternativa de Gobierno?

Porque si criticamos la ausencia de medidas, debemos proponerlas.

Yo propongo unas cuantas.

CEUTA ES UN PROBLEMA DE SEGURIDAD NACIONAL

Cuando una multitud es utilizada deliberadamente para desbordar una frontera, aquello deja de ser exclusivamente un problema migratorio.

Es un problema de seguridad.

Si además existe intervención organizada desde territorio extranjero, la dimensión política y estratégica resulta evidente.

Por tanto Ceuta debe ser tratada como aquello que es:

una parte del territorio nacional situada en un enclave especialmente vulnerable que necesita una defensa extraordinariamente sólida.

ESTADO DE SITIO SI SE CUMPLEN LOS SUPUESTOS LEGALES

La figura existe.

La Ley Orgánica 4/1981 permite al Gobierno proponer al Congreso el estado de sitio cuando exista una insurrección o acto de fuerza contra la soberanía, independencia, integridad territorial u orden constitucional que no pueda ser resuelto por otros medios. El Congreso fija su ámbito territorial, duración y condiciones; el Gobierno puede designar una autoridad militar para ejecutar las medidas correspondientes bajo su dirección.

Por tanto:

si los hechos alcanzan esa gravedad y no bastan los instrumentos ordinarios, aplíquese.

La Constitución y las leyes no están impresas para decorar bibliotecas.

UNA CEUTA FUERTEMENTE MILITARIZADA

Segundo.

Incremento muy sustancial de la guarnición.

Mi propuesta política de referencia:

alrededor de 10.000 militares bien equipados y sostenibles logísticamente.

Después los especialistas dirán si son 8.000, 10.000 o 12.000.

Lo importante es la doctrina:

que cualquier planificador situado al otro lado de la frontera abra un mapa de Ceuta y la primera conclusión sea:

POR AQUÍ NO

Infantería.

Ingenieros.

Inteligencia.

Drones.

Logística.

Defensa antiaérea.

Comunicaciones.

Sanidad militar.

Munición.

Reservas.

Apoyo naval.

Apoyo aéreo.

No para iniciar una guerra.

Precisamente para evitarla.

La disuasión consiste en que el adversario calcule que el coste de intentarlo supera cualquier beneficio imaginable.

FRONTERA QUE FUNCIONE COMO FRONTERA

Policía Nacional y Guardia Civil reforzadas.

Planes preparados.

Tecnología.

Inteligencia.

Vigilancia marítima.

Reservas móviles.

Mando claro.

Protocolos ensayados.

Que no volvamos a descubrir durante la siguiente crisis quién tenía que llamar a quién.

Una frontera existe para establecer una diferencia bastante elemental:

dentro y fuera.

Cuando esa diferencia deja de poder imponerse, deja de existir una frontera y aparece una recomendación cartográfica.

QUIEN NO TENGA DERECHO A PERMANECER, DE VUELTA

Y luego la cuestión que convertimos innecesariamente en metafísica.

Quien tenga derecho a protección internacional, que la reciba.

Quien sea menor, conforme a su régimen legal.

Quien tenga derecho a permanecer, que permanezca.

Y quien no lo tenga:

de vuelta.

La Ley de Extranjería prevé específicamente para Ceuta y Melilla el rechazo de quienes sean detectados en la línea fronteriza intentando superar los elementos de contención para entrar ilegalmente, siempre con respeto a las obligaciones españolas en derechos humanos y protección internacional.

Para quienes ya hayan entrado, aplíquese con rapidez el procedimiento legal que corresponda en cada supuesto.

Identificación rápida.

Tramitación rápida.

Resolución rápida.

Ejecución rápida.

Sin brutalidades.

Sin arbitrariedades.

Sin venganzas.

Simplemente:

Estado.

Y QUE MARRUECOS SEPA QUE REPETIRLO TIENE PRECIO

Ésta es la parte que España parece haberse empeñado en olvidar.

Una conducta que proporciona beneficios y no genera costes se repite.

Hasta una rata de laboratorio lo aprende.

Marruecos presiona.

España coopera.

Marruecos vuelve a presionar.

España coopera más.

Marruecos abre el grifo.

España agradece después que lo cierre.

Marruecos exige.

España concede.

Marruecos obtiene.

España anuncia que las relaciones atraviesan su mejor momento.

Eso no es disuasión.

Es adiestramiento.

Estamos enseñando a Marruecos qué botones debe pulsar.

La fórmula correcta es la contraria.

Nueva acción deliberadamente hostil:

consecuencia política.

Consecuencia diplomática.

Consecuencia económica.

Consecuencia estratégica.

Proporcionada.

Legal.

Pero segura.

Hasta que en Rabat la pregunta deje de ser:

—¿Qué obtendremos si presionamos a España?

y empiece a ser:

—¿Cuánto nos costará?

Ahí aparece el respeto.

Y VOLVEMOS AL PRINCIPIO

¿Por qué no se ha hecho?

¿Por qué tanta prudencia?

¿Por qué tanta deferencia?

¿Por qué tantas concesiones?

¿Por qué tanto terror a enfadar a Mohamed VI?

¿Por qué Sánchez se apresuró a desvincular a Marruecos antes de conocerse públicamente el contenido del informe policial?

¿Simple dependencia migratoria?

¿Incompetencia?

¿Cobardía?

¿Política conscientemente promarroquí?

¿Condicionamientos que desconocemos?

¿Miedo a información obtenida mediante espionaje?

¿Miedo, incluso, a no saber qué información pudo obtenerse?

Son conjeturas.

Sí.

Conjeturas.

Precisamente de eso trata este artículo.

De observar hechos y preguntar qué explicación permite encajarlos.

No estamos redactando una sentencia.

Estamos intentando pensar.

¿QUÉ SABE MARRUECOS?

Por eso quiero que esta pregunta quede flotando sobre todo lo anterior.

¿Qué sabe Marruecos de nuestros gobernantes?

¿Qué sabe de sus ministros?

¿Qué sabe de sus altos cargos?

¿Qué sabe de sus familias?

¿Qué sabe de sus negocios?

¿Qué sabe de las campañas internas del PSOE?

¿Qué sabe de aquellos teléfonos intervenidos?

¿Qué sabe de Pegasus?

¿Qué sabe de conversaciones privadas?

¿Qué sabe de asuntos patrimoniales?

¿Qué sabe de pequeñas y grandes vergüenzas?

Y, por encima de todas:

¿QUÉ TEMEN PEDRO SÁNCHEZ Y LOS SUYOS QUE MARRUECOS SEPA?

Quizá nada.

Quizá todo sean fantasmas.

Quizá el expediente invisible esté completamente vacío.

Fantástico.

Pero entonces expliquemos por qué la política española hacia Rabat produce con semejante regularidad resultados tan cómodos para Rabat.

Porque mientras esa explicación no resulte convincente, seguirá siendo perfectamente legítima esta conclusión política:

Pedro Sánchez y sus secuaces se comportan, de facto, como el principal lobby promarroquí de España.

MARRUECOS NO VA DE ROGATIVA

Marruecos no espera milagros.

Planifica.

No pasea.

Presiona.

No lleva pancartas.

Tiene objetivos.

No pide a San Judas Tadeo que España le entregue ventajas.

Trabaja para obtenerlas.

Mientras tanto, nosotros disponemos de un Gobierno extraordinariamente comprensivo con Rabat y una oposición que, cuando llega la crisis, descubre súbitamente las virtudes estratégicas del paseo.

Y después a tomar algo.

Por eso el cuadro completo resulta difícilmente superable:

Marruecos mueve las piezas.

El Gobierno le facilita el tablero.

La oposición saca al santo.

Los españoles hacemos la rogativa.

Los hosteleros sirven las cañas.

Y España paga las velas.

Ya puestos, quizá haya llegado la hora de cambiar de método.

Guardar el santo.

Pagar la consumición.

Recoger la bandera.

Y recordar una verdad casi obscenamente elemental:

CEUTA NO NECESITA MILAGROS.

NECESITA ESTADO.

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