¿QUÉ CARAJOS SABE MARRUECOS?
Pedro Sánchez, Pegasus, los secretos de Marlaska, los pagos de los que habla Taleb Alisalem y una pregunta cada vez más difícil de esquivar: ¿qué teme el Gobierno que Mohamed VI pueda revelar?

Hay algo en la relación entre Pedro Sánchez y Marruecos que no termina de cuadrar.
Se puede vestir de diplomacia.
De realismo político.
De cooperación imprescindible.
De estabilidad en el Magreb.
De control de la emigración.
De lucha contra el terrorismo.
De relaciones económicas.
De buena vecindad.
De lo que ustedes quieran.
Pero después de cinco años colocando acontecimientos uno junto a otro permanece una pregunta incómoda, casi obscena por su sencillez:
¿QUÉ CARAJOS SABE MARRUECOS?
¿Qué sabe de Pedro Sánchez?
¿Qué sabe de determinados dirigentes del PSOE?
¿Qué sabe de Fernando Grande-Marlaska?
¿Qué información consiguió quien penetró mediante Pegasus en los teléfonos del presidente del Gobierno, de la ministra de Defensa y del ministro del Interior?
¿Qué pretendía conseguir quien intentó hacer lo mismo con el teléfono de Luis Planas?
¿Qué sabe Marruecos de las relaciones económicas, empresariales y políticas mantenidas durante años por determinados socialistas españoles con personas próximas al poder marroquí?
¿Qué fundamento tienen las afirmaciones que hablan de pagos conocidos por Rabat?
¿Qué fundamento tienen las afirmaciones de José Manuel Villarejo acerca de información personal de Marlaska?
Y una pregunta todavía más importante:
¿QUÉ TEMEN PEDRO SÁNCHEZ Y ALGUNOS DE LOS SUYOS QUE MARRUECOS SEPA?
Porque una cosa es lo que Mohamed VI y sus servicios conozcan realmente.
Y otra, quizá políticamente más poderosa, lo que determinadas personas teman que conozcan.
EMPECEMOS POR PEGASUS
No por rumores.
No por conversaciones de barra de bar.
Por Pegasus.
El teléfono oficial del presidente del Gobierno español fue penetrado.
El de Margarita Robles también.
El de Fernando Grande-Marlaska también.
El de Luis Planas sufrió igualmente una infección, aunque la cantidad mínima de información extraída —menos de un kilobyte— llevó a considerar que aquel intento no tuvo éxito.
La Audiencia Nacional estableció que el teléfono de Sánchez sufrió cinco procesos de infección entre octubre de 2020 y diciembre de 2021.
Entre el 19 y el 21 de mayo de 2021 fueron extraídos al menos 2,57 gigabytes.
El 31 de mayo salieron otros 130 megabytes.
Robles sufrió cuatro infecciones.
Marlaska, dos.
Planas fue atacado el 25 de junio.
La Audiencia Nacional llegó a calificar los hechos como un ataque que había puesto «en jaque la propia seguridad del Estado».
Conviene detenerse aquí.
2,57 gigabytes del teléfono del presidente del Gobierno.
Y del teléfono de Marlaska llegaron a extraerse más de 6 gigabytes.
¿Qué demonios había allí?
No hablamos de cuatro fotografías.
Ni de tres mensajes de WhatsApp.
Ni de una conversación indiscreta.
Hablamos de cantidades enormes de información.
Mensajes.
Documentos.
Fotografías.
Archivos.
Contactos.
Correos electrónicos.
Conversaciones privadas.
Conversaciones políticas.
Información diplomática.
Asuntos de partido.
Secretos familiares.
Informes oficiales.
Quizá documentación reservada.
Quizá conversaciones sobre Marruecos.
Quizá conversaciones sobre Ceuta.
Quizá sobre el Sáhara.
Quizá sobre la Casa Real.
Quizá sobre empresarios.
Quizá sobre investigaciones policiales.
Quizá sobre personas que posteriormente han acabado investigadas.
No sabemos exactamente qué fue sustraído.
Y ahí comienza todo.
¿QUIÉN SE LLEVÓ AQUELLA INFORMACIÓN?
Cinco años después seguimos sin respuesta.
El juez José Luis Calama volvió a archivar provisionalmente el procedimiento en enero de 2026 porque la falta de cooperación israelí impedía atribuir la autoría de las infecciones a una persona concreta.
Eso significa exactamente lo que significa.
No sabemos quién lo hizo.
La causa no terminó con un culpable identificado.
Terminó, por segunda vez, con la imposibilidad de identificarlo.
Y esto produce una situación extraordinaria.
El presidente del Gobierno de España ha sufrido uno de los mayores robos de información de nuestra historia reciente.
El ministro del Interior también.
La ministra de Defensa también.
El ministro de Agricultura y Pesca fue igualmente objetivo.
Y España continúa sin conocer públicamente quién ordenó aquella operación.
Pues estupendo.
Preguntemos entonces:
¿quién tenía interés en los teléfonos de Sánchez, Robles, Marlaska y Planas?
MIREMOS EL CALENDARIO
Mayo de 2021.
España y Marruecos atraviesan una gravísima crisis diplomática.
Miles de personas cruzan desde Marruecos hacia Ceuta mientras las fuerzas marroquíes relajan espectacularmente el control fronterizo.
España moviliza al Ejército.
Pedro Sánchez se desplaza a Ceuta.
La relación con Rabat entra en una crisis de enorme profundidad.
¿Y cuándo se produce una de las grandes extracciones del teléfono de Sánchez?
Del 19 al 21 de mayo.
Precisamente entonces.
Posteriormente se producen nuevas infecciones.
Después llega Marlaska.
Robles.
Planas.
Todo en aquellos meses.
Y menos de un año después sucede algo extraordinario.
PEDRO SÁNCHEZ CAMBIA LA POSICIÓN ESPAÑOLA SOBRE EL SÁHARA
Marzo de 2022.
Pedro Sánchez comunica a Mohamed VI que España considera la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental la base «más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto.
Es uno de los cambios más importantes de la política exterior española en décadas.
Y se produce sin que jamás haya quedado satisfactoriamente explicada ante los españoles una pregunta elemental:
¿POR QUÉ?
¿Por qué aquel cambio?
¿Por qué en aquel momento?
¿Por qué mediante una carta a Mohamed VI?
¿Por qué después de la gravísima crisis de 2021?
¿Por qué después de las infecciones de Pegasus?
¿Por qué después de que fueran extraídos gigabytes enteros del teléfono presidencial?
Puede haber razones diplomáticas.
Puede haber razones económicas.
Puede haber razones estratégicas.
Puede existir el convencimiento de que enfrentarse a Marruecos sale demasiado caro.
Pero también cabe formular otra hipótesis:
¿SABÍA O SOSPECHABA SÁNCHEZ QUIÉN TENÍA LA INFORMACIÓN SUSTRAÍDA DE SU TELÉFONO?
Y otra:
¿SABÍA QUÉ INFORMACIÓN LE HABÍAN ROBADO?
Y otra:
¿TEMÍA QUE ESA INFORMACIÓN PUDIERA HACERSE PÚBLICA?
No hace falta imaginar a Mohamed VI telefoneando a La Moncloa con voz de malo de película.
El poder de la información funciona de manera mucho más refinada.
EL CHANTAJE MÁS EFICAZ ES EL QUE NO NECESITA FORMULARSE
Supongamos que alguien tiene información comprometedora sobre usted.
Usted lo sabe.
Él sabe que usted lo sabe.
¿Necesita llamarle todas las mañanas para amenazarlo?
No.
El poder ya existe.
Una pistola no necesita dispararse para intimidar.
Una bomba nuclear no necesita explotar para tener valor estratégico.
Un secreto tampoco necesita publicarse.
La mera posibilidad de que pueda publicarse ya modifica comportamientos.
Ésa es la razón por la cual la pregunta importante quizá no sea:
¿Está Marruecos chantajeando a Pedro Sánchez?
Tal vez sea otra:
¿TIENE MARRUECOS CAPACIDAD PARA CHANTAJEARLO?
Y otra todavía más sutil:
¿CREE SÁNCHEZ QUE MARRUECOS TIENE ESA CAPACIDAD?
Porque quien cree que el otro posee una información capaz de destruirlo puede comenzar a comportarse como un chantajeado sin necesidad de recibir una sola amenaza explícita.
Y EN ESTAS APARECEN DOS TESTIMONIOS
Las informaciones publicadas estos días recuperan dos líneas particularmente incómodas.
Una procede de Taleb Alisalem.
Otra de José Manuel Villarejo.
Son diferentes.
Pero ambas convergen sobre una misma cuestión:
la extraordinaria cantidad de información que Marruecos habría acumulado sobre determinados dirigentes españoles.
TALEB ALISALEM: DINERO, PSOE Y MARRUECOS
Taleb Alisalem lleva tiempo formulando una pregunta que merece ser escrita en letras grandes:
¿QUÉ LE DEBE EL PSOE A MARRUECOS?
No se limita a Pegasus.
Su planteamiento es más amplio.
Habla de relaciones políticas sostenidas durante años.
De dirigentes socialistas.
De intereses económicos.
De personas vinculadas al poder marroquí.
De movimientos empresariales.
De pagos.
De conexiones cuyo conocimiento por parte de Rabat proporcionaría al régimen marroquí una extraordinaria información sobre las interioridades del socialismo español.
Las informaciones aparecidas estos días recogen además su afirmación de que Marruecos conocería determinados pagos relacionados con el PSOE y personas de su entorno.
Pues ahí tenemos otra vía de análisis.
¿Qué pagos?
¿A quién?
¿Por qué concepto?
¿Quién los hizo?
¿Quién los recibió?
¿Qué documentación existe?
¿Qué información posee Marruecos?
¿Desde cuándo?
¿Quién dentro del régimen marroquí tiene acceso a ella?
No se resuelve el asunto riéndose de Alisalem.
Se responde a las preguntas.
Porque la política internacional está llena de servicios de inteligencia cuyo trabajo consiste precisamente en conocer las debilidades de las élites extranjeras.
Y Marruecos no es una asociación de amigos del bordado.
Dispone de poderosos servicios de información.
Y España constituye uno de sus principales objetivos estratégicos.
EL PSOE Y MARRUECOS: UNA HISTORIA QUE NO COMIENZA CON SÁNCHEZ
Además, sería ingenuo creer que todo empezó en 2018.
Las relaciones entre determinados dirigentes socialistas y Marruecos vienen de lejos.
Felipe González mantuvo importantes relaciones con el país vecino.
José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido con los años en una de las voces españolas más comprensivas con las posiciones marroquíes.
Exdirigentes del PSOE, empresarios, intermediarios y personajes relacionados con la política española han mantenido durante décadas vínculos de diversa naturaleza con el reino alauí.
Nada de eso constituye por sí mismo delito alguno.
Lo interesante es otra cosa:
¿qué sabe Marruecos de esas relaciones que los españoles desconocemos?
Porque los servicios de información no guardan recortes de periódico.
Guardan expedientes.
ÁBALOS, KOLDO Y CERDÁN: OTRA PIEZA EN EL TABLERO
Y entonces llegamos a José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán.
Tres nombres que durante años estuvieron situados en lugares decisivos del poder socialista.
Secretaría de Organización.
Ministerio de Transportes.
Confianza presidencial.
Negociaciones políticas.
Contactos empresariales.
Viajes.
Intermediarios.
Contratos.
Y también Marruecos aparece en el mapa de relaciones, desplazamientos e intereses investigados alrededor de aquel mundo.
La cuestión no es insinuar que todo viaje a Marruecos esconda una mordida.
La cuestión es mucho más sencilla:
SI MARRUECOS CONOCÍA DETERMINADAS OPERACIONES, NEGOCIOS, PAGOS O INTERMEDIACIONES DEL ENTORNO SOCIALISTA, ¿QUÉ CAPACIDAD POLÍTICA LE OTORGABA ESE CONOCIMIENTO?
Otra vez regresamos al mismo lugar.
Información.
Información.
Información.
El verdadero oro de los servicios secretos.
Y LLEGAMOS A MARLASKA
José Manuel Villarejo ha introducido otra cuestión mucho más personal.
Ha hablado de la información que Marruecos poseería sobre antiguas relaciones sentimentales de Fernando Grande-Marlaska.
O de sus «novios», utilizando la expresión que estos días ha llegado a los titulares.
Pero quien se quede en la palabra «novios» no ha entendido absolutamente nada.
La cuestión no es la homosexualidad de Marlaska.
Eso es público desde hace años.
Tampoco interesa especialmente con quién mantuvo relaciones.
Su vida sexual pertenece a Marlaska.
El verdadero problema sería otro:
¿POSEE UNA POTENCIA EXTRANJERA INFORMACIÓN PRIVADA, DESCONOCIDA Y UTILIZABLE SOBRE EL MINISTRO DEL INTERIOR DE ESPAÑA?
Eso es contrainteligencia.
Eso es seguridad nacional.
Y da exactamente igual si hablamos de un ministro homosexual, heterosexual, célibe o trapecista.
Si un Estado extranjero conoce secretos que una persona situada en la cúspide del aparato de seguridad español teme que aparezcan públicamente, tenemos un problema.
Uno enorme.
Villarejo ha llegado a sostener que Marruecos infiltraba personas en ambientes privados para obtener grabaciones comprometedoras de políticos socialistas. Esa afirmación circula públicamente desde sus intervenciones en entrevistas y programas.
Pues planteemos la cuestión importante:
¿Investigó alguna vez el CNI si Marruecos poseía material comprometedor sobre altos cargos españoles?
¿Existe un informe?
¿Se ha evaluado la vulnerabilidad de los ministros?
¿Se ha preguntado a Marlaska?
¿Se ha preguntado a otros dirigentes?
¿Se ha cruzado esa información con Pegasus?
Porque, por cierto, si alguien quería información sobre Marlaska, no necesitaba limitarse a seguirlo con una cámara.
Le extrajeron más de seis gigabytes de su teléfono.
SEIS GIGABYTES DEL TELÉFONO DEL MINISTRO DEL INTERIOR
Volvamos a ello porque parece que nos hemos acostumbrado a lo extraordinario.
Más de seis gigabytes.
Del ministro que controla:
la Policía Nacional;
la Guardia Civil;
las fronteras;
la lucha antiterrorista;
la lucha contra el crimen organizado;
buena parte de la información policial;
las relaciones de seguridad con Marruecos;
la gestión de Ceuta y Melilla desde Interior;
y numerosas materias extraordinariamente sensibles.
¿Quién querría aquella información?
La pregunta casi resulta infantil.
CUALQUIER SERVICIO SECRETO DEL MUNDO.
Pero hay algunos que tendrían un interés particularmente intenso.
Marruecos, por ejemplo.
SÁNCHEZ, ROBLES, MARLASKA Y PLANAS
Y aparece entonces una coincidencia que resulta difícil no observar.
Los cuatro nombres gubernamentales unidos a Pegasus fueron:
Pedro Sánchez.
Margarita Robles.
Fernando Grande-Marlaska.
Luis Planas.
Los teléfonos de los tres primeros resultaron efectivamente penetrados.
El ataque contra Planas parece haber fracasado.
Estamos en septiembre de 2026.
¿Quién sigue siendo presidente?
Pedro Sánchez.
¿Quién sigue siendo ministra de Defensa?
Margarita Robles.
¿Quién sigue siendo ministro del Interior?
Fernando Grande-Marlaska.
¿Quién sigue siendo ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación?
Luis Planas.
Los cuatro siguen ahí.
La composición actual del Gobierno continúa incluyendo precisamente a Robles, Marlaska y Planas en las mismas carteras, bajo la presidencia de Sánchez.
Mientras tanto han salido del Gobierno multitud de personas.
Vicepresidentes.
Ministros.
Ministras.
Portavoces.
Hombres y mujeres que parecían imprescindibles.
Pero estos tres ministros continúan.
Defensa.
Interior.
Agricultura y Pesca.
Cinco años después.
Junto al presidente.
Precisamente los cuatro nombres del expediente Pegasus.
¿Significa algo?
Tal vez.
Tal vez no.
Pero es un dato.
Y los datos se ponen encima de la mesa.
Y NO ERAN CUATRO TELÉFONOS CUALESQUIERA
Supongamos por un momento que el objetivo fuera obtener información estratégica relacionada con Marruecos.
¿Qué teléfonos serían especialmente interesantes?
Presidencia del Gobierno.
Naturalmente.
Defensa.
Naturalmente.
Interior.
Naturalmente.
¿Y Agricultura y Pesca?
También.
Porque Marruecos y España mantienen históricamente importantísimos intereses agrícolas, pesqueros, comerciales y fronterizos.
Por tanto, incluso la selección de objetivos resulta interesante.
Presidencia.
Defensa.
Interior.
Agricultura y Pesca.
No Cultura.
No Universidades.
No Consumo.
Precisamente aquellas áreas donde Marruecos tiene intereses nacionales de primer orden.
Y AHORA APARECE JABAROOT
Cuando Pegasus parecía enterrado bajo capas de silencio aparece en 2026 un nuevo personaje.
El grupo de piratas informáticos conocido como Jabaroot.
El grupo asegura haber penetrado en sistemas y archivos vinculados al aparato de seguridad marroquí.
Ha difundido documentación.
Ha amenazado con publicar más.
Los servicios marroquíes han respondido que existen documentos antiguos, manipulados o falsificados entre las filtraciones.
Pero Jabaroot lanzó una pregunta particularmente extraordinaria:
«¿A QUIÉN LE INTERESAN LOS DATOS DE PEGASUS RELACIONADOS CON PEDRO SÁNCHEZ?»
No preguntaron por una estrella de fútbol.
Ni por un empresario.
Ni por un cantante.
Pedro Sánchez.
Pegasus.
Precisamente ahora.
Precisamente en 2026.
Precisamente en mitad de otra monumental crisis con Marruecos.
El grupo también asegura disponer de mensajes de altos cargos marroquíes relacionados con la entrada masiva en Ceuta de julio de 2026.
Qué curiosa insistencia del destino.
Otra vez:
Marruecos.
Ceuta.
Pegasus.
Pedro Sánchez.
CEUTA 2021. CEUTA 2026
La historia parece avanzar en círculos.
En mayo de 2021:
Ceuta.
Marruecos.
Crisis.
Pegasus.
Sánchez.
Marlaska.
Robles.
En julio y agosto de 2026:
Ceuta.
Marruecos.
Decenas de miles de entradas.
Crisis política.
Informes policiales.
Discusiones sobre el comportamiento de las fuerzas marroquíes.
Jabaroot.
Pegasus.
Pedro Sánchez.
Y, para completar el paisaje, dos ministros marroquíes reivindican Ceuta y Melilla.
Uno llega a hablar de «liberar las ciudades ocupadas».
Otro reivindica los supuestos «derechos históricos» de Marruecos sobre ellas.
El Gobierno español convocó a la representación diplomática marroquí el 21 de agosto para trasladar su rechazo.
Después de todo aquello que se nos contó acerca de la maravillosa nueva relación iniciada tras el giro sobre el Sáhara, Marruecos continúa haciendo exactamente lo que ha hecho durante décadas:
reivindicar Ceuta y Melilla.
ENTONCES, ¿QUÉ COMPRAMOS CON EL SÁHARA?
Ésta es una de las preguntas que deberían hacerse incluso quienes consideran impecable la actuación de Sánchez.
España cambió su posición.
Marruecos consiguió un éxito diplomático formidable.
¿A cambio de qué?
¿Renunció Marruecos a Ceuta?
No.
¿Renunció a Melilla?
No.
¿Desapareció la utilización de la frontera como instrumento de presión?
No parece.
¿Terminó el problema migratorio?
Evidentemente no.
¿Desaparecieron las reivindicaciones territoriales?
Todo lo contrario.
En 2026 volvemos a escucharlas desde miembros del Gobierno marroquí.
Entonces:
¿QUÉ OBTUVO ESPAÑA?
Porque sabemos perfectamente qué obtuvo Marruecos.
LA EXTRAÑA ASIMETRÍA
Hay además algo especialmente llamativo en la relación.
España necesita a Marruecos.
Eso se repite constantemente.
Para controlar la emigración.
Para combatir el terrorismo.
Para vigilar las fronteras.
Para contener el narcotráfico.
Para cooperar en seguridad.
Magnífico.
Pero Marruecos también necesita a España.
Necesita a la Unión Europea.
Necesita comercio.
Necesita inversiones.
Necesita cooperación policial.
Necesita financiación.
Necesita turismo.
Necesita acceso a mercados.
Necesita relaciones privilegiadas con Europa.
Y, sin embargo, en el discurso español parece existir una dependencia de una sola dirección.
Como si España fuera un pequeño principado indefenso situado junto a una superpotencia.
¿Por qué?
¿Por qué tanto miedo a disgustar a Rabat?
¿Por qué esa permanente prudencia?
¿Por qué esa obsesión por definir a Marruecos como socio indispensable incluso inmediatamente después de las mayores crisis?
El propio ministro Albares volvió a calificar en agosto de 2026 de «indispensable» la cooperación marroquí.
La pregunta surge sola:
¿DEPENDENCIA O TEMOR?
¿Y SI HAY ALGO MÁS QUE PEGASUS?
Aquí es donde cobra sentido recuperar el material que ha reaparecido estos días.
Taleb Alisalem habla de dinero y relaciones socialistas.
Villarejo habla de secretos privados.
Pegasus nos habla de gigabytes sustraídos.
Jabaroot habla de archivos relacionados con Pedro Sánchez.
Las investigaciones sobre Ábalos, Koldo y Cerdán han mostrado hasta qué punto personas situadas en el corazón del PSOE mantuvieron relaciones empresariales, económicas e internacionales cuya dimensión todavía continúa investigándose.
Quizá sean compartimentos estancos.
Pero cabe la posibilidad contraria.
Quizá Marruecos haya acumulado durante décadas diferentes capas de información sobre la élite española.
Información política.
Información empresarial.
Información económica.
Información privada.
Información policial.
Información obtenida mediante relaciones sociales.
Información conseguida mediante servicios de inteligencia.
Información eventualmente obtenida mediante Pegasus.
Y ahí aparece una hipótesis mucho más interesante que el simple chantaje cinematográfico:
LA DEPENDENCIA POR ACUMULACIÓN DE VULNERABILIDADES.
No hace falta poseer «el secreto definitivo».
Puede bastar con poseer cien secretos pequeños.
¿QUÉ PODRÍA HABER EN LOS ARCHIVOS?
Hagamos el ejercicio.
No afirmemos.
Pensemos.
¿Qué información resultaría valiosa para Marruecos?
Conversaciones de Sánchez con sus ministros.
Conversaciones con dirigentes del PSOE.
Conversaciones acerca del Sáhara.
Opiniones privadas sobre Mohamed VI.
Información sobre Ceuta y Melilla.
Informes del CNI.
Conversaciones con responsables europeos.
Datos sobre operaciones policiales.
Investigaciones sobre narcotráfico.
Información sobre empresarios españoles.
Negociaciones reservadas.
Mensajes sobre nombramientos.
Información sobre procesos judiciales.
Conversaciones familiares.
Problemas económicos privados.
Relaciones sentimentales.
Información sexual.
Fotografías.
Audios.
Pagos.
Intermediaciones.
Negocios.
Acuerdos políticos que jamás llegaron al Parlamento.
No necesitamos saber cuál de esas posibilidades se produjo.
El simple hecho de que la extracción masiva existiera obliga a contemplarlas.
Y TODAVÍA HAY OTRA POSIBILIDAD MÁS INCÓMODA
¿Y si el teléfono de Pedro Sánchez contenía información que no comprometía solamente a Pedro Sánchez?
Éste es un punto fundamental.
Un presidente habla con todo el mundo.
Ministros.
Empresarios.
Periodistas.
Jefes de Estado.
Dirigentes de partido.
Familiares.
Altos funcionarios.
Responsables de seguridad.
Quizá magistrados o fiscales en contextos institucionales.
Militares.
Diplomáticos.
Dirigentes europeos.
De modo que entrar en el teléfono de un presidente no significa conseguir un expediente sobre una persona.
Significa abrir una ventana hacia toda una red de poder.
Aquellos 2,57 gigabytes podían contener secretos de decenas o centenares de personas.
Y los más de seis gigabytes de Marlaska podían contener otra red gigantesca.
¿Qué potencia extranjera no encontraría aquello valiosísimo?
¿Y QUÉ SABÍA SÁNCHEZ CUANDO ESCRIBIÓ A MOHAMED VI?
Regresemos al momento decisivo.
Marzo de 2022.
Sánchez cambia la posición española sobre el Sáhara.
Para entonces sabe que ha sido víctima de un ataque.
¿Conoce ya la magnitud completa?
¿Qué le han dicho los servicios españoles?
¿Qué sospecha?
¿Qué hipótesis manejan?
¿Se ha señalado internamente a Marruecos?
¿Se ha descartado?
¿Con qué grado de seguridad?
¿Existe documentación reservada al respecto?
¿Sabía Sánchez que se habían llevado gigabytes de su teléfono cuando tomó decisiones fundamentales sobre Marruecos?
Éstas sí serían buenas preguntas para una comisión parlamentaria.
Mucho más interesantes que escuchar otra comparecencia cuidadosamente escrita por asesores.
LA PREGUNTA DE LOS PAGOS
Y volvamos al dinero.
Porque si las afirmaciones difundidas estos días apuntan a que Marruecos conocería determinados pagos relacionados con el PSOE, existe una forma extraordinariamente sencilla de aproximarse a la cuestión:
SIGAN EL DINERO.
Quién pagó.
Cuánto.
Cuándo.
A quién.
Por qué concepto.
A través de qué sociedad.
Desde qué cuenta.
Con qué intermediario.
Qué relación tenía con Marruecos.
Qué dirigente político conocía la operación.
Qué documentación conserva Rabat.
Eso es periodismo de investigación.
Eso es trabajo policial.
Eso es trabajo parlamentario.
Lo demás son discursos.
LA PREGUNTA SOBRE MARLASKA
Y con Marlaska exactamente igual.
No necesitamos convertir su vida privada en un espectáculo.
Preguntemos sencillamente:
¿Posee Marruecos material privado sobre Fernando Grande-Marlaska?
¿Lo obtuvo antes o después de ser ministro?
¿Ha sido evaluado ese riesgo por los servicios españoles?
¿Está contenido parte de ese material en los gigabytes sustraídos mediante Pegasus?
¿Sabe Marlaska qué información fue robada?
¿Ha recibido alguna señal de que alguien la posee?
Y una pregunta verdaderamente perversa:
¿PUEDE UN MINISTRO SABER EXACTAMENTE QUÉ LE ROBARON?
Porque quizá la mayor fuerza del chantaje no proceda de saber que tienen una fotografía comprometedora.
Quizá proceda de no saber qué tienen.
La incertidumbre puede ser más poderosa que el conocimiento.
«¿QUÉ TIENEN DE MÍ?»
Imaginen vivir sabiendo que alguien ha copiado seis gigabytes de su teléfono.
No sabe exactamente qué.
No sabe qué conversaciones.
No sabe qué fotografías.
No sabe qué mensajes antiguos.
No sabe qué documentos.
No sabe qué copias se hicieron.
No sabe quién las conserva.
No sabe quién las ha visto.
No sabe cuándo podrían aparecer.
Ésa sí puede ser una posición psicológicamente incómoda.
Y políticamente peligrosísima.
Porque entonces cada crisis con el país al que uno sospecha vinculado con el robo incorpora una pregunta silenciosa:
¿Qué tienen de mí?
Y EL REY MOHAMED VI NO NECESITA DECIR NADA
Ésa es la ironía final.
Quizá Mohamed VI jamás haya amenazado personalmente a Pedro Sánchez.
Quizá no exista ningún mensaje.
Quizá no haya ninguna llamada.
Quizá no sea necesario.
La diplomacia entre Estados está llena de cosas que jamás se dicen expresamente.
Miradas.
Silencios.
Insinuaciones.
Información que se deja caer.
Expedientes cuya existencia se conoce.
Personas que saben demasiado.
La capacidad de presión no siempre necesita una orden.
¿QUÉ EXPLICA MEJOR LA CONDUCTA ESPAÑOLA?
Llegamos entonces a la cuestión central de este ensayo.
Tenemos varias hipótesis.
Primera: Pedro Sánchez considera sinceramente que Marruecos es tan indispensable para España que debemos hacer enormes concesiones para conservar su cooperación.
Segunda: existe una red de intereses políticos y económicos construida durante décadas entre sectores del socialismo español y el poder marroquí que condiciona la política española.
Tercera: Marruecos posee información reservada obtenida por vías políticas, económicas, policiales o de inteligencia que le proporciona capacidad de presión.
Cuarta: Pegasus forma parte de esa capacidad.
Quinta: existen secretos personales de responsables españoles susceptibles de ser explotados.
Sexta: varias de las hipótesis anteriores pueden ser simultáneamente ciertas.
Y tal vez una séptima:
Sánchez simplemente practica una pésima política exterior.
Todo es posible.
Lo interesante consiste en averiguar qué explicación permite comprender mejor la cadena completa de acontecimientos.
Y AQUÍ HAY DEMASIADAS PIEZAS
Pegasus.
2,57 gigabytes.
Más de seis gigabytes.
Sánchez.
Robles.
Marlaska.
Planas.
Ceuta 2021.
El Sáhara 2022.
Taleb Alisalem.
Los pagos que Marruecos supuestamente conocería.
Villarejo.
Los secretos privados atribuidos a Marlaska.
Ábalos.
Koldo.
Cerdán.
Jabaroot.
Ceuta 2026.
Ministros marroquíes reivindicando Ceuta y Melilla.
Los cuatro nombres de Pegasus todavía en la cúspide gubernamental.
Y una política española hacia Marruecos que continúa pareciendo extraordinariamente cautelosa incluso después de cada nueva crisis.
Puede que no exista un único dibujo.
Pero resulta difícil sostener que no merece la pena intentar montarlo.
LAS PREGUNTAS QUE IMPORTAN
¿Qué información fue realmente extraída del teléfono de Pedro Sánchez?
¿Qué información fue realmente extraída del teléfono de Marlaska?
¿Qué documentos de Robles quedaron comprometidos?
¿Qué pretendían encontrar en el teléfono de Planas?
¿Quién encargó el ataque?
¿Quién recibió los archivos?
¿Dónde se encuentran actualmente?
¿Tiene Marruecos copias?
¿Dispone el régimen marroquí de información económica sobre dirigentes del PSOE?
¿Qué pagos son aquellos de los que se habla?
¿Qué sabe Rabat sobre Ábalos, Koldo o Cerdán?
¿Qué información posee sobre relaciones privadas de responsables políticos españoles?
¿Existe documentación sobre Fernando Grande-Marlaska?
¿Qué contienen los archivos que Jabaroot asegura haber obtenido?
¿Qué relación tienen con Pegasus?
¿Por qué Jabaroot menciona expresamente a Pedro Sánchez?
¿Qué conocía Sánchez antes de cambiar la posición sobre el Sáhara?
¿Y por qué Sánchez, Robles, Marlaska y Planas siguen cinco años después ocupando la presidencia y exactamente las mismas tres carteras ministeriales?
No todas las preguntas tendrán una respuesta espectacular.
Quizá algunas tengan respuestas aburridísimas.
Pero necesitamos las respuestas.
¿QUÉ CARAJOS SABE MARRUECOS?
Volvamos al principio.
Quizá la pregunta no deba dirigirse a Mohamed VI.
Quizá debamos dirigirla a Pedro Sánchez.
Señor presidente: ¿qué sabe Marruecos de usted?
¿Qué información le fue robada?
¿Qué sabe usted que fue robado?
¿Qué sospecha que fue robado?
¿Quién cree que lo posee?
¿Ha condicionado ese conocimiento alguna decisión política?
¿Qué sabe Marruecos del PSOE?
¿Qué sabe de sus ministros?
¿Qué sabe de Marlaska?
¿Qué hay de los pagos de los que se está hablando?
¿Qué teme usted que aparezca si Jabaroot abre finalmente sus archivos?
Porque a estas alturas quizá la pregunta fundamental no sea ya qué secreto posee Marruecos.
Puede ser otra:
¿QUÉ SECRETO TEMEN QUE POSEA?
Y todavía una última:
¿QUÉ OCURRIRÍA EN ESPAÑA SI MAÑANA SE PUBLICARA TODO?
Quizá nada.
Quizá descubramos que durante años hemos construido una montaña de sospechas alrededor de una colección de documentos irrelevantes.
O quizá comprendamos de golpe algunas decisiones que hasta ahora parecían inexplicables.
El giro sobre el Sáhara.
La extraordinaria paciencia con Marruecos.
La insistencia en describir a Rabat como socio imprescindible.
La peculiar reacción ante determinadas crisis.
El temor permanente a deteriorar la relación.
La sorprendente supervivencia política de determinadas figuras.
Quizá no haya nada.
Quizá haya mucho.
Pero después de Pegasus, Ceuta, el Sáhara, Jabaroot, las afirmaciones de Taleb Alisalem, las de Villarejo y todo cuanto hemos conocido durante estos años, hay una pregunta que ningún español debería considerar extravagante:
¿QUÉ CARAJOS HAY DETRÁS DE TODO ESTO?
Y otra que da bastante más miedo: