COPLAS A LA MUERTE DE LA RAZÓN
Y AL TRIUNFO DE LOS MERCADERES DE LÁGRIMAS
Del entierro de Maricarmen Abascal al Retablo de las Maravillas del 29 de noviembre
Poema satírico en coplas de pie quebrado, a la manera de Jorge Manrique.
Por Carlos Aurelio Caldito Aunión

I. Del sueño de la razón
Mirad la razón vencida,
por mercaderes de llanto y fervor;
que una patria adormecida
confunde el pregón
y el canto con valor.
Lo que ayer pedía cuentas
hoy se ahoga entre lamentos de ocasión;
y en las plazas polvorientas
se trafica con tormentos sin razón.
II. De los fabricantes de lágrimas
De pantallas y pregones nos reparten los dolores por igual;
mas escogen las razones para alzar unos clamores sobre el mal.
Unos muertos dan portada,
otros quedan sin memoria ni oración;
según venga preparada para el uso
aquella historia de ocasión.
III. De la bondad que se vende
Quien del dato hace su guía
es tenido por villano sin piedad;
y el que vende fantasía
se presenta como hermano de verdad.
Y en el vasto noticiario,
donde el llanto tiene asiento principal,
se declara necesario
dar al pueblo sentimiento sin final.
IV. De los gobernantes perseguidos por la oposición
Los que empuñan el bastón
se proclaman perseguidos por poder;
y con gran indignación
van clamando, doloridos, sin ceder.
Al rival le dan la culpa
cuando el pueblo les reclama su deber;
y su llanto los disculpa
mientras crece aquella llama del poder.
V. De la huelga contra quienes no gobiernan
Montero, con voz de estrado,
pone al rival por destino del clamor;
y el Gobierno, disculpado,
sale indemne del camino del dolor.
Quienes la huelga convocaron
contra el precio desmedido del hogar,
no a un partido la entregaron,
ni a un dueño preferido por mandar.
VI. De las tiendas y las pancartas
Por la Puerta del Sol pasan lienzos,
voces, tiendas, manos y clamor;
y a las cámaras traspasan
los pesares ciudadanos y el dolor.
Mas si un mando allí se arrima
para hacer de aquella pena su pregón,
del dolor hace tarima
y del duelo nueva escena de elección.
VII. De Maricarmen Abascal
Maricarmen fue expulsada
de la casa que tenía por hogar;
y su vida, ya cansada,
se apagó cuando quería regresar.
Para ella no hubo escena que bastase
ni bandera ni orador;
mas hoy visten con su pena
los colores que cualquiera da al dolor.
VIII. De quienes lloran por los muertos y olvidan a los vivos
Cuando el pobre aún respiraba,
pocos fueron a su puerta con calor;
mas apenas expiraba,
viose la tribuna abierta al clamor.
¡Cuántos rostros compungidos!
¡Cuántas lágrimas fingidas en cartel!
¡Cuántos pechos doloridos
por desgracias convertidas en papel!
No hagáis feria de la muerte,
ni del duelo mercancía para el rey;
pues no cambia triste suerte
el que llora todo el día desde el buey.
IX. De las promesas que desaparecieron
¿Qué se hicieron las promesas,
los presupuestos dorados del ayer?
¿Qué se hicieron tantas mesas,
tantos comités nombrados para hacer?
¿Qué se hicieron los que un día
juraban techo y consuelo con fervor?
Hoy se alquila la agonía,
se remata hasta el pañuelo del dolor.
X. De los tributos y los administradores de desgracias
Mientras crecen los tributos,
otros cuentan los dineros del caudal;
y al que pide ver los frutos
le responden pregoneros que habla mal.
Hay quien vive de la pena,
quien del pobre hace sustento y escalón;
quien bendice la cadena con palabras
y lamento y emoción.
XI. De la patria convertida en teatro
Ya no importa lo que hacemos,
sino aquello que mostramos al común;
ya no cuenta lo que vemos,
sino aquello que lloramos en tribún.
¡Oh, qué nobles corazones!
¡Oh, qué públicos dolores de ocasión!
¡Cuántas tiernas confesiones!
¡Cuántos santos pecadores en función!
XII. Del Retablo de las Maravillas
Chanfalla vuelve al tablado,
Chirinos lleva el guion del engaño;
y el que diga que no ha hallado
la sublime aparición hará daño.
Y si pregunta la gente
por el precio del retablo y la cuenta,
sale un sabio muy prudente y,
llamándole diablo, la amedrenta.
XIII. De las elecciones del veintinueve
Ya noviembre nos convoca
a las urnas anunciadas a elegir;
y en la plaza cada boca
canta glorias ensayadas por venir.
Gentes de rostro piadoso
nos prometen nueva historia y virtud;
y el telón, maravilloso,
nos oculta la memoria y el ataúd.
XIV. De los asuntos que no conviene tratar
¿Quién responde por las deudas
, por las cuentas y dineros del común?
¿Quién nos libra de las ruedas
de los miles de consejeros sin tribún?
¿Quién hará que el juez no tema
ni al partido ni al ministro ni al poder?
¿Quién pondrá fin al sistema
que convierte cada registro en deber?
¿Quién hablará de enseñanza,
de hospitales, de fronteras y nación?
¿Quién devolverá esperanza
sin vendernos primaveras de ficción?
XV. De la soberanía que se presta y no se devuelve
Dicen que el pueblo es soberano
cuando acude a las elecciones a votar;
mas se olvida al ciudadano
tras contar las votaciones y mandar.
Ayer todos lo abrazaban,
hoy ninguno lo conoce ni lo ve;
los que tanto lo alababan
ya no escuchan cuando voce por su fe.
XVI. De la muerte, que a todos iguala
Vendrá la muerte callada,
sin pedirles los permisos del poder;
y hallará la mesa alzada
con promesas y compromisos sin hacer.
No valdrán los ministerios,
ni los cargos,
ni el tesoro,
ni el sillón;
ni discursos tan solemnes,
ni las lágrimas de oro del salón.
¿Qué será de los honores,
de las fotos y portadas,
del mandar?
¿Qué será de los señores
y sus pompas anunciadas al pasar?
XVII. Del juicio que llega después
Dejarán sus dignidades,
sus escoltas y moradas,
su esplendor;
mas quedarán las verdades
de sus obras consumadas sin favor.
Y aquel pueblo que pagaba,
que sufría y que callaba sin razón,
preguntará qué quedaba
de cuanto se le juraba en función.
XVIII. De la razón que no ha muerto todavía
Mas no muera la cordura
entre tanta tramoya y pregón;
ni se venda la amargura
como joya que se enjoya de emoción.
No es humano el que más llora,
ni es más noble el que más grita ante el mal;
es más digno quien mejora
lo que al prójimo le quita bienestar.
XIX. Del último consejo a los espectadores
Cuando llegue el veintinueve,
no habrá llanto que nos lleve la razón;
ni habrá lágrima que pruebe
que es verdad cuanto se mueve en ficción.
No confundáis el lamento
con la obra bien cumplida del deber;
ni toméis por fundamento
la emoción que, una vez ida, deja ayer.
XX. Del entierro de los embustes
Que no vendan por justicia
una pena publicada en cartel;
que la lágrima ficticia
no devuelve la morada ni la piel.
Que no llamen compasión
a la farsa preparada del poder;
ni conviertan la aflicción
de una anciana desahuciada en quehacer.
Pues quien manda y se lamenta,
quien protesta y quien gobierna a la vez,
debe al pueblo dar la cuenta de su acción,
que no es eterna, de una vez.
COPLA FINAL. Del pueblo que paga los entierros, las lágrimas y las elecciones
Acabada ya la escena,
cada cual tome su parte del botín;
que al de abajo queda pena
mientras otros hacen arte del festín.
Unos cobran por llorarnos,
otros cobran por salvarnos del dolor;
y al final, tras despojarnos,
aún pretenden gobernarnos por amor.
¡Oh, qué hermosa maravilla!
¡Oh, qué noble sentimiento nacional!
¡Cuánto santo en la cuadrilla!
¡Cuánto amor y cuánto cuento electoral!
Y si alguno, entre los vivos,
preguntare por la cuenta del festín,
dirán todos, compasivos:
«¡Qué dureza tan violenta!
¡Qué mal fin!».
Mas el pueblo, al fin cansado
de tanta virtud fingida y sermón,
puede dejar el tablado
y reclamar en su vida la razón.
Que no hay lágrima ni llanto,
ni promesa ni oración, ni perdón,
que consiga hacer de un santo
al que vive del dolor de la nación.
Carlos Aurelio Caldito Aunión 10 de octubre de 2026