EXTREMADURA: MÁS DE CUATRO DÉCADAS DE PODER, MILES DE MILLONES DE EUROS PROCEDENTES DE LA U. E. Y DEL GOBIERNO DE ESPAÑA… Y DEMASIADAS PREGUNTAS SIN RESPUESTA
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

La refinería de Tierra de Barros, Zapatero, Venezuela y el gran sueño artificial del “milagro extremeño”
Ahora que regresan constantemente a los medios las informaciones, sospechas y debates acerca de las relaciones de José Luis Rodríguez Zapatero con Venezuela, China, Guinea Ecuatorial y otros regímenes autoritarios o directamente dictatoriales, resulta inevitable que muchos extremeños vuelvan también la vista atrás y recuerden una época muy concreta.
Aquellos años en los que parecía que Extremadura iba a convertirse poco menos que en una potencia industrial emergente.
De pronto todo era gigantesco.
Todo era histórico.
Todo era estratégico.
Todo iba a cambiar para siempre el destino de la región.
Y el símbolo más espectacular de aquella fiebre desarrollista fue, probablemente, el macroproyecto de la Refinería Balboa en Tierra de Barros.
Una gigantesca instalación petrolera tierra adentro, alimentada mediante un oleoducto de más de doscientos kilómetros desde la costa onubense, atravesando Sierra Morena hasta Badajoz.
El petróleo llegaría en barco.
Se refinaría en Extremadura.
Miles de empleos.
Industrialización histórica.
Modernización definitiva.
El gran salto adelante.
Aquello se presentó casi como una misión providencial.
Y hoy, con la perspectiva del tiempo, resulta inevitable formular preguntas enormemente incómodas.
¿Qué había realmente detrás de aquel proyecto?
Porque cuanto más se recuerda aquella época, más extraña parece.
Coincidía exactamente con los años del estrechísimo acercamiento político y económico entre el zapaterismo y la Venezuela de Hugo Chávez.
Los años de las alianzas energéticas.
De los negocios petroleros.
De las relaciones privilegiadas con PDVSA.
De las amistades bolivarianas.
De las diplomacias opacas.
De las grandes operaciones internacionales, envueltas siempre en enormes cantidades de dinero y muchísima propaganda política.
Y entonces surge inevitablemente la duda:
¿Hasta qué punto aquel gigantesco proyecto extremeño formaba parte de intereses económicos, energéticos o políticos mucho mayores de lo que jamás se explicó públicamente?
Naturalmente, afirmar relaciones concretas exigiría pruebas documentales específicas.
Pero el contexto histórico sigue resultando enormemente llamativo.
Porque la refinería no apareció aislada.
Formaba parte de toda una época marcada por sueños gigantescos y anuncios desmesurados.
De repente Extremadura parecía destinada a convertirse en un centro neurálgico del suroeste europeo.
Y comenzaron a aparecer simultáneamente:
- la refinería;
- el oleoducto;
- la escuela de pilotos de la OTAN;
- el AVE Madrid-Lisboa;
- el puerto seco;
- plataformas logísticas;
- parques tecnológicos;
- centros de innovación;
- instalaciones deportivas faraónicas;
- pabellones gigantescos;
- palacios de congresos;
- y una interminable sucesión de proyectos supuestamente históricos.
Incluso llegó a plantearse que el Club Deportivo Badajoz acabaría consolidándose en Primera División mientras el baloncesto regional soñaba con instalaciones que ya quisieran muchas franquicias de la NBA, algunas de las cuales llegaron a construirse…
Todo parecía posible.
Todo iba a despegar.
Todo estaba a punto de comenzar.
Pero al final ocurrió algo muy distinto.
La refinería jamás llegó.
El AVE sigue siendo una caricatura ferroviaria.
Muchos proyectos quedaron reducidos a propaganda, ruinas, edificios semivacíos o estructuras infrautilizadas.
Y Extremadura continúa encabezando, todavía hoy, muchos de los peores indicadores económicos y demográficos de España, los «rankings» de lo que nadie desea.
Entonces, de forma inevitable aparece la gran pregunta.
¿Qué ocurrió realmente con tantísimo dinero?
Porque durante más de cuarenta años llegaron a Extremadura cantidades gigantescas de recursos públicos:
- fondos europeos;
- PER;
- PAC;
- FEDER;
- ayudas agrarias;
- subvenciones empresariales;
- planes de empleo;
- cursos de formación;
- programas rurales;
- dinero para infraestructuras;
- fondos sociales;
- y transferencias masivas procedentes tanto de Bruselas como del Estado.
Y, sin embargo, la región sigue siendo la única comunidad autónoma española que continúa apareciendo frecuentemente clasificada por la propia Unión Europea entre las regiones pobres o menos desarrolladas.
Extremadura sigue encabezando rankings devastadores:
- paro;
- desempleo juvenil;
- salarios bajos;
- renta reducida;
- envejecimiento;
- baja natalidad;
- emigración juvenil;
- dependencia del empleo público;
- escasa industrialización;
- pérdida de población;
- debilidad empresarial.
Y todo ello después de décadas enteras recibiendo cantidades colosales de dinero.
La gran anomalía extremeña
Pero quizá existe otro aspecto todavía más llamativo.
Porque mientras en Andalucía terminaron explotando los ERE y los cursos de formación; en Cataluña aparecieron las comisiones del “3 %”; en Valencia estallaron Gürtel, Terra Mítica y los grandes sobrecostes; y en otras regiones surgieron innumerables escándalos relacionados con corrupción, adjudicaciones y saqueo institucional…
En Extremadura apenas se destaparon grandes casos equivalentes.
Más allá de episodios concretos como FEVAL y algunas irregularidades dispersas, jamás apareció una gran causa general comparable a las de otras regiones españolas.
Y eso resulta extraordinariamente extraño.
Porque Extremadura también reunía durante décadas todos los ingredientes clásicos:
- poder político muy concentrado;
- enormes cantidades de dinero público;
- dependencia económica;
- red clientelar;
- subvenciones masivas;
- obras públicas constantes;
- organismos opacos;
- fundaciones;
- consorcios;
- empresas participadas;
- adjudicaciones;
- y hegemonía institucional prácticamente absoluta.
Entonces la pregunta queda inevitablemente suspendida en el aire:
¿Fueron realmente más honrados los gobernantes extremeños… o simplemente más prudentes, más discretos y más cuidadosos?
Porque quizá la corrupción más eficaz no sea la que termina explotando en titulares espectaculares.
Quizá la más eficaz sea precisamente la que se disuelve lentamente en:
- favores;
- subvenciones;
- colocaciones;
- adjudicaciones discretas;
- redes familiares;
- empresas amigas;
- contratos repartidos;
- asociaciones subvencionadas;
- universidades populares;
- fundaciones;
- consorcios;
- escuelas ideológicas;
- organismos redundantes;
- y una inmensa burocracia sostenida con dinero público.
Todo ello dentro de una región relativamente pequeña (aunque sus dos provincias sean las más extensas de España) donde casi todo el mundo termina conociéndose y donde una parte enorme de la población depende directa o indirectamente de decisiones políticas.
El gran silencio
Y quizá ahí resida una de las claves fundamentales.
Porque en Extremadura parece que nunca ha existido verdadera voluntad de auditar el conjunto del sistema.
Jamás se realizó una gran auditoría independiente y exhaustiva sobre:
- el destino de los fondos europeos;
- las subvenciones;
- las obras públicas;
- los sobrecostes;
- los contratos;
- los consorcios;
- las fundaciones;
- las universidades populares;
- las oenegés subvencionadas;
- las escuelas de formación;
- las empresas públicas;
- la Universidad de Extremadura;
- las campañas institucionales;
- o las gigantescas redes de gasto político-administrativo construidas durante décadas.
Jamás.
Y eso, quizá, resulta todavía más revelador que cualquier escándalo concreto.
Porque quien no teme el examen suele aceptar la auditoría.
Sin embargo, en Extremadura, durante más de cuarenta años, casi nadie quiso revisar seriamente el conjunto del sistema.
Y mientras tanto, la región continuó perdiendo jóvenes, envejeciendo y dependiendo masivamente del dinero público.
Por eso, cuando uno echa hoy la vista atrás, termina sintiendo que quizá el mayor misterio extremeño no sea únicamente qué se hizo con tantísimo dinero.
Tal vez el verdadero misterio sea por qué casi nadie quiso jamás investigar seriamente dónde terminó realmente.