Niños que fracasan, hombres que se suicidan, mueren trabajando, duermen en la calle o llenan las cárceles… y una sociedad que mira hacia otro lado.

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.

A propósito de las reflexiones de David Maywald sobre la masculinidad, los hombres y los niños

Hay libros que proporcionan respuestas y otros que tienen una virtud acaso mayor: obligan a formular preguntas que llevamos demasiado tiempo evitando.

Los dos libros del australiano David Maywald —La implacable guerra contra la masculinidad: ¿Terminará alguna vez? y 100 de los mejores libros para hombres: un homenaje a los autores, mayores y líderes de opinión— pertenecen fundamentalmente a la segunda categoría.

Maywald habla desde una realidad anglosajona. Australia no es España y sería bastante necio trasladar mecánicamente sus cifras, circunstancias o conclusiones.

Pero las preguntas sí pueden cruzar fronteras.

Y cuando las hacemos en España sucede algo curioso.

Empiezan a aparecer números.

Muchos números.

Y todos apuntan hacia asuntos que rara vez ocupan portadas, campañas institucionales, observatorios, ministerios, jornadas, programas educativos o grandes debates nacionales.

Muchachos que abandonan los estudios mucho más que las muchachas.

Universidades crecientemente femeninas.

Una enseñanza primaria abrumadoramente feminizada.

Hombres que se suicidan en una proporción cercana a tres de cada cuatro.

Hombres que constituyen más de tres cuartas partes de las personas sin hogar.

Hombres que representan más de nueve de cada diez presos.

Hombres que suponen más de nueve de cada diez trabajadores muertos durante su jornada laboral.

Hombres que viven, de promedio, cinco años menos que las mujeres.

Y entonces surge inevitablemente la pregunta:

¿Por qué cuando una desigualdad perjudica a las mujeres hablamos de perspectiva de género y cuando perjudica abrumadoramente a los hombres casi siempre hablamos simplemente de personas?

Éste es el asunto.

No demostrar una conspiración.

No declarar inocente a todo varón por el hecho de serlo.

No negar los problemas que padecen las mujeres.

No quitar un solo derecho a nadie.

Sencillamente:

Mirar también hacia el otro lado.

Porque durante años hemos contemplado media fotografía.

Y media fotografía puede terminar produciendo una visión completamente deformada de la realidad.


1. LA IGUALDAD NO PUEDE FUNCIONAR EN UNA SOLA DIRECCIÓN

Empecemos por una regla elemental.

Si descubrimos que las niñas obtienen resultados educativos mucho peores que los niños, debemos preguntarnos qué está sucediendo.

Si las mujeres mueren mucho más que los hombres por determinada causa evitable, debemos investigarlo.

Si están infrarrepresentadas en un sector profesional, podemos preguntarnos por qué.

Perfectamente.

Pero entonces debemos aceptar exactamente las mismas preguntas cuando cambia el sexo del perjudicado.

No puede existir una igualdad cuyo mecanismo funcione así:

desventaja femenina = problema social.

desventaja masculina = problema del hombre.

Porque entonces no hablamos de igualdad.

Hablamos de otra cosa.


2. EMPECEMOS POR LOS NIÑOS: ALGO ESTÁ OCURRIENDO EN LAS AULAS ESPAÑOLAS

La crisis masculina no empieza cuando el hombre cumple cuarenta años, se divorcia, pierde su empleo o cae en una depresión.

Empieza mucho antes.

Empieza con el niño.

En España, la tasa de abandono educativo temprano correspondiente a 2024 fue del 15,8 % entre los varones y del 10 % entre las mujeres.

Cinco coma ocho puntos de diferencia.

Dicho de otra manera: el abandono masculino supera en más de la mitad al femenino.

¿Dónde está la alarma nacional?

¿Dónde están las campañas específicas?

¿Dónde está la pregunta elemental?:

¿Qué les está pasando a los muchachos?

Porque el dato no aparece aislado.

En Enseñanza Primaria, los niños también repiten más que las niñas. En el curso 2023-2024 la tasa general de repetición fue del 1,5 % entre los niños frente al 1,2 % entre las niñas, y la diferencia se mantiene en los distintos cursos.

Cuando llegamos a la Enseñanza Secundaria vuelve a aparecer la misma fotografía: en todas las regiones españolas, el porcentaje medio de promoción de las muchachas supera al de los muchachos.

No hace falta construir una teoría conspirativa.

Basta mirar.

Los muchachos españoles presentan peores resultados en numerosos indicadores educativos.

Y ése debería constituir un problema nacional.


3. LA UNIVERSIDAD YA TIENE UNA BRECHA DE SEXO… PERO EN SENTIDO CONTRARIO

Después llegamos a la Universidad.

Curso 2024-2025.

España contaba con 1.827.272 estudiantes universitarios matriculados en grado, máster y doctorado.

Las mujeres representaban el 56,8 %.

Si nos limitamos a los estudios de grado, alcanzaban el 57,1 %.

Los hombres constituían, por tanto, únicamente el 42,9 %.

No estamos hablando de un pequeño desequilibrio estadístico.

Por cada cien estudiantes de grado hay aproximadamente:

57 mujeres y 43 hombres.

Y la tendencia lleva años moviéndose en la misma dirección.

¿Qué haríamos si los porcentajes fueran exactamente los contrarios?

Imaginemos:

57 hombres.

43 mujeres.

¿Alguien duda de que hablaríamos inmediatamente de «brecha universitaria de género»?

Probablemente habría congresos.

Planes.

Presupuestos.

Programas.

Observatorios.

Campañas.

Becas.

Titulares.

Y sería perfectamente legítimo preguntarse qué sucede.

Entonces, ¿por qué parece mucho menos urgente preguntarse qué ocurre cuando quienes desaparecen progresivamente de determinadas aulas universitarias son los hombres?


4. NO SE TRATA DE SACAR A UNA SOLA MUJER DE LA UNIVERSIDAD

Conviene dejarlo claro porque el mecanismo de caricaturización funciona a velocidad prodigiosa.

Que haya más mujeres universitarias no constituye ningún problema porque las mujeres estudien demasiado.

El problema es averiguar por qué proporcionalmente hay bastantes menos hombres.

No hay que bajar a las mujeres.

Hay que levantar a quienes quedan atrás.

Ésa debería ser precisamente la esencia de una política igualitaria.

Cuando alguien mejora, estupendo.

Cuando otro empieza a rezagarse, se le ayuda.

Sin convertir la educación en una competición absurda entre sexos.


5. UNA ESCUELA LLENA DE MUJERES EDUCA A UNA GENERACIÓN DE NIÑOS

Existe otra realidad de la que apenas se habla.

La enseñanza española está extraordinariamente feminizada.

Según los últimos resultados de TALIS, aproximadamente el 76 % del profesorado español de Primaria son mujeres. En Secundaria la proporción femenina es menor, pero continúa siendo mayoritaria: alrededor del 62 %.

No sostengo que una mujer eduque peor a un niño.

Sería una majadería.

Mi pregunta es otra.

¿Es indiferente que un niño pueda pasar buena parte de sus primeros años escolares prácticamente sin referentes masculinos entre sus maestros?

Y añadamos otra circunstancia.

Si ese niño vive además en un hogar sin padre presente de manera habitual, ¿cuántos varones adultos significativos pueden existir realmente en su vida cotidiana?

Quizá ninguno.

Y después nos asombramos cuando un adolescente busca modelos masculinos en TikTok, YouTube, una pandilla, un personaje grotesco de Internet o el primer charlatán que le promete fuerza, identidad, mujeres, dinero y respeto.

El problema no consiste exclusivamente en que algunos muchachos elijan malos modelos.

Tal vez deberíamos preguntarnos:

¿qué modelos buenos les hemos proporcionado nosotros?


6. ¿Y SI LA ESCUELA TAMBIÉN TUVIERA QUE ADAPTARSE A LOS NIÑOS?

Durante años hemos enseñado —correctamente— que una institución no debe limitarse a culpar al individuo de todos sus fracasos.

Pues apliquemos el principio.

Un sistema educativo que muestra diferencias persistentes entre niños y niñas debe preguntarse si algunas de sus estructuras, métodos, incentivos y expectativas funcionan igualmente bien para ambos.

Los niños aparecen estadísticamente más entre quienes repiten y abandonan.

¿Todo está mal dentro de ellos?

¿Son más torpes?

¿Más irresponsables?

¿Menos capaces?

¿O deberíamos preguntarnos también si una escuela basada durante muchas horas en quietud, expresión verbal, maduración temprana del autocontrol, trabajo sentado y determinadas formas de evaluación puede adaptarse mejor a algunos perfiles que a otros?

No conozco de antemano todas las respuestas.

Precisamente por eso hay que hacer las preguntas.

Lo verdaderamente anticientífico sería prohibirlas.


7. EL EXTRAÑO DESTINO DE LA «BRECHA SALARIAL» CUANDO LA MIRAMOS DE CERCA

Aquí España no reproduce exactamente el fenómeno observado por Maywald en Australia.

Y reconocerlo es importante.

En España continúa existiendo una diferencia salarial media favorable a los hombres.

En 2024 el salario bruto mensual medio fue de 2.593 euros entre los hombres y de 2.163,2 entre las mujeres.

Ahora bien, una cosa es una diferencia salarial media y otra muy distinta afirmar que una mujer cobra automáticamente menos que un hombre por realizar exactamente el mismo trabajo durante exactamente las mismas horas, con idéntica antigüedad, experiencia, jornada, responsabilidad y puesto.

El propio Instituto Nacional de Estadística recuerda que sobre las diferencias salariales influyen variables como el tipo de contrato, jornada, ocupación y antigüedad.

Esto debería ser de Perogrullo.

Pero parece necesario repetirlo.

Dividir todo lo ganado por todos los hombres entre el número de hombres y hacer después lo mismo con todas las mujeres nos proporciona una diferencia estadística.

No nos explica automáticamente su causa.

Y precisamente eso es analizar:

ir más allá del titular.


8. HAY QUE CONTABILIZAR TAMBIÉN EL PRECIO DE LOS TRABAJOS MASCULINOS

Cuando hablamos de trabajo solemos mirar salarios y puestos directivos.

Muy bien.

Miremos también quién se juega el pellejo.

En España murieron en 2024 677 trabajadores durante su jornada laboral.

De ellos:

637 eran hombres.

40 eran mujeres.

Es decir:

el 94,1 % de los muertos fueron varones.

Noventa y cuatro de cada cien.

Además, la incidencia general de accidentes laborales durante la jornada fue más del doble entre los hombres: 3.622,2 accidentes por cada 100.000 trabajadores frente a 1.721,7 entre las mujeres.

Aquí tenemos una brecha de género gigantesca.

Una brecha mortal.

Literalmente.

¿Dónde están las grandes campañas sobre la brecha de mortalidad laboral masculina?

Cuando hablamos de desigualdad en el trabajo, ¿por qué miramos con lupa quién ocupa el despacho y con mucha menor frecuencia quién muere sobre un andamio, en una carretera, trabajando con maquinaria, en el campo, en la industria o en una obra?

Hay que contabilizarlo todo.

Los beneficios.

Y los costes.

Los privilegios.

Y las cargas.


9. TRES DE CADA CUATRO SUICIDIOS: HOMBRES

Llegamos a uno de los asuntos más terribles.

En 2024 murieron por suicidio en España 3.953 personas.

2.902 eran hombres.

1.051 eran mujeres.

Aproximadamente tres de cada cuatro.

Detengámonos aquí.

No son porcentajes.

Son padres.

Hijos.

Hermanos.

Maridos.

Amigos.

Compañeros.

Casi tres mil hombres muertos por su propia mano en un solo año.

Y entonces me pregunto:

¿qué tendría que ocurrir para que habláramos de una auténtica emergencia masculina?

Si una causa de muerte presentara semejante diferencia en perjuicio de las mujeres, ¿emplearíamos el sexo como variable central para diseñar la prevención?

Claro que sí.

Entonces hagámoslo también aquí.


10. DECIR «LOS HOMBRES DEBEN HABLAR MÁS» NO ES SUFICIENTE

Una explicación recurrente sostiene que los hombres se suicidan más porque reprimen sus emociones y no piden ayuda.

Puede contener parte de verdad.

Pero como explicación general resulta sospechosamente cómoda.

Porque convierte el problema masculino en otro defecto masculino:

se mueren porque no saben expresar sus sentimientos.

Quizá convenga ampliar el foco.

Preguntemos también por:

el desempleo;

el divorcio;

la pérdida del contacto cotidiano con los hijos;

el aislamiento;

la ruina económica;

las adicciones;

la sensación de inutilidad;

la falta de amistades;

el fracaso profesional;

la ausencia de comunidad;

la desaparición de proyectos vitales;

la soledad;

la pérdida de propósito.

Tal vez algunos hombres no necesiten solamente que alguien les diga:

«habla de tus emociones».

Tal vez necesiten recuperar también una razón para levantarse mañana.


11. LOS HOMBRES ESPAÑOLES VIVEN CINCO AÑOS MENOS

Otra brecha.

La esperanza de vida al nacer en España durante 2024 fue:

81,38 años para los hombres.

86,53 años para las mujeres.

Más de cinco años de diferencia.

Cinco años.

No cinco meses.

¿Por qué?

Biología.

Hábitos.

Trabajos peligrosos.

Accidentes.

Conductas de riesgo.

Suicidio.

Menor utilización de determinados servicios sanitarios.

Factores culturales.

Probablemente una combinación.

Perfecto.

Investiguémosla.

Porque una auténtica perspectiva de sexo debería interesarse por cualquier grupo cuya esperanza de vida sea cinco años inferior.

Aunque ese grupo esté formado por hombres.


12. EL 76,7 % DE LAS PERSONAS SIN HOGAR SON HOMBRES

La última gran encuesta nacional del Instituto Nacional de Estadística sobre personas sin hogar, correspondiente a 2022, contabilizó 28.552 personas atendidas en centros asistenciales.

De ellas:

21.900 eran hombres.

6.652 mujeres.

El 76,7 % eran varones.

Otra vez aproximadamente tres de cada cuatro.

Aquí aparece el hombre que ha desaparecido casi completamente del relato triunfal sobre el privilegio masculino.

El que duerme en un cajero.

El divorciado roto.

El adicto.

El enfermo mental.

El parado de larga duración.

El inmigrante sin red familiar.

El hombre al que nadie espera.

El que ha perdido sucesivamente empleo, pareja, vivienda, amigos y finalmente hasta la voluntad de pedir ayuda.

También es hombre.

También cuenta.


13. LA POBLACIÓN PENITENCIARIA ES MASCULINA EN UN 92,9 %

A 31 de diciembre de 2024 había en los establecimientos penitenciarios dependientes de la Administración General del Estado 48.947 internos.

45.455 eran hombres.

3.492 mujeres.

Los varones constituían el 92,9 %.

Naturalmente, la cárcel no es un premio que el Estado conceda arbitrariamente.

Quien delinque debe responder por sus actos.

Pero una sociedad interesada seriamente en analizar diferencias entre sexos debería preguntarse también:

¿por qué nueve de cada diez personas que terminan en prisión son hombres?

¿Qué papel desempeñan la violencia?

El fracaso escolar.

La marginalidad.

La impulsividad.

Las drogas.

La ausencia paterna.

El entorno familiar.

La exclusión social.

Los modelos masculinos.

Las pandillas.

La biología.

La cultura.

La pobreza.

¿No merece todo ello una política de prevención específicamente atenta a niños y adolescentes varones?

Esperar a que entren en prisión para preguntarnos qué salió mal parece un procedimiento bastante caro y, sobre todo, bastante estúpido.


14. LA VIOLENCIA: EL ASUNTO EN EL QUE ESPAÑA HA CONSTRUIDO DOS CATEGORÍAS DISTINTAS

Llegamos inevitablemente a uno de los grandes tabúes españoles.

La Ley Orgánica 1/2004 define específicamente como violencia de género la ejercida por un hombre sobre una mujer que sea o haya sido su esposa o esté o haya estado ligada a él por una relación semejante de afectividad, dentro del marco conceptual de discriminación, desigualdad y relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres.

Ése es el modelo jurídico vigente.

Al mismo tiempo, las estadísticas oficiales de 2024 registraron, dentro de los asuntos clasificados como violencia doméstica con orden de protección o medidas cautelares, 8.860 víctimas, de las cuales el 39,4 % eran hombres.

Los varones víctimas no carecen de protección penal por el hecho de ser varones.

Pero no forman parte del mismo régimen integral creado específicamente alrededor del concepto jurídico de violencia de género.

Y eso permite plantear una pregunta perfectamente legítima:

¿puede España combatir con toda la contundencia necesaria la violencia ejercida por determinados hombres contra determinadas mujeres y simultáneamente reconocer, estudiar y atender adecuadamente la violencia sufrida por hombres?

Por supuesto.

Una cosa no impide la otra.

A menos que convirtamos el sexo de la víctima en una frontera ideológica.


15. LA VÍCTIMA NO DEBERÍA NECESITAR EL SEXO ADECUADO

El principio podría ser bastante sencillo.

Toda víctima merece protección.

Toda.

La mujer maltratada por su marido.

El hombre maltratado por su esposa.

El anciano golpeado por un hijo.

El niño maltratado.

La mujer violada.

El hombre agredido.

Cada fenómeno puede presentar características, frecuencias y gravedad diferentes.

Estúdiense.

Pero no puede concluirse que reconocer una víctima disminuye el sufrimiento de otra.

El dolor humano no funciona como un presupuesto ministerial:

no hay que quitárselo a alguien para poder reconocer a otro.


16. PADRES: DE CAJERO AUTOMÁTICO A PROGENITOR

La paternidad constituye otro asunto central.

Aquí los datos españoles muestran una transformación importante que conviene reconocer.

En los divorcios de parejas de distinto sexo con hijos menores, la custodia compartida pasó de representar el 24,6 % en 2015 al 49,7 % en 2024.

La custodia materna quedó en el 46,6 % y la paterna exclusiva en el 3,4 %.

Es decir, España ha avanzado claramente hacia la corresponsabilidad parental después de las rupturas.

Eso es positivo.

Pero las cifras económicas siguen mostrando una realidad reveladora.

Cuando se estableció pensión alimenticia, el pago correspondió al padre en el 52,9 % de los casos, a la madre en el 3,8 % y a ambos en el 43,3 %.

Y cuando hubo pensión compensatoria, el 90,9 % fue abonada por el esposo.

Todo ello refleja una sociedad en transición.

Hemos modificado rápidamente los papeles familiares, laborales y sexuales.

Pero muchas obligaciones y expectativas tradicionales masculinas continúan vivas.

Al hombre contemporáneo se le dice que el viejo modelo ha desaparecido.

Y, sin embargo, a menudo se espera todavía de él que produzca, pague, proteja, resista y responda económicamente.

Tal vez merezca la pena hablar también de esas contradicciones.


17. UN PADRE NO ES UNA MADRE DE SEGUNDA CATEGORÍA

La reivindicación de la paternidad no significa minusvalorar a las madres.

Al contrario.

Significa tomarse en serio a ambos.

Un padre no es simplemente:

un segundo sueldo;

un acompañante;

un inseminador;

un visitante de fines de semana;

un adulto intercambiable.

Los hijos necesitan presencia.

Tiempo.

Ejemplo.

Disciplina.

Afecto.

Límites.

Seguridad.

Modelos.

Y un hombre puede aportar a sus hijos una experiencia masculina que ninguna campaña institucional podrá sustituir.

No porque sea superior.

Porque es distinta.


18. DE LA AUTORIDAD DEL PADRE A LA AUSENCIA DE TODO REFERENTE

Durante siglos existió un modelo paterno que también tuvo defectos evidentes.

Padres autoritarios.

Distantes.

Incapaces de expresar cariño.

Hombres que confundían autoridad con dominio.

Eso debía cambiar.

Pero cometeríamos un error formidable si, después de corregir al padre autoritario, terminamos fabricando al padre irrelevante.

De un extremo al otro.

El niño necesita alguien que le diga:

te quiero;

esto está mal;

cumple tu palabra;

levántate;

termina lo que empezaste;

respeta a tu madre;

defiende a tu hermano;

pide perdón;

hazte responsable.

Eso también es paternidad.


19. ESPAÑA HA IDO DESMONTANDO SUS RITOS DE PASO

Aquí las reflexiones de Maywald adquieren una especial utilidad.

¿Qué convierte hoy a un muchacho español en adulto?

¿Cumplir dieciocho años?

¿Sacarse el carné de conducir?

¿Emborracharse?

¿Mantener su primera relación sexual?

¿Abrirse una cuenta bancaria?

¿Irse de casa a los treinta?

¿Conseguir un empleo?

Durante generaciones existían múltiples ritos o umbrales.

El aprendizaje de un oficio.

El primer salario.

El servicio militar.

La incorporación a asociaciones juveniles, religiosas, deportivas, profesionales o vecinales.

La independencia económica.

El matrimonio.

La paternidad.

No estoy proponiendo recuperar mecánicamente todos ellos.

Estoy señalando su función.

Decían al joven que había llegado el momento de asumir responsabilidades.

Ahora hemos conservado multitud de derechos de la vida adulta mientras retrasamos muchas de sus obligaciones.

Y después nos sorprende la prolongación indefinida de la adolescencia.


20. EL MUCHACHO NECESITA PRUEBAS

No hablo de novatadas.

Ni de humillaciones.

Ni de violencia.

Hablo de algo mucho más serio:

experiencias que permitan al muchacho comprobar de qué es capaz.

Caminar cien kilómetros.

Subir una montaña.

Cuidar de alguien.

Trabajar un verano.

Aprender un oficio.

Servir voluntariamente a una comunidad.

Pasar tiempo lejos de una pantalla.

Dormir bajo las estrellas.

Superar una prueba física.

Colaborar en una emergencia.

Responsabilizarse de un grupo.

Construir algo con sus manos.

Terminar una tarea difícil.

Los muchachos necesitan descubrir algo decisivo:

«puedo hacerlo».

La autoestima que nace exclusivamente de repetir «eres maravilloso» suele durar hasta el primer golpe serio de la realidad.

La confianza fundada en haber superado dificultades es otra cosa.


21. EL HOMBRE NECESITA SER NECESARIO

Ésta es probablemente una de las ideas más poderosas que podemos extraer de Maywald.

El hombre no necesita únicamente libertad.

Necesita sentir que alguien cuenta con él.

Una familia.

Una empresa.

Unos hijos.

Un equipo.

Una comunidad.

Un proyecto.

Un oficio.

Algo.

Cuando nadie necesita de ti, puedes terminar preguntándote para qué demonios estás aquí.

Y una sociedad capaz de proporcionar entretenimiento infinito pero escasas razones para asumir responsabilidades puede producir muchachos permanentemente distraídos y profundamente vacíos.


22. LA PANTALLA COMO SUSTITUTO DE LA VIDA

Nunca un muchacho había dispuesto de tantas gratificaciones sin salir de su habitación.

Videojuegos.

Pornografía.

Redes sociales.

Apuestas.

Vídeos infinitos.

Entretenimiento.

Relaciones virtuales.

Una máquina extraordinariamente eficiente para obtener pequeñas dosis de satisfacción sin tener que:

arriesgar;

conquistar;

crear;

formar una familia;

salir de casa;

soportar rechazo;

aprender;

fracasar.

No se trata de demonizar la tecnología.

Se trata de comprender algo elemental.

El sucedáneo puede terminar sustituyendo a aquello que imita.

La pornografía puede sustituir a la búsqueda de pareja.

El videojuego a la aventura.

Las redes a la amistad.

El avatar al carácter.

Los seguidores al prestigio verdadero.

La satisfacción inmediata al proyecto vital.

Y el muchacho puede permanecer ocupado durante miles de horas mientras su vida permanece completamente detenida.


23. UNA CIVILIZACIÓN NO PUEDE VIVIR SÓLO DE LICENCIADOS

Otra aportación interesante de la biblioteca de Maywald es la recuperación de la dignidad del trabajo manual.

España ha cometido durante décadas un error educativo notable:

presentar la Universidad como camino natural del triunfador y determinadas profesiones manuales como premio de consolación.

Resultado:

faltan profesionales cualificados en numerosos oficios mientras multitud de jóvenes creen que trabajar con las manos representa un fracaso.

Absurdo.

Electricistas.

Mecánicos.

Soldadores.

Albañiles.

Carpinteros.

Fontaneros.

Agricultores.

Conductores.

Técnicos.

Operarios especializados.

Son esenciales.

La dignidad de un trabajo no depende de que se haga delante de un ordenador.

Y muchos muchachos que fracasan en una educación excesivamente académica pueden destacar extraordinariamente cuando trabajan sobre problemas concretos.

Tal vez el fracaso no siempre sea suyo.

A veces hemos intentado meter una pieza excelente en el agujero equivocado.


24. DIFERENCIA NO ES DISCRIMINACIÓN

Otro gran tabú.

Hombres y mujeres somos iguales en dignidad y debemos ser iguales ante la ley.

De ahí no se deduce que seamos idénticos.

La biología existe.

Las hormonas existen.

El dimorfismo sexual existe.

Las diferencias medias de fuerza física existen.

También pueden existir diferencias estadísticas en intereses, comportamiento, competitividad, percepción del riesgo o determinadas habilidades.

Reconocerlo no obliga a nadie a desempeñar un papel prefijado.

Una mujer concreta puede superar a prácticamente cualquier hombre concreto en innumerables capacidades.

Un hombre puede poseer características más frecuentes estadísticamente entre mujeres.

Precisamente porque las estadísticas describen poblaciones y las personas son individuos.

El disparate aparece cuando la política exige a la ciencia que descubra aquello que previamente hemos decidido que debe ser verdad.


25. NO SE EDUCA BIEN A UN NIÑO ENSEÑÁNDOLE A DESCONFIAR DE SU PROPIA MASCULINIDAD

Podemos enseñar a un niño:

no pegues al débil;

respeta a las mujeres;

acepta un no;

controla tu ira;

no seas un abusón;

no utilices tu fuerza para humillar;

cumple tu palabra.

Perfecto.

Eso es educación moral.

Otra cosa muy distinta es transmitirle, abierta o subliminalmente, que su sexo constituye una especie de peligro potencial que debe neutralizarse.

La buena educación masculina no dice:

«tu fuerza es mala».

Dice:

«aprende a utilizarla».

No dice:

«no seas competitivo».

Dice:

«compite limpiamente».

No dice:

«no asumas riesgos».

Dice:

«aprende cuáles merecen la pena».

No dice:

«no seas agresivo».

Dice:

«domina tu agresividad y úsala cuando sea necesario para defender, resistir o luchar por algo justo».

Eso se llama civilizar.


26. NO NECESITAMOS HOMBRES INOFENSIVOS; NECESITAMOS HOMBRES BUENOS

La diferencia es enorme.

Un hombre incapaz de hacer daño no es automáticamente virtuoso.

Puede ser sencillamente incapaz.

La virtud aparece cuando alguien posee fuerza y sabe gobernarla.

El bombero que entra donde otros salen.

El policía que se interpone.

El padre que protege.

El hombre que puede responder a una provocación y decide no hacerlo.

El que podría abandonar a sus hijos y permanece.

El que podría engañar y cumple su palabra.

El que podría aprovecharse de alguien vulnerable y no lo hace.

Eso es carácter.


27. ¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES MAYORES?

El segundo libro de Maywald insiste en algo que nuestra obsesión por la juventud está destruyendo:

la figura del mayor como transmisor de experiencia.

No simplemente un viejo.

Un hombre que ha recorrido camino.

Que se ha equivocado.

Que ha amado.

Que ha perdido.

Que ha criado hijos.

Que ha trabajado.

Que ha enterrado a sus padres.

Que ha fracasado.

Que ha vuelto a empezar.

Y que puede decir a un muchacho:

«Mira, no tengo todas las respuestas, pero yo ya pasé por ahí».

Eso vale oro.

Una sociedad que jubila a las personas no debería jubilar también su experiencia.


28. FRANKL, MARCO AURELIO, HOMERO… NO SON PIEZAS DE MUSEO

Por eso resulta tan sugerente la selección de lecturas de Maywald.

Viktor Frankl.

Marco Aurelio.

Homero.

Tolkien.

Saint-Exupéry.

Cormac McCarthy.

Warren Farrell.

Christina Hoff Sommers.

Leonard Sax.

Richard Reeves.

Autores muy diferentes entre sí.

Pero unidos por determinadas preguntas eternas:

¿Cómo vivir?

¿Cómo sufrir?

¿Cómo asumir responsabilidades?

¿Qué significa ser padre?

¿Cómo pasar de niño a hombre?

¿Cómo dominar los propios impulsos?

¿Qué merece nuestro sacrificio?

¿Cómo encontrar sentido?

Esas preguntas no se han vuelto antiguas.

Nosotros nos hemos vuelto demasiado modernos para recordar que siguen existiendo.


29. ESPAÑA SE QUEDA SIN NIÑOS

Todo lo anterior desemboca finalmente en el gran problema demográfico.

España registró en 2024 solamente 318.005 nacimientos.

El número medio de hijos por mujer descendió hasta 1,10.

Una de las fecundidades más bajas imaginables para una sociedad que pretenda renovarse generacionalmente.

Claro que intervienen el precio de la vivienda.

El empleo.

Los salarios.

La edad de emancipación.

La precariedad.

Las dificultades para conciliar.

Pero existe además una pregunta cultural que raramente formulamos:

¿qué ocurre con una sociedad en la que hombres y mujeres empiezan a contemplarse mutuamente con desconfianza?

Si el matrimonio parece una amenaza.

Si tener hijos parece una carga inasumible.

Si el compromiso parece una pérdida de libertad.

Si cada sexo recibe mensajes constantes sobre los defectos del otro.

Si formar una familia se retrasa hasta casi desaparecer.

No debería sorprendernos el resultado.


30. LA GUERRA DE SEXOS ES DEMOGRÁFICAMENTE SUICIDA

Hombres y mujeres pueden pasar miles de horas discutiendo quién posee más privilegios.

La biología continúa necesitando a ambos para producir la siguiente generación.

Y los niños necesitan adultos capaces de cooperar.

Podemos convertir cualquier relación entre los sexos en una negociación jurídica permanente de derechos, agravios, intereses y sospechas.

Pero será difícil construir familias duraderas sobre una filosofía basada en que la persona que duerme a nuestro lado pertenece al grupo históricamente enemigo.

La convivencia necesita otra cosa.

Confianza.

Reciprocidad.

Generosidad.

Sacrificio.

Perdón.

Humor.

Y la voluntad de permanecer cuando resulta mucho más cómodo marcharse.


31. LO QUE FALTA EN ESPAÑA ES UNA VERDADERA POLÍTICA DE IGUALDAD PARA TODOS

¿Qué ocurriría si aplicáramos realmente una perspectiva de sexo a todos los problemas?

Tendríamos que hablar específicamente de:

los muchachos que abandonan la enseñanza;

los niños que repiten más;

la escasez de maestros varones;

la menor presencia masculina universitaria;

los hombres que se suicidan;

los que duermen en la calle;

los que terminan presos;

los que mueren trabajando;

los que viven cinco años menos;

los padres que pierden contacto con sus hijos;

los hombres víctimas de violencia;

la soledad masculina;

la salud física y mental del varón;

la desaparición de modelos masculinos;

la pérdida de ritos de paso;

la crisis del propósito vital.

Y simultáneamente seguir ocupándonos de cuantos problemas afectan específicamente a las mujeres.

¿Dónde está la contradicción?

En ninguna parte.

Salvo dentro de una ideología que necesite convertir a un sexo en víctima permanente y al otro en sospechoso permanente.


32. DOCE COSAS QUE ESPAÑA PODRÍA EMPEZAR A HACER

No basta con denunciar.

Maywald tiene razón en algo fundamental: después de diagnosticar hay que reconstruir.

España podría comenzar por algo tan elemental como esto:

Primero. Incorporar sistemáticamente los resultados masculinos y femeninos a las políticas de igualdad, sin seleccionar únicamente aquellas desigualdades que perjudican a las mujeres.

Segundo. Crear un gran programa nacional sobre fracaso educativo masculino: lectura, abandono, repetición, disciplina, motivación y métodos de aprendizaje.

Tercero. Favorecer la incorporación de más hombres a Infantil y Primaria, sin cuotas obligatorias, pero estudiando por qué tantos varones han abandonado la profesión.

Cuarto. Diseñar una estrategia específica de prevención del suicidio masculino, precisamente porque aproximadamente tres de cada cuatro suicidas son hombres.

Quinto. Investigar seriamente la diferencia de más de cinco años de esperanza de vida.

Sexto. Convertir la mortalidad laboral masculina en una cuestión central de las políticas de igualdad y prevención.

Séptimo. Crear recursos de atención suficientes para hombres víctimas de violencia, abuso, abandono o situaciones familiares graves.

Octavo. Consolidar la custodia compartida como expresión natural de la corresponsabilidad cuando resulte compatible con el interés del menor.

Noveno. Recuperar socialmente la paternidad: padre no como visitante ni pagador, sino como educador imprescindible.

Décimo. Desarrollar programas de mentoría mediante los cuales hombres adultos responsables acompañen a muchachos carentes de referentes masculinos.

Undécimo. Recuperar ritos contemporáneos de responsabilidad: servicio comunitario, voluntariado, deporte exigente, formación profesional, actividades al aire libre, protección civil y experiencias que hagan pasar al joven de receptor permanente a colaborador necesario.

Duodécimo. Dejar de hablar de masculinidad casi exclusivamente para añadirle inmediatamente el adjetivo «tóxica».

Porque existe masculinidad tóxica.

Como existe feminidad tóxica.

Paternidad tóxica.

Maternidad tóxica.

Amistad tóxica.

Poder tóxico.

Dinero tóxico.

Ideología tóxica.

Lo tóxico son determinados comportamientos.

No un sexo.


33. NO HACE FALTA QUITAR NADA A LAS MUJERES

Ésta es la clave.

No necesitamos menos universitarias.

Necesitamos menos muchachos fracasados.

No necesitamos menos mujeres trabajando.

Necesitamos menos hombres destruidos.

No necesitamos madres más débiles.

Necesitamos padres más presentes.

No necesitamos ignorar la violencia sufrida por mujeres.

Necesitamos reconocer también a las demás víctimas.

No necesitamos abandonar las políticas sanitarias femeninas.

Necesitamos tomarnos en serio la salud de los hombres.

No necesitamos una contrarrevolución.

Necesitamos completar la revolución de la igualdad.

Porque una igualdad reservada para la mitad de la población termina dejando de ser igualdad.


34. ¿QUIÉN DEFIENDE AL MUCHACHO NORMAL?

No al delincuente.

No al maltratador.

No al depredador.

No al irresponsable.

Al muchacho corriente.

El de catorce años que no sabe qué hacer con su vida.

El que lee mal.

El que empieza a suspender.

El que no tiene padre en casa.

El que no recuerda haber tenido nunca un maestro varón.

El que se pasa ocho horas conectado.

El que desea gustar a una chica pero está aterrorizado ante la posibilidad del rechazo.

El que no sabe hacer nada con las manos.

El que carece de disciplina.

El que tiene energía pero ningún lugar donde orientarla.

El que empieza a pensar que todo aquello específicamente masculino que encuentra dentro de sí resulta sospechoso.

¿Quién habla con él?

¿Quién le dice:

«ser hombre no es un delito ni una enfermedad; pero ser un buen hombre exige trabajo»?

Ahí debería empezar todo.


35. PORQUE NO NACEMOS HOMBRES HECHOS

Nacemos varones.

Convertirse en hombre es otra cosa.

Exige tiempo.

Ejemplo.

Pruebas.

Disciplina.

Caídas.

Responsabilidad.

Maestros.

Padres.

Amigos.

Mujeres.

Trabajo.

Amor.

Fracaso.

Dolor.

Servicio.

Y finalmente la comprensión de que la vida deja de girar exclusivamente alrededor de uno mismo.

Ése es el verdadero paso a la edad adulta.

Cuando alguien puede contar contigo.


36. EL HOMBRE ADULTO NO PREGUNTA ÚNICAMENTE «¿QUÉ DERECHOS TENGO?»

Pregunta también:

¿qué debo?

¿Qué debo a mis padres?

¿Qué debo a mis hijos?

¿Qué debo a mi mujer?

¿Qué debo a mis amigos?

¿Qué debo a mis vecinos?

¿Qué debo a mi país?

¿Qué debo a quienes vendrán después?

La sociedad contemporánea posee una formidable teoría de los derechos.

Necesita recuperar una teoría igualmente robusta de los deberes.

Y eso vale exactamente igual para hombres y mujeres.


37. EL ASUNTO QUE NADIE QUIERE MIRAR

Regresemos a los números.

15,8 % de abandono educativo temprano masculino frente al 10 % femenino.

57,1 % de mujeres entre estudiantes de grado universitario.

Cerca de tres de cada cuatro suicidas son hombres.

76,7 % de las personas sin hogar son hombres.

92,9 % de los presos son hombres.

94,1 % de los trabajadores muertos durante la jornada son hombres.

Cinco años menos de esperanza de vida.

Uno puede discutir las causas de cada cifra.

Por supuesto.

Precisamente para eso sirve el análisis.

Lo que cada vez resulta más difícil es fingir que no hay nada que analizar.


CONCLUSIÓN

LA EMANCIPACIÓN FEMENINA NO EXIGE EL ABANDONO MASCULINO

Ésa es probablemente la enseñanza más aprovechable de David Maywald cuando trasladamos sus reflexiones a España.

No necesitamos importar cada una de sus conclusiones.

Tenemos nuestros propios datos.

Nuestros propios problemas.

Nuestra propia legislación.

Nuestra propia historia.

Y esos datos españoles obligan a formular preguntas que llevamos demasiado tiempo considerando incómodas.

¿Qué está ocurriendo con nuestros muchachos?

¿Por qué abandonan más los estudios?

¿Por qué llegan proporcionalmente menos a la Universidad?

¿Por qué hay tan pocos hombres educando niños pequeños?

¿Por qué tres de cada cuatro suicidas son varones?

¿Por qué tres de cada cuatro personas sin hogar son hombres?

¿Por qué nueve de cada diez presos son hombres?

¿Por qué más de nueve de cada diez muertos trabajando son hombres?

¿Por qué viven cinco años menos?

¿Por qué estas enormes diferencias rara vez forman parte del discurso habitual sobre igualdad?

No son preguntas contra las mujeres.

Son preguntas sobre los hombres.

Y durante demasiado tiempo hemos confundido ambas cosas.

Reconocer problemas masculinos no disminuye un ápice los problemas femeninos.

Ayudar a un niño no perjudica a una niña.

Salvar a un suicida varón no desprotege a una mujer.

Ayudar a un padre a seguir siendo padre no debilita a una madre.

Atender a un hombre maltratado no resta gravedad al maltrato sufrido por una mujer.

La justicia no es una manta demasiado pequeña que tengamos que arrancarnos unos a otros.

Y quizá ha llegado el momento de comprender algo extraordinariamente sencillo:

una sociedad no prospera cuando prospera sólo uno de sus sexos.

Necesita mujeres fuertes.

Y hombres fuertes.

Mujeres libres.

Y hombres libres.

Madres responsables.

Y padres responsables.

Niñas con futuro.

Y niños con futuro.

Necesitamos abandonar de una vez la absurda contabilidad del agravio colectivo y volver a mirar a la persona concreta.

Al niño concreto que fracasa.

Al hombre concreto que duerme en un portal.

Al padre concreto que pierde a sus hijos.

Al trabajador concreto que no vuelve a casa.

Al preso que comenzó siendo un muchacho.

Al anciano solo.

Al hombre que una noche decide que mañana ya no merece la pena levantarse.

También existen.

También sufren.

También son sociedad.

Y también merecen que alguien formule la pregunta que durante demasiado tiempo hemos evitado:

¿Y QUÉ ESTÁ PASANDO CON LOS HOMBRES?

Porque quizá la cuestión no sea si existe literalmente una «guerra contra la masculinidad».

Quizá haya una pregunta todavía más inquietante:

¿hemos construido una sociedad que ha aprendido a detectar con extraordinaria sensibilidad cualquier problema que afecte específicamente a las mujeres y que, sin embargo, continúa siendo sorprendentemente miope cuando el perjudicado es un hombre?

Si la respuesta fuese siquiera parcialmente afirmativa, ya tendríamos trabajo para muchos años.

No para emprender otra guerra entre sexos.

Precisamente para terminarla.

Y empezar a ocuparnos, de una vez, de todos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *