YO SIGO INSISTIENDO: SI LAS INTENCIONES DE FEIJOO Y ABASCAL SON «DECENTES», QUE COMPAREZCAN ANTE LOS ESPAÑOLES Y EXPLIQUEN SU PLAN PARA REGENERAR ESPAÑA.
No basta con desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa. Feijóo y Abascal deben explicar qué España quieren construir, qué están dispuestos a cambiar, cuánto costará hacerlo y qué responsabilidades asumirán si incumplen sus compromisos.
Carlos Aurelio Caldito Aunión

Hay una pregunta que llevo formulando desde hace tiempo y que, por lo visto, resulta bastante más incómoda de lo que parece:
SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL: ¿QUÉ PIENSAN HACER CON ESPAÑA SI LOS ESPAÑOLES LES ENCOMIENDAN GOBERNARLA?
Y, sobre todo, ¿qué están dispuestos a cambiar de verdad?
No pregunto cómo piensan repartirse los ministerios, las secretarías de Estado, las direcciones generales, las empresas públicas y los miles de cargos que viven del presupuesto.
Eso, llegado el momento, seguramente lo resolverán con extraordinaria diligencia.
Pregunto algo bastante más importante: ¿CUÁL ES SU PLAN PARA REGENERAR ESPAÑA?
Porque llevamos demasiados años soportando a políticos que prometen cambiarlo todo para acabar conservando casi todo, especialmente aquello que les permite disponer de dinero, poder, influencias y cargos para repartir entre los suyos.
Y ya está bien.
1. SEÑOR FEIJÓO, SU «CONTRATO CON ESPAÑA» NECESITA MUCHAS MÁS CLÁUSULAS
El pasado 19 de octubre, Alberto Núñez Feijóo presentó solemnemente su llamado «Contrato con España».
Bienvenido sea el propósito.
Verdad, legalidad, esfuerzo, unidad nacional, regeneración institucional…
Muy hermoso todo.
Pero no confundamos los buenos propósitos con los compromisos comprobables.
Un contrato serio no consiste en proclamar que uno será honrado, respetará la ley y trabajará por el bienestar general. Esas obligaciones deberían darse por supuestas en cualquier persona que pretenda administrar los asuntos públicos.
Un contrato necesita obligaciones precisas, plazos, cuentas y consecuencias por incumplimiento.
Si promete construir un millón de viviendas, explique dónde, durante cuánto tiempo, mediante qué procedimientos, con qué financiación y qué parte depende realmente de su Gobierno.
Si promete reducir impuestos, explique qué gastos suprimirá y cómo cuadrarán las cuentas.
Si promete garantizar las pensiones, presente las previsiones económicas correspondientes.
Y si promete regenerar las instituciones, identifique cuáles reformará, cómo se elegirá a sus responsables y qué mecanismos impedirán que continúe el reparto partidista de los cargos.
Porque eso de prometer honradez es muy edificante.
Pero, en política, la honradez se acredita también aceptando controles que impidan hacer trampas, incluso cuando quien gobierna es uno mismo.
2. SEÑOR ABASCAL, LA REGENERACIÓN TAMBIÉN EXIGE EXPLICAR HASTA DÓNDE ESTÁ DISPUESTO A LLEGAR
VOX lleva años denunciando el Estado autonómico, el despilfarro público, determinadas leyes y el funcionamiento de diversas instituciones.
Muy bien.
Pero denunciar no equivale a transformar.
¿Qué competencias pretende recuperar para el Estado? ¿Cuáles requieren una reforma constitucional? ¿Qué hará si el PP se niega a acompañarlo en esa reforma?
¿Qué organismos suprimirá? ¿Qué subvenciones eliminará? ¿Qué reformas considera irrenunciables y cuáles está dispuesto a negociar?
Porque una cosa es pronunciar discursos muy encendidos desde la oposición y otra bastante diferente conservar las mismas convicciones cuando aparece ante nuestros ojos la posibilidad de ocupar ministerios.
Ya hemos conocido demasiadas conversiones políticas.
Personas que denunciaban los privilegios hasta que tuvieron ocasión de disfrutarlos.
Que prometían acabar con los cargos innecesarios hasta que pudieron nombrarlos.
Que anunciaban una administración austera hasta que descubrieron las extraordinarias comodidades de administrar dinero ajeno.
Por eso no basta con repetir que hay que recuperar España.
Hay que explicar exactamente qué significa recuperarla, mediante qué decisiones y qué sacrificios están dispuestos a asumir quienes pretenden gobernarla.
3. DOS PARTIDOS, DOS PROGRAMAS… ¿Y UN GOBIERNO SIN PROGRAMA COMÚN?
PP y VOX ya han suscrito acuerdos para gobernar varias comunidades autónomas.
Por tanto, saben perfectamente cómo se negocia un programa compartido.
También conocen sus discrepancias.
Y precisamente por eso resulta razonable reclamarles que comparezcan juntos antes de las elecciones y expliquen a los españoles hasta dónde llegan sus coincidencias.
No se trata de exigirles que concurran bajo las mismas siglas.
Se trata de impedir que los electores descubran después de votar que buena parte de las promesas de uno eran incompatibles con los propósitos del otro.
¿Recentralización o mantenimiento del Estado autonómico?
¿Supresión efectiva de estructuras administrativas o simples reorganizaciones?
¿Reformas profundas de la Administración de Justicia o renovación de sus órganos de gobierno mediante el habitual reparto entre partidos?
¿Qué leyes derogarán?
¿Qué políticas del Gobierno de Sánchez conservarán?
¿Qué harán con la financiación de los partidos políticos, las subvenciones, las televisiones públicas y las entidades dependientes de las administraciones?
¿Están dispuestos a renunciar a mecanismos de influencia política que hoy critican cuando los utilizan sus adversarios?
Estas diferencias no desaparecen por hacerse una fotografía juntos, estrecharse las manos o anunciar que España necesita un cambio.
Y conviene recordar algo elemental:
LOS ELECTORES DEBEN CONOCER LAS CONDICIONES ESENCIALES DE UN POSIBLE GOBIERNO COMPARTIDO ANTES DE VOTAR, NO CUANDO YA SE ESTÉN REPARTIENDO LOS DESPACHOS.
4. REGENERAR ESPAÑA NO CONSISTE EN CAMBIAR A LOS BENEFICIARIOS DEL SISTEMA
Aquí está, a mi juicio, la cuestión fundamental.
Durante décadas se ha desarrollado una estructura administrativa y política cuyos costes, duplicidades, procedimientos de designación y mecanismos de fiscalización merecen una revisión exhaustiva.
Y ahora se nos dice que basta con sustituir a quienes gobiernan para que España entre en una nueva etapa.
¿De verdad?
¿Seguirán los partidos teniendo una influencia determinante en la elección de los órganos que deberían controlar la actuación del poder político?
¿Qué harán con el Tribunal Constitucional? ¿Revisarán su composición y funcionamiento? ¿Estudiarán otros modelos de justicia constitucional?
¿Modificarán el sistema de elección del Consejo General del Poder Judicial?
¿Qué reformas acometerán en el Tribunal de Cuentas?
¿Aceptarán controles externos sobre sus propias organizaciones, sus fundaciones, sus fuentes de financiación y sus gastos?
¿Están dispuestos a examinar también las responsabilidades de los gobiernos anteriores del PP, allí donde las haya, con idéntico rigor al que reclaman para investigar a sus adversarios?
Porque la regeneración no puede consistir en sustituir a los comisarios políticos de un partido por los de otro.
Ni en cambiar a los beneficiarios de las subvenciones.
Ni en reemplazar a los altos cargos de confianza por otros igualmente numerosos, igualmente costosos e igualmente dependientes de quien los nombra.
Una regeneración que conserva los mismos privilegios y únicamente cambia a quienes disfrutan de ellos no es regeneración. Es alternancia de beneficiarios.
5. LA ECONOMÍA NO SE ARREGLA CON DISCURSOS Y LAS PENSIONES NO SE PAGAN CON APLAUSOS
Ésta es otra cuestión que merece una explicación pública y detallada.
¿Cuánto dinero debe realmente el conjunto de las administraciones públicas?
¿Cuánto habrá que destinar a intereses y amortizaciones?
¿Qué compromisos presupuestarios tienen contraídos las distintas administraciones?
¿Qué previsiones manejan sobre el futuro de las pensiones?
¿Qué reformas fiscales proponen y cuáles serán sus efectos sobre la recaudación?
¿Cuánto dinero creen que pueden ahorrar mediante la eliminación de organismos, gastos y subvenciones?
Y una pregunta particularmente incómoda:
¿En qué partidas presupuestarias reducirán efectivamente el gasto?
Porque todos hemos escuchado a políticos que, desde la oposición, descubren un despilfarro descomunal y aseguran que podrán eliminarlo sin mayores dificultades.
Sin embargo, cuando llegan al Gobierno, los gastos parecen adquirir una misteriosa condición de imprescindibles.
También conviene explicar cómo pretenden mejorar la educación, la sanidad, las infraestructuras, el acceso a la vivienda y las condiciones para crear empresas y puestos de trabajo.
Todo ello exige prioridades, inversiones, reformas y decisiones que no siempre serán populares.
Gobernar también consiste en explicar verdades incómodas, no en prometer simultáneamente más servicios, menos impuestos, menos deuda y menos sacrificios sin presentar las cuentas correspondientes.
6. CEUTA, MELILLA Y MARRUECOS: AQUÍ TAMBIÉN DEBEN HABLAR CLARO
Hay otra cuestión sobre la que sigo esperando respuestas inequívocas.
La soberanía española sobre Ceuta, Melilla y las demás plazas norteafricanas.
¿Qué política mantendrá un eventual Gobierno de PP y VOX ante las reivindicaciones territoriales marroquíes?
¿Qué harán para reforzar nuestras fronteras?
¿Revisarán las relaciones y los acuerdos con Rabat?
¿De qué medios dispondrán las Fuerzas Armadas y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado?
¿Solicitarán garantías más claras a nuestros aliados?
Y, sobre todo, ¿qué ocurrirá si los intereses de Estados Unidos o Israel respecto a Marruecos entran en conflicto con los intereses españoles?
No basta con exhibir excelentes relaciones personales con dirigentes extranjeros.
La amistad entre gobernantes no sustituye a la defensa de los intereses nacionales.
En política exterior, como en casi todo, lo verdaderamente importante no es lo que se proclama mientras reina la concordia, sino lo que se hace cuando aparecen las dificultades.
España necesita saber qué decisiones adoptarán sus posibles gobernantes cuando defender los intereses españoles tenga un coste diplomático, económico o político.
7. COMPAREZCAN ANTE LOS ESPAÑOLES. LOS DOS. JUNTOS. Y CON LAS CUENTAS HECHAS
Por eso mi propuesta sigue siendo la misma.
Que Feijóo y Abascal comparezcan públicamente antes del 29 de noviembre.
Que presenten sus respectivos programas y, además, un documento común que especifique las grandes reformas sobre las que están dispuestos a gobernar conjuntamente.
Que hagan públicas sus coincidencias y sus discrepancias.
Que expliquen qué pretenden conseguir durante los primeros cien días, qué reformas abordarán durante el primer año y qué objetivos se comprometen a alcanzar al concluir la legislatura.
Que identifiquen los obstáculos constitucionales, parlamentarios, presupuestarios e internacionales que dificultan sus propuestas.
Que presenten los presupuestos correspondientes.
Y que acepten someter periódicamente el cumplimiento de sus compromisos a evaluaciones públicas e independientes.
Si un compromiso esencial se incumple, los ciudadanos deberán conocer las causas y las responsabilidades políticas correspondientes.
Nada de esconderse detrás del compañero de coalición.
Nada de atribuir indefinidamente los incumplimientos al Gobierno anterior.
Nada de prometer una cosa durante la campaña y justificar la contraria después de alcanzar el poder.
Y nada de convertir la mayoría parlamentaria en una patente de corso durante cuatro años.
Los ciudadanos no estamos obligados a conformarnos con depositar una papeleta y permanecer después silenciosos mientras quienes gobiernan administran nuestro dinero y deciden nuestro futuro.
La democracia no termina cuando se cierran los colegios electorales.
8. ¿PARA QUÉ QUIEREN EL PODER?
Ésta es la pregunta que resume todas las demás.
¿Para qué quieren gobernar España?
¿Para administrar el Estado tal como está, introduciendo algunos retoques y sustituyendo a sus principales responsables?
¿Para corregir determinadas políticas de Sánchez, conservando intacta buena parte de la estructura institucional?
¿O para impulsar una transformación profunda de las instituciones, de la Administración, del gasto público y de los mecanismos de control del poder?
Son proyectos muy diferentes.
Y los españoles tenemos derecho a conocer cuál defienden.
Porque desalojar a un Gobierno es una finalidad electoral perfectamente comprensible, pero no constituye por sí misma un proyecto de regeneración nacional.
Y si sus intenciones son tan decentes como proclaman, no debería causarles ninguna incomodidad explicarlas públicamente, comprometerse por escrito y aceptar que los ciudadanos les exijan responsabilidades.
Ésa es la verdadera prueba de la voluntad regeneradora.
No la contundencia de los discursos.
No la cantidad de insultos dirigidos al adversario.
No la solemnidad de las promesas.
Ni siquiera la belleza de los documentos que presentan ante las cámaras.
La prueba consiste en precisar qué se pretende hacer y aceptar las consecuencias políticas de no hacerlo.
EPÍLOGO. NO LES ESTAMOS PIDIENDO QUE NOS HAGAN UN FAVOR
Señores Feijóo y Abascal:
No les estamos pidiendo una audiencia privada.
No les estamos solicitando una concesión graciosa.
No esperamos que nos dispensen el extraordinario honor de explicarnos sus intenciones cuando sus apretadísimas agendas se lo permitan.
LES ESTAMOS EXIGIENDO QUE TRATEN A LOS ESPAÑOLES COMO CIUDADANOS ADULTOS, NO COMO A UNA MULTITUD DESTINADA A APLAUDIR, VOTAR, PAGAR IMPUESTOS Y CALLARSE.
A quienes pretenden dirigir una empresa se les exige un proyecto.
A quienes solicitan un préstamo se les piden garantías.
A quienes contratan una obra se les reclama un presupuesto, unos plazos y unas condiciones de ejecución.
Pero quienes aspiran a gobernar un país parecen considerar suficiente ofrecer un repertorio de promesas, fotografías, declaraciones solemnes y acusaciones contra sus adversarios.
Pues no.
Y, por si todavía no ha quedado suficientemente claro, vuelvo a insistir:
SI SUS INTENCIONES SON «DECENTES», COMPAREZCAN ANTE LOS ESPAÑOLES Y EXPLIQUEN SU PLAN PARA REGENERAR ESPAÑA.
Expliquen qué van a hacer.
Cómo piensan hacerlo.
Cuándo.
Cuánto costará.
De dónde saldrá el dinero.
Qué están dispuestos a sacrificar de sus respectivas propuestas para alcanzar acuerdos.
Y qué responsabilidades asumirán si incumplen lo prometido.
Porque los españoles no tenemos por qué seguir entregando cheques en blanco a quienes solicitan nuestra confianza.
Y porque sería francamente lamentable comprobar, una vez más, que después de tanta promesa de regeneración lo único verdaderamente regenerado ha sido el nombre de quienes ocupan los despachos oficiales.
NO QUEREMOS UNA SIMPLE MUDANZA EN LA MONCLOA. QUEREMOS SABER QUÉ PRETENDEN HACER CON EL ESTADO.
Y antes de confiarles su administración, queremos conocer las condiciones.
No parece demasiado pedir.
Aunque, visto lo visto, para ciertos políticos pedir explicaciones antes de votar sigue siendo una extravagancia.
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN
26 de octubre de 2026