RAMIRO GRAU MORANCHO: «ESPAÑA NECESITA UNA REGENERACIÓN PROFUNDA, NO OTRO CAMBIO DE INQUILINO EN LA MONCLOA»
Entrevista de Carlos Aurelio Caldito Aunión para VOZ IBÉRICA
Octubre de 2026

Ramiro Grau Morancho es abogado, escritor, ex fiscal y profesor de Derecho. Hombre poco dado a los eufemismos, lleva años sosteniendo que buena parte de los males políticos de España no proceden únicamente de quienes ocupan circunstancialmente el Gobierno, sino de unas estructuras que permiten a los partidos colonizar instituciones, multiplicar administraciones, repartir cargos y eludir responsabilidades.
Casi cuarenta y ocho años después de la Constitución de 1978, las preguntas resultan inevitables.
España soporta una deuda pública que en el segundo trimestre de 2026 ascendía a 1,763 billones de euros, el 101,4 % del PIB. Banco de España La esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, ha sido enviada a juicio oral por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. RTVE.es Ceuta trata todavía de recuperarse de la entrada masiva de inmigrantes procedentes de Marruecos durante el verano, mientras una investigación judicial intenta esclarecer qué ocurrió y cuál fue la respuesta del Gobierno. El País Y los Reyes viajarán a Ceuta y Melilla los próximos días 13 y 14 de octubre, en la primera visita de Felipe VI como monarca a ambas ciudades. El País
Hablamos de todo ello con Ramiro Grau Morancho.
«ESPAÑA SE HA CONVERTIDO EN UNA PARTITOCRACIA»
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.— Don Ramiro, empecemos por el principio. Casi medio siglo después de la Constitución de 1978, ¿qué balance hace de la democracia española?
RAMIRO GRAU MORANCHO.— Bastante malo.
Porque una cosa es votar y otra vivir en una democracia de calidad.
España se ha convertido en una partitocracia. Los ciudadanos votamos unas listas confeccionadas por las direcciones de los partidos y los elegidos saben perfectamente que su futuro depende mucho más de quien los coloca en esas listas que de quien deposita la papeleta en la urna.
Eso produce disciplina de partido, obediencia y servidumbre.
El diputado debería representar a los ciudadanos.
En demasiadas ocasiones representa a quien decide si vuelve a ser diputado dentro de cuatro años.
Ahí empieza una parte importante del problema.
—¿Está diciendo que nuestra democracia es sólo formal?
—Digo que posee graves deficiencias.
Tenemos elecciones, naturalmente.
Tenemos pluralismo político.
Tenemos libertades.
Pero la democracia no se agota en introducir una papeleta en una urna cada cuatro años.
También exige separación efectiva de poderes, controles, responsabilidad, instituciones independientes y representantes capaces de enfrentarse incluso a su propio partido.
Y ahí tenemos bastante que mejorar.
EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS
—¿Cuál considera el mayor error estructural cometido desde 1978?
—Probablemente, el Estado autonómico tal y como terminó construyéndose.
España necesitaba descentralización administrativa.
No necesitaba diecisiete pequeños Estados.
Porque eso es lo que hemos terminado creando en buena medida.
Diecisiete gobiernos.
Diecisiete parlamentos.
Consejerías.
Televisiones públicas.
Defensores.
Agencias.
Fundaciones.
Observatorios.
Empresas públicas.
Miles de altos cargos.
Asesores.
Gabinetes.
Y una burocracia gigantesca que se reproduce a sí misma.
—Sus defensores responden que acerca la Administración al ciudadano.
—Para acercar la Administración basta con descentralizar oficinas y competencias administrativas.
No necesito un pequeño parlamento para renovar una tarjeta sanitaria.
Ni un gobierno regional para que funcione un colegio.
Confundimos deliberadamente descentralización con construcción de estructuras políticas.
Y después llega la factura.
—¿También ha perjudicado a la unidad nacional?
—Sin ninguna duda.
Porque cada comunidad autónoma necesita justificar permanentemente por qué existe como entidad política diferenciada.
Y cuando un poder territorial necesita legitimarse empieza a fabricar diferencias.
Historia propia.
Identidad propia.
Lengua propia.
Símbolos propios.
Instituciones propias.
Relato propio.
Al final parece que España sea una especie de confederación accidental de territorios que apenas tienen nada que ver entre sí.
Y eso es históricamente falso.
LA TRANSICIÓN BAJO EXAMEN
—La Transición continúa siendo presentada como uno de los grandes éxitos de nuestra historia reciente. ¿Comparte esa veneración?
—No.
La Transición debe estudiarse como cualquier otro período histórico.
Sin estampitas.
Sin santos civiles.
Sin obligación de aplaudir.
Durante décadas se construyó un relato según el cual un grupo de políticos extraordinariamente generosos se reunió, dejó a un lado todos sus intereses y nos regaló la democracia.
Las cosas nunca son tan sencillas.
Hubo intereses.
Pactos.
Presiones.
Miedos.
Ambiciones.
Intervención extranjera.
Negociaciones desconocidas por los ciudadanos.
Y todo eso debe investigarse.
—¿Faltan archivos por abrir?
—Muchísimos.
Y una democracia adulta debería abrirlos.
Carrero Blanco.
La Transición.
Los servicios secretos.
El terrorismo.
El 23-F.
Las relaciones con Estados Unidos.
Las relaciones con Marruecos.
Todo.
La historia de España no pertenece a los gobiernos.
Pertenece a los españoles.
CARRERO BLANCO
—Detengámonos en Luis Carrero Blanco. Su asesinato cambió la historia de España.
—Por supuesto.
El 20 de diciembre de 1973 ETA asesina al presidente del Gobierno mediante una operación extraordinariamente compleja en pleno Madrid.
Durante semanas se excava un túnel.
Se acumulan explosivos.
Se prepara una operación de enorme envergadura en una zona especialmente sensible de la capital.
Y Henry Kissinger había visitado Madrid inmediatamente antes.
Resulta perfectamente legítimo preguntarse qué sabían los servicios secretos españoles y extranjeros.
—¿Cree que la CIA conocía la operación?
—Creo que es una posibilidad que merece ser investigada seriamente.
No necesito convertir una sospecha en dogma.
Necesito documentos.
Abramos los archivos norteamericanos.
Abramos los españoles.
Veamos qué sabía cada cual.
Y después podremos discutir con conocimiento.
Pero lo que no acepto es que la pregunta misma se considere inadmisible.
EL 23-F
—Otra gran cuestión pendiente: el 23-F. ¿Fue realmente lo que nos han contado?
—Creo que fue bastante más complejo.
Reducirlo todo a Tejero entrando en el Congreso con una pistola me parece infantil.
El dato fundamental es que Tejero rechaza la solución política que se le propone cuando conoce la composición del supuesto gobierno que iba a formarse bajo el general Armada.
Eso indica que allí había bastante más que una simple rebelión militar improvisada.
—¿Qué papel atribuye a Juan Carlos I?
—Creo que todavía desconocemos demasiado.
Durante muchos años se nos contó una narración casi cinematográfica: el Rey aparece, salva la democracia y todos volvemos tranquilamente a casa.
La historia suele ser bastante menos limpia.
Hay testimonios, movimientos y relaciones que siguen mereciendo estudio.
Yo no considero cerrado intelectualmente el 23-F.
JUAN CARLOS I Y EL DERRUMBE DE UN MITO
—La figura de Juan Carlos I ha cambiado radicalmente ante la opinión pública.
—Porque durante décadas se construyó una imagen idealizada.
Después hemos ido conociendo negocios, comisiones, cuentas, regalos, amistades y conductas personales que han destruido aquella imagen.
No me interesa la vida privada del Rey salvo cuando se mezcla con asuntos públicos.
Pero cuando aparecen millones, intermediarios y relaciones con gobiernos extranjeros, deja de ser simplemente vida privada.
—¿Cree que la prensa protegió durante años al monarca?
—Evidentemente.
Era prácticamente imposible encontrar determinadas informaciones en los grandes medios españoles.
Eso demuestra hasta qué punto puede existir una especie de pacto de silencio colectivo.
Y cuando casi todos los periódicos callan sobre algo que conocen, conviene preguntarse quién vigila al vigilante.
FELIPE VI: ¿PARA QUÉ SIRVE LA CORONA?
—¿Qué juicio le merece Felipe VI?
—Mucho más prudente que su padre, desde luego.
Pero la cuestión que yo plantearía es otra:
¿para qué sirve la Corona?
No me interesa la respuesta de manual según la cual el Rey arbitra, modera y representa.
Quiero saber qué utilidad práctica posee la institución cuando España atraviesa una crisis de primera magnitud.
—¿Le parece insuficiente su actuación?
—Creo que una monarquía que se reduzca al protocolo corre peligro de hacerse irrelevante.
El Rey no gobierna.
De acuerdo.
Pero habla.
Representa.
Convoca.
Recibe.
Advierte.
Posee una enorme autoridad simbólica.
Si renuncia incluso a eso, acabaremos teniendo una carísima oficina de protocolo.
CEUTA Y MELILLA
—Felipe VI y la reina Letizia visitarán Ceuta y Melilla los próximos días 13 y 14 de octubre.
—Y ya era hora.
Lo verdaderamente extraordinario es que consideremos noticia excepcional que el Rey de España viaje a dos ciudades españolas.
Ceuta es España.
Melilla es España.
No son territorios cuya españolidad deba someterse cada mañana al humor del Gobierno marroquí.
La visita tendrá un evidente significado político y simbólico. Será la primera de Felipe VI como Rey a ambas ciudades. El País
—¿Debería Pedro Sánchez acompañarlo?
—Yo lo haría.
Si existe algún lugar donde el Estado debe comparecer unido es precisamente allí donde un país vecino mantiene reivindicaciones territoriales.
Jefe del Estado.
Presidente del Gobierno.
Fuerzas Armadas.
Parlamento.
Todas las instituciones deberían transmitir el mismo mensaje:
Ceuta y Melilla son España.
Y no hay nada que negociar.
LA CRISIS DE CEUTA
—Ceuta acaba de atravesar una situación que difícilmente puede describirse como ordinaria.
—Lo ocurrido este verano es gravísimo.
No hablamos de unos cuantos centenares de personas intentando cruzar clandestinamente una frontera.
Hablamos de una entrada masiva capaz de desbordar completamente una ciudad.
Y, además, existen informaciones policiales que apuntan a la intervención de gendarmes marroquíes y agentes de paisano guiando las entradas. RTVE.es
Eso cambia radicalmente la naturaleza del problema.
—¿Ya no sería sólo inmigración irregular?
—Exactamente.
Si un Estado vecino utiliza población civil para presionar una frontera, estamos ante un problema de soberanía nacional.
Yo no lo reduciría a un asunto humanitario ni administrativo.
La frontera española ha sido atacada en su capacidad de control.
Y España tiene derecho a defenderla.
—Además existe ya una investigación judicial sobre la actuación del Gobierno.
—Lo cual me parece lógico.
Hoy mismo sabemos que la jueza María Tardón ha pedido al presidente de Ceuta que aporte el registro de llamadas realizadas a Pedro Sánchez y a su jefe de gabinete durante los días anteriores a la entrada masiva, precisamente para esclarecer cómo reaccionó La Moncloa ante las advertencias. El País
Eso debería aclararse hasta el último detalle.
¿Qué sabía el Gobierno?
¿Cuándo lo sabía?
¿Qué hizo?
¿Qué dejó de hacer?
Ésos son hechos comprobables.
MARRUECOS
—¿Considera a Marruecos un aliado?
—Considero a Marruecos un país vecino que defiende sus intereses.
Y hace bien.
Lo preocupante es que España no defienda los suyos con idéntica claridad.
En política internacional no existen amistades.
Existen intereses.
—Marruecos jamás ha renunciado a Ceuta y Melilla.
—Exactamente.
Y debemos dejar de comportarnos como si esa realidad desapareciera por no mencionarla.
Marruecos tiene una estrategia a largo plazo.
Presión diplomática.
Economía.
Frontera.
Migración.
Relaciones internacionales.
Y España necesita otra estrategia a largo plazo.
No improvisaciones cada cuatro años.
EL SÁHARA
—¿Qué importancia concede al giro de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental?
—Enorme.
Una política mantenida durante décadas cambió de manera abrupta mediante una carta cuya gestación todavía plantea muchas preguntas.
Aquello alteró nuestras relaciones con Marruecos y con Argelia.
Y todo ello ocurrió sin un gran debate nacional.
—¿Debió pasar por el Congreso?
—Una decisión estratégica de semejante magnitud debería debatirse exhaustivamente en las Cortes.
La política exterior no es propiedad privada del presidente del Gobierno.
El presidente representa temporalmente a España.
No es España.
PEGASUS
—Y apareció además el espionaje mediante Pegasus.
—Otro asunto que debería estar completamente esclarecido.
Si un Gobierno extranjero obtuvo información del teléfono del presidente del Gobierno español, quiero saber qué información.
Quién la obtuvo.
Cómo la obtuvo.
Y qué ocurrió después.
Eso no es curiosidad.
Es seguridad nacional.
—¿Ve relación entre Pegasus y el giro sobre el Sáhara?
—Veo motivos para preguntar.
Y no hay nada más sano en una democracia que hacer preguntas incómodas.
Si no existe relación, que los hechos lo demuestren.
Pero pretender que nadie establezca siquiera una relación temporal entre ambos acontecimientos es absurdo.
PEDRO SÁNCHEZ
—¿Qué representa Pedro Sánchez dentro de la historia reciente española?
—La culminación de muchos vicios del sistema.
Sánchez no inventó la partitocracia.
No inventó el endeudamiento.
No inventó la colonización partidista de instituciones.
No inventó los medios públicos utilizados como instrumentos políticos.
No inventó el reparto de cargos.
Pero ha llevado hasta límites extraordinarios esa forma de entender el poder.
—¿El problema de España es Sánchez?
—No.
Sánchez es un problema.
No el problema completo.
Ése es precisamente el error de quienes creen que bastará con echarlo de La Moncloa.
Supongamos que mañana se marcha.
¿Y después?
¿Continuarán las mismas estructuras?
¿Las mismas leyes?
¿Las mismas administraciones?
¿Los mismos organismos?
¿La misma deuda?
¿La misma forma de nombrar a los órganos institucionales?
Si es así, habremos cambiado al conductor y conservado el automóvil averiado.
EL PSOE COMO ESTRUCTURA DE PODER
—Usted es especialmente crítico con el PSOE.
—Porque lleva décadas demostrando una extraordinaria capacidad para ocupar el Estado.
No hablo de todos sus militantes ni de todos sus votantes.
Hablo de una estructura política.
Cuando un partido gobierna durante mucho tiempo termina tejiendo redes.
Administración.
Empresas públicas.
Sindicatos.
Medios.
Universidad.
Cultura.
Organismos públicos.
Es inevitable que esa red cree intereses propios.
—¿El felipismo fue decisivo?
—Absolutamente.
Felipe González comprendió perfectamente que gobernar no consiste únicamente en aprobar leyes.
Consiste también en colocar personas, crear estructuras, ocupar espacios culturales y establecer redes duraderas.
Aquello sobrevivió ampliamente a Felipe González.
BEGOÑA GÓMEZ Y LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA
—La esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, ha sido enviada a juicio oral.
—Y eso tiene una relevancia política indiscutible.
El juez Peinado abrió juicio oral en septiembre por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación, procedimiento que deberá resolverse mediante jurado popular. RTVE.es
Después será la Justicia quien determine las responsabilidades.
Pero la política no empieza y termina en el Código Penal.
—¿Qué quiere decir?
—Que responsabilidad política y responsabilidad penal son cosas distintas.
En España hemos desarrollado una idea disparatada:
mientras no exista sentencia penal firme, nadie debe responder por nada.
No.
Un político puede no haber cometido delito alguno y haber actuado de manera políticamente intolerable.
Para eso existe la responsabilidad política.
O debería existir.
JUSTICIA
—¿Cree que existe una verdadera separación de poderes?
—Insuficiente.
Tenemos jueces independientes.
Otra cosa son los mecanismos políticos de nombramiento de determinados órganos.
Cuando escucho hablar de vocales conservadores, vocales progresistas, magistrados próximos a unos o próximos a otros, algo falla.
Un juez no debería ser conservador del PP ni progresista del PSOE.
Debería aplicar la ley.
—¿Qué haría con el Consejo General del Poder Judicial?
—Sacarlo de las manos de los partidos.
Y establecer un sistema que garantice auténtica independencia.
Porque no basta con que un juez sea independiente.
El ciudadano tiene también que poder percibir esa independencia.
EL EXPEDIENTE ROYUELA
—Entremos en un asunto especialmente polémico: el llamado Expediente Royuela. ¿Qué valoración le merece?
—Creo que merece una investigación seria, profesional y completa.
No un circo.
No una tertulia.
Una investigación.
Si determinados documentos son falsos, determínese.
Si son auténticos, investiguemos sus consecuencias.
Pero no puede resolverse un asunto de esa gravedad simplemente diciendo que todo es una locura y marchándose a casa.
—¿Le sorprende que algunas de las personas señaladas no hayan acudido masivamente a los tribunales?
—Me llama la atención.
Si alguien me acusara públicamente de hechos monstruosos que yo supiera completamente falsos, utilizaría todos los mecanismos legales a mi alcance.
No digo que el silencio pruebe nada.
Digo que merece atención.
FELIPE GONZÁLEZ Y LOS AÑOS OCHENTA
—¿Qué queda del felipismo?
—Muchísimo.
Su manera de entender el poder.
Su relación con determinados medios.
El entramado político, económico y sindical.
La utilización de las instituciones.
Y también determinados episodios que España parece haber archivado demasiado deprisa.
—¿GAL, Filesa, Roldán…?
—Por supuesto.
Todo eso existió.
No lo inventó nadie cuarenta años después.
La democracia española convivió con gravísimos escándalos.
Y nuestra capacidad colectiva para olvidar resulta extraordinaria.
LA HEROÍNA Y LOS AÑOS OCHENTA
—Usted ha sido muy crítico con lo sucedido con las drogas durante aquellos años.
—Porque una generación entera fue devastada por la heroína.
Barrios enteros quedaron destrozados.
Miles de jóvenes murieron.
Miles de familias quedaron arruinadas.
Y siempre me ha llamado la atención la facilidad con la que llegaban cantidades enormes de droga mientras las investigaciones parecían detenerse demasiadas veces en los escalones inferiores.
—¿Insinúa connivencia?
—Digo que cuando una actividad criminal mueve semejantes cantidades de dinero debemos investigar corrupción, protección, negligencia y complicidades.
Eso ocurre en cualquier país.
El narcotráfico necesita comprar voluntades.
Policías.
Funcionarios.
Políticos.
Empresarios.
Quien crea que los grandes narcotraficantes trabajan simplemente escondidos detrás de un arbusto desconoce cómo funciona el crimen organizado.
EL CAMPO DE GIBRALTAR
—Hoy ese problema vuelve a aparecer con enorme fuerza en el Campo de Gibraltar.
—Y nuevamente comprobamos qué ocurre cuando el Estado pierde autoridad.
Un narcotraficante puede disponer de embarcaciones potentísimas, comunicaciones, vigilantes, dinero abundante y una estructura logística formidable.
Frente a eso hace falta un Estado fuerte.
No más burocracia.
Más Estado precisamente donde el Estado resulta imprescindible.
EL 11-M
—¿Considera definitivamente cerrado el 11-M?
—Judicialmente existe una sentencia.
Históricamente, ninguna sentencia obliga a cerrar un período de investigación.
El historiador puede seguir estudiando.
El periodista puede seguir preguntando.
El ciudadano puede continuar leyendo.
—¿Cree que quedan incógnitas?
—Sí.
Y considero perfectamente legítimo estudiar todas las hipótesis mientras se distinga entre hecho probado, indicio y conjetura.
Lo que me molesta es esa expresión comodín de «teoría de la conspiración».
Se utiliza demasiadas veces para evitar discutir datos.
—Aznar afirmó que quienes idearon los atentados no estaban en montañas lejanas.
—Y me encantaría que desarrollase aquella afirmación de manera completa.
De hecho, me sorprende que no se le haya exigido una explicación mucho más extensa.
Si un expresidente del Gobierno posee información relevante sobre el mayor atentado de nuestra historia reciente, los españoles tenemos derecho a conocerla.
AZNAR
—¿Cómo juzga a José María Aznar?
—Como un buen gestor económico que desaprovechó una oportunidad histórica.
Tuvo mayoría absoluta.
Pudo realizar grandes reformas estructurales.
No las hizo.
—¿Cuáles?
—Justicia.
Educación.
Estado autonómico.
Administración.
Sistema electoral.
Medios públicos.
Universidad.
La derecha española ha tenido una extraña costumbre:
llegar al poder para administrar las estructuras ideológicas construidas por la izquierda.
Así es imposible transformar un país.
LA UNIVERSIDAD
—Usted conoce especialmente bien la Universidad. ¿Está ideologizada?
—Muchísimo.
Y eso es gravísimo.
Una universidad debe ser justamente el lugar donde pueda afirmarse casi cualquier cosa siempre que se argumente.
Sin embargo, existen ambientes académicos donde determinadas ideas son prácticamente dogmas y otras producen sospecha inmediata.
Eso destruye el pensamiento.
—¿Existe una hegemonía cultural de la izquierda?
—Desde hace décadas.
La izquierda comprendió que el poder cultural precede muchas veces al poder político.
Educación.
Universidad.
Cine.
Televisión.
Literatura.
Periodismo.
Lenguaje.
Todo eso determina qué ideas parecen respetables y cuáles parecen inadmisibles antes incluso de discutirlas.
La derecha tardó décadas en comprenderlo.
Y quizá todavía no lo haya comprendido.
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
—¿Qué responsabilidad atribuye a los periodistas?
—Enorme.
Pero distinguiría entre periodistas y empresas periodísticas.
Hay excelentes periodistas.
El problema es un sistema en el que demasiados medios dependen en parte de publicidad institucional, subvenciones, ayudas o decisiones administrativas.
—¿Eso compra voluntades?
—Puede comprarlas.
Y aunque no las compre directamente, crea dependencia.
Si una administración puede decidir qué medio recibe cientos de miles de euros en publicidad y cuál no recibe nada, posee un instrumento de presión formidable.
—¿Eliminaría esas ayudas?
—Prácticamente todas.
Que el lector mantenga al periódico que desea leer.
Y que cada partido pague su propaganda con su dinero.
No con el mío.
UNA DEUDA DE 1,763 BILLONES
—Hablemos de dinero. La deuda pública española alcanzó en el segundo trimestre de 2026 los 1,763 billones de euros, el 101,4 % del PIB.
—Es una barbaridad aunque la ratio sobre el PIB haya descendido algo.
Porque la cantidad absoluta sigue creciendo.
El Banco de España señala además un aumento interanual del 4,3 %. Banco de España
Y todo eso habrá que pagarlo.
—¿Vivimos por encima de nuestras posibilidades públicas?
—Naturalmente.
El político posee un incentivo perverso.
Gasta hoy.
Obtiene votos hoy.
Y la deuda la paga otro mañana.
Quizá otro gobierno.
Quizá otra generación.
Es el negocio perfecto.
—¿Qué haría?
—Una auditoría integral del sector público.
Y cuando digo integral quiero decir integral.
Ministerios.
Comunidades autónomas.
Diputaciones.
Ayuntamientos.
Empresas públicas.
Fundaciones.
Agencias.
Consorcios.
Observatorios.
Todo.
—¿Y después?
—Tres preguntas para cada organismo:
¿Para qué sirve?
¿Cuánto cuesta?
¿Qué ocurriría si mañana desapareciera?
Si nadie es capaz de responder satisfactoriamente, fuera.
EL JUICIO DE RESIDENCIA
—Ha mencionado usted en diversas ocasiones una institución antigua que quizá merecería rescatarse: el juicio de residencia. Explíquelo.
—Es una de esas instituciones españolas que demuestra que nuestros antepasados comprendían perfectamente algo que nosotros hemos olvidado.
Quien ejerce poder debe rendir cuentas al terminar.
No recibir una medalla.
Rendir cuentas.
—¿Cómo lo trasladaría al siglo XXI?
—Muy sencillo.
Presidente del Gobierno.
Ministros.
Presidentes autonómicos.
Consejeros.
Alcaldes de grandes municipios.
Altos cargos.
Cuando abandonen sus puestos, auditoría.
Qué patrimonio tenían al llegar.
Qué patrimonio tienen al marcharse.
Qué prometieron.
Qué hicieron.
Qué gastaron.
Qué contratos firmaron.
Qué decisiones adoptaron.
Qué resultado obtuvieron.
—¿Con consecuencias?
—Si no hay consecuencias, no hay rendición de cuentas.
Hay literatura administrativa.
UN ESTADO MÁS PEQUEÑO Y MÁS FUERTE
—¿Defiende menos Estado?
—Defiendo menos grasa y más músculo.
No quiero un Estado débil.
Quiero un Estado fortísimo donde debe serlo.
Defensa.
Justicia.
Seguridad.
Fronteras.
Grandes infraestructuras.
Igualdad ante la ley.
—¿Y menos Estado dónde?
—Donde simplemente sirve para colocar gente, producir reglamentos inútiles o duplicar administraciones.
Menos observatorios.
Menos asesores.
Menos televisiones públicas.
Menos coches oficiales.
Menos altos cargos.
Y mejores jueces, mejores policías, mejores médicos y mejores profesores.
INMIGRACIÓN
—¿Qué política migratoria propone?
—La normal en cualquier Estado digno de ese nombre.
Entra quien tiene autorización.
Permanece quien cumple los requisitos legales.
Y quien entra ilegalmente y no tiene derecho a permanecer debe regresar.
Una frontera que el Estado no controla no es frontera.
—¿Y el argumento humanitario?
—Humanidad y fronteras no son conceptos incompatibles.
Podemos tratar dignamente a cualquier persona y al mismo tiempo aplicar la ley.
Confundir humanidad con inexistencia de fronteras es una manipulación.
PP Y VOX
—¿Qué espera de PP y VOX?
—Mucho más que decir que hay que echar a Sánchez.
Eso lo puede decir cualquiera.
Quiero saber qué harán después.
—¿Qué deberían explicar?
—Qué leyes derogarán.
Qué organismos cerrarán.
Qué impuestos reducirán.
Qué gasto eliminarán.
Qué harán con la deuda.
Qué harán con las autonomías.
Qué reforma judicial proponen.
Qué política educativa.
Qué política migratoria.
Qué política exterior.
Qué harán con Ceuta y Melilla.
Y en qué plazo.
—¿Deberían acordar un programa antes de las elecciones?
—Naturalmente.
Si saben que probablemente tendrán que entenderse para gobernar, lo honrado es decir antes qué pretenden hacer juntos.
No después.
Quiero votar un programa.
No un misterio.
¿UNA NUEVA CONSTITUCIÓN?
—¿Necesita España una nueva Constitución?
—Antes necesita saber qué quiere ser.
Cambiar una Constitución sin haber resuelto las cuestiones de fondo puede empeorar todavía más las cosas.
¿Queremos mantener este Estado autonómico?
¿Queremos separación efectiva de poderes?
¿Queremos listas abiertas?
¿Queremos representantes vinculados realmente a sus electores?
¿Queremos recentralizar competencias?
Primero respondamos.
Después escribamos.
PODERES QUE NO SALEN EN LAS PAPELETAS
—¿Existe poder político fuera de las instituciones democráticas?
—Naturalmente.
Quien piense que todo el poder mundial está sentado en los parlamentos vive en un cuento infantil.
Existen grandes corporaciones.
Bancos.
Fondos de inversión.
Servicios secretos.
Grupos de presión.
Organizaciones internacionales.
Fundaciones.
Medios de comunicación.
Instituciones financieras.
Todos intentan influir.
—¿Y reuniones como Bilderberg?
—Me parece legítimo preguntarse qué se habla cuando personas extraordinariamente poderosas se reúnen privadamente.
Si la reunión carece de importancia, llama la atención que acudan personas tan importantes.
No hace falta imaginar una logia gobernando el planeta para comprender que las élites económicas, políticas y mediáticas se relacionan entre sí.
«TODO EL MUNDO MANDA Y NADIE RESPONDE»
—Si tuviera que identificar una sola enfermedad del sistema español, ¿cuál sería?
—La irresponsabilidad.
Todo el mundo manda.
Nadie responde.
Se gastan miles de millones.
Nadie responde.
Se aprueban leyes desastrosas.
Nadie responde.
Se destruye un servicio público.
Nadie responde.
Se produce una crisis monumental.
Nadie dimite.
Eso es letal.
¿QUÉ QUEDA DE ESPAÑA?
—Después de semejante diagnóstico, sorprende que siga siendo optimista.
—Soy optimista respecto a España.
No necesariamente respecto a quienes la administran.
España posee una sociedad mucho mejor que buena parte de su clase política.
Millones de españoles trabajan todos los días.
Madrugan.
Crean empresas.
Atienden enfermos.
Enseñan.
Cultivan la tierra.
Conducen camiones.
Investigan.
Cuidan a sus familias.
Sirven en la Policía, la Guardia Civil o las Fuerzas Armadas.
Esa España funciona.
—¿Y cuál no funciona?
—La España parasitaria.
La que convierte la política en profesión.
La que necesita inventar cargos.
La que vive del presupuesto.
La que crea un organismo para solucionar un problema y después necesita mantener el problema para justificar el organismo.
Ahí está buena parte del drama.
LA PREGUNTA FINAL
—Supongamos que mañana llega a La Moncloa un nuevo presidente del Gobierno. Le permiten hablar cinco minutos con él. ¿Qué le diría?
—Le diría que mire bien el despacho.
La mesa.
Los cuadros.
Los jardines.
El coche oficial.
El BOE.
Y que recuerde algo elemental:
nada de eso es suyo.
Ni La Moncloa.
Ni los ministerios.
Ni RTVE.
Ni la Policía.
Ni la Guardia Civil.
Ni las Fuerzas Armadas.
Ni Hacienda.
Ni el dinero que recauda.
Y, desde luego, España tampoco es suya.
Está allí temporalmente.
Administrando bienes ajenos.
—¿Y cuál sería su última frase?
—Muy sencilla:
«Cuando se marche, deje España mejor de como la encontró. Y después rinda cuentas».
Eso debería ser gobernar.
Todo lo demás es apropiarse del poder.
EPÍLOGO
Casi medio siglo después de 1978, España continúa discutiendo quién debe ocupar La Moncloa mientras quizá deja sin responder una pregunta mucho más importante:
¿cuánto poder queremos entregar a quien llegue a ocuparla?
Gobiernos, ministros, diputados y partidos pasan.
Las deudas permanecen.
Las leyes permanecen.
Las instituciones permanecen.
Las consecuencias permanecen.
Tal vez por eso la vieja idea del juicio de residencia resulte hoy sorprendentemente moderna.
Quien gobierna recibe temporalmente poderes que no son suyos.
Quien administra dispone de dinero que no es suyo.
Quien legisla decide sobre vidas que no son suyas.
Y precisamente por eso debería existir una regla tan antigua como elemental:
quien manda, responde.
No dentro de veinte años.
No cuando publique sus memorias.
No cuando prescriba todo.
Al abandonar el cargo.
Con cifras.
Con documentos.
Con patrimonio.
Con resultados.
Con responsabilidades.
La regeneración política española acaso empiece justamente ahí: cuando dejemos de preguntar únicamente quién gobernará mañana y empecemos a exigir que quien gobierne mañana sepa desde el primer día que, al terminar, tendrá que explicar qué ha hecho con España.
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN
VOZ IBÉRICA
Octubre de 2026