Sindicatos Horizontales.
RAMIROS GRAU MORANCHO.

La proximidad de la huelga del próximo día 11 de noviembre, me lleva a reflexionar sobre el papel de los sindicatos en España, y el carácter político de los mismos, a diferencia de la mayoría de los sindicatos en los países de nuestro entorno, que asumen la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores, no funciones de representación política, propias de los partidos.
El propio carácter de sucesores de los llamados Sindicatos Verticales, del régimen de Franco, que acogían tanto a trabajadores como a empresarios, bajo la tutela del Estado, a través de la Delegación Nacional de Sindicatos, ha hecho que se hayan beneficiado del “patrimonio sindical”, formado por todos los inmuebles propiedad de la Organización Sindical, y fruto de cuarenta años de cotizaciones sindicales obligatorias.
El gobierno de la UCD, y los sucesivos gobiernos, cedieron ese rico patrimonio sindical única y exclusivamente a los sindicatos, no así a los empresarios, que tuvieron que buscarse inmuebles donde desarrollar sus actividades –a pesar de que habían contribuido tanto o más que los trabajadores a su construcción o adquisición-, y en nombre de unas pretendidas devoluciones del patrimonio incautado a los sindicatos existentes cuando estalló la guerra civil –entre los que no estaba CC.OO, pues se fundó muy posteriormente-, se les otorgó el derecho de uso y disfrute de centenares de inmuebles, situados en todas las capitales de provincia, y ciudades más importantes de España, y en los mejores lugares, a modo de compensación, y de una forma bastante soterrada, carente de información pública.
Hubiera sido mucho más beneficioso para el Estado su venta, al propio sector público, caso de precisarlos, o a particulares, o su arrendamiento, e indemnizar, por una sola vez, y con los intereses correspondientes, el justiprecio del famoso patrimonio sindical acumulado, única y exclusivamente a los sindicatos existentes en 1936: UGT, CNT, y pocos más. Y desde luego, no a CC.OO, como dije antes y repito ahora, pues la verdad sólo es una.
Con este chantaje inmobiliario, por decirlo de alguna manera, se ayudaba a estos incipientes sindicatos -que vamos a llamar horizontales, para diferenciarlos de los verticales anteriores- a implantarse en todo el territorio nacional, para que pudieran desarrollarse y contribuir a la paz social, mediante la firma de convenios colectivos, la celebración periódica de elecciones sindicales, etc.
¿Y cuál ha sido el resultado? Pues que cuando hay gobiernos de izquierdas –al menos nominalmente como ahora-, no se cantean, pasan desapercibidos, y si se manifiestan es contra los empresarios, como pretenden hacer el próximo día 11 de noviembre, repito, no contra el gobierno –que es de su cuerda- y del que han sido fieles compañeros de viaje, y digo compañeros por no decir cómplices…
Se ha usado y abusado de la figura del liberado sindical, y la prueba más evidente es que se niegan a decir la cifra de los miles y miles de sindicalistas que viven sin dar palo al agua en sus empresas respectivas, pero eso sí, dando la tabarra a todas horas a los empresarios y directivos correspondientes, como si no tuvieran bastantes problemas con la situación económica en general, y la española en particular.
Y se ha creado una casta de “intocables”, que se perpetúan en los cargos, que viven como príncipes rusos en el exilio, y que nadie sabe si han trabajado alguna vez, y de qué. Yo, desde luego, desconozco cuál ha sido la actividad laboral de don Cándido Méndez, si es que ha tenido alguna, y lo mismo puedo decir de don Ignacio Fernández Toxo. Y todos sus sucesores…
En resumen, forman parte de un sindicalismo bufón, de opereta, que trabajan tumbados, por eso les llamo sindicatos horizontales. ¡Pobres trabajadores que confíen en ellos!
Y lo peor del caso es que un sindicalismo de verdad no solo es necesario, sino incluso imprescindible para la defensa de los derechos e intereses legítimos de los trabajadores españoles, en un sentido amplio, e incluyendo por tanto a las clases pasivas y a los desempleados, a los que también se ha dejado a su suerte…
Ramiro Grau Morancho,
Académico, jurista y escritor.