REAL MADRID VERSUS PARÍS SAINT-GERMAIN: LAS COMPARACIONES SÍ SON ODIOSAS…

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Dos modelos de gestión, tanto técnica como financiera. Cuando unos coleccionan estrellas y otros construyen un equipo para jugar al fútbol.

21 de octubre de 2026

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.

Hay una vieja sentencia, repetida por quienes suelen salir malparados de ellas, según la cual las comparaciones son odiosas.

Naturalmente que lo son. Sobre todo cuando dejan a alguien con las vergüenzas al aire.

Y si hablamos del Real Madrid y del París Saint-Germain, la comparación resulta especialmente divertida. Porque estamos ante dos gigantes del fútbol europeo, dos empresas que mueven cientos de millones de euros, dos instituciones con ambiciones planetarias y dos maneras bastante diferentes de entender el negocio de dar patadas a un balón.

Una precisión inicial: el Real Madrid tiene quince Copas de Europa y el PSG solamente dos. Eso no se discute. Tampoco se discute que las últimas dos las ha ganado el equipo parisino, en 2025 y 2026, mientras el club blanco lleva dos temporadas viendo las finales por televisión.

Por tanto, no estamos comparando el pasado de uno con el de otro, sino su presente, sus decisiones y, sobre todo, la relación entre lo que gastan, cómo lo gastan y qué obtienen a cambio.

Porque una cosa es tener mucho dinero y otra, bastante distinta, saber qué hacer con él.

I. EL PSG: CUANDO EL JEQUE DESCUBRIÓ QUE EL FÚTBOL SE JUEGA CON ONCE

Durante años, el París Saint-Germain practicó una peculiar modalidad de fútbol que podríamos denominar el campeonato mundial de los talonarios.

Llegaron Neymar, Messi, Mbappé y otros futbolistas extraordinarios, acompañados de contratos que habrían permitido financiar el presupuesto anual de algún pequeño Estado africano.

El fichaje de Neymar costó 222 millones de euros. El de Mbappé, alrededor de 180 millones.

Y el club parisino, más que un equipo de fútbol, parecía el escaparate de una joyería de la plaza Vendôme.

El problema de las joyerías es que las joyas no suelen correr, presionar, recuperar balones ni sacrificarse por sus compañeras.

Eso deben hacerlo los futbolistas.

Y resulta que, con tanta estrella, tanta celebridad y tanto ego por metro cuadrado, el PSG no conseguía ganar la dichosa Liga de Campeones.

Hasta que llegó Luis Enrique.

El asturiano, que tiene fama de testarudo y unas maneras que no siempre invitan a tomar café con él, comprendió algo que los multimillonarios propietarios del club habían tardado demasiado en descubrir:

El fútbol es un deporte colectivo, no una exposición de millonarios en pantalón corto.

Con la salida de Messi, Neymar y finalmente Mbappé, el PSG abandonó la dependencia de sus grandes celebridades y reconstruyó su plantilla alrededor de un proyecto futbolístico.

¡Y vaya casualidad!

En 2025 ganó su primera Champions, goleando al Inter de Milán por 5-0.

En 2026 volvió a ganarla, esta vez contra el Arsenal, en la tanda de penaltis.

Dos títulos consecutivos.

Precisamente cuando había desaparecido de su vestuario el futbolista que parecía imprescindible para conquistarlos.

El fútbol tiene estas bromas. Algunas son verdaderamente crueles.

II. LUIS ENRIQUE: EL ENTRENADOR QUE ENTRENA

Luis Enrique no ha inventado el fútbol. Ni falta que le hace.

Ha hecho algo bastante más práctico: construir un equipo reconocible, disciplinado, solidario y competitivo.

En el PSG hay talento a raudales. Dembélé, Vitinha, Fabián Ruiz, João Neves, Désiré Doué y otros jugadores de altísimo nivel no son precisamente aficionados que hayan acudido a París con una mochila y un bocadillo.

Pero existe una diferencia fundamental.

Las individualidades están al servicio del equipo, y no el equipo al servicio de las individualidades.

Se presiona, se recupera, se circula el balón, se ocupan los espacios y se trabaja colectivamente.

Si un futbolista pierde la pelota, no espera que un criado vaya a recuperarla. Se pone a trabajar.

Luis Enrique ha conseguido, además, que futbolistas excelentes, pero no siempre suficientemente valorados, alcancen un rendimiento extraordinario.

Ahí está Fabián Ruiz, convertido en uno de los grandes organizadores del fútbol europeo.

Ahí está Vitinha, manejando los tiempos del partido.

Ahí está Doué, aportando talento y descaro.

Y ahí está Dembélé, que ha pasado de representar la irregularidad más desesperante a convertirse en un futbolista decisivo.

El PSG conserva figuras. Lo que ha dejado de hacer es arrodillarse ante ellas.

Y la prueba más reciente llegó ayer, 20 de octubre, con la victoria por 4-2 sobre el Barcelona.

No fue una casualidad ni una ocurrencia táctica. Fue una demostración de madurez de un equipo que sabe lo que quiere hacer sobre el terreno de juego.

Una diferencia considerable respecto de quienes parecen descubrir su sistema de juego después de que el adversario les haya marcado dos goles.

III. EL REAL MADRID: FLORENTINO, LOS GALÁCTICOS Y EL MISTERIO DEL CENTRO DEL CAMPO

Y llegamos al Real Madrid.

Un club extraordinario, de una dimensión histórica incomparable, capaz de reunir a generaciones de futbolistas excepcionales y de lograr hazañas deportivas que ningún otro equipo europeo ha conseguido igualar.

Precisamente por eso resulta tan irritante comprobar algunas de sus decisiones.

Florentino Pérez es, probablemente, uno de los dirigentes deportivos que mejor ha comprendido cómo convertir un club de fútbol en una inmensa empresa internacional.

Su capacidad para generar ingresos resulta indiscutible.

Pero una cosa es dirigir una multinacional del entretenimiento y otra construir un equipo equilibrado.

El Real Madrid conquistó su decimoquinta Copa de Europa en 2024, antes de incorporar a Mbappé.

Y aquí comienza la parte más divertida de la historia.

El PSG pierde a Mbappé y gana dos Champions.

El Real Madrid incorpora a Mbappé, un delantero formidable, y no consigue disputar ninguna de las dos finales siguientes.

¿Significa eso que Mbappé es un mal futbolista?

En absoluto.

Significa que fichar al mejor delantero disponible no equivale necesariamente a mejorar el funcionamiento colectivo del equipo.

Sobre todo cuando tienes otros atacantes de características semejantes, jugadores que prefieren recibir el balón en determinados espacios y una medular que ha perdido a Kroos y Modrić, dos de los grandes arquitectos del fútbol madridista.

Porque, aunque algunos dirigentes parezcan olvidarlo, el centro del campo existe.

No es una franja decorativa entre los defensas y los delanteros.

Sirve para organizar, distribuir, recuperar, defender, atacar y gobernar el partido.

Un pequeño detalle técnico, al parecer.

IV. TRES ENTRENADORES Y UN MISMO PROBLEMA

La sucesión de entrenadores también permite apreciar las diferencias.

Mientras Luis Enrique ha disfrutado de continuidad y de un proyecto construido a su alrededor, el Real Madrid ha pasado por Xabi Alonso, Álvaro Arbeloa y, desde julio de 2026, José Mourinho.

Tres entrenadores en poco más de un año.

Casi tantos cambios de responsable técnico como modelos tácticos se han ensayado.

Mourinho ha regresado al Bernabéu con su conocida personalidad, sus virtudes, sus defectos y esa capacidad para convertir una rueda de prensa en un espectáculo que, en ocasiones, resulta más entretenido que el partido.

Pero no se le puede atribuir toda la responsabilidad de una planificación deportiva anterior a su llegada.

Su tarea consiste precisamente en corregirla.

Y los últimos encuentros ofrecen ejemplos bastante ilustrativos.

Contra la Roma, el Real Madrid remontó un 3-1 y terminó ganando 3-4. Una hazaña extraordinaria que, sin embargo, no debe ocultar que durante buena parte del partido fue superado tácticamente.

Contra el Sevilla, la victoria por 4-1 dejó una enseñanza interesante: Arda Güler, Endrick y Yan Diomande demostraron que el equipo también puede funcionar con futbolistas jóvenes, dinámicos y dispuestos a trabajar sin exigir previamente una alfombra roja.

Hasta Mourinho ha proclamado que ningún jugador es intocable y que el único intocable es el escudo.

Magnífica declaración.

Ahora falta comprobar si esa doctrina se aplica cuando toca sentar en el banquillo a alguien cuyo salario permite comprar una urbanización entera.

Porque en el fútbol moderno existe una enfermedad especialmente peligrosa: confundir el precio de adquisición con el derecho perpetuo a jugar.

V. LA CUENTA DE RESULTADOS: AQUÍ FLORENTINO SÍ GANA POR GOLEADA

Ahora abandonemos el césped y entremos en los despachos.

Aquí cambia el marcador.

El Real Madrid conserva una fortaleza económica muy superior a la del PSG.

Veamos las cifras correspondientes a la temporada 2024-2025, para comparar el mismo ejercicio.

ConceptoReal MadridPSG
Ingresos anuales aproximados1.185 millones €837 millones €
Resultado neto+24,3 millones €−40,1 millones €
Modelo de propiedadSociosInversores privados, con mayoría de QSI

El contraste es elocuente.

El Real Madrid gana dinero.

El PSG todavía perdía dinero incluso después de conquistar su primera Champions.

Y conviene subrayarlo porque algunos comentaristas confunden ganar títulos con tener una buena contabilidad.

Son dos asuntos diferentes.

En la temporada 2025-2026, el Real Madrid ha elevado sus ingresos hasta 1.221 millones de euros, con un beneficio neto de 26,3 millones.

Su Santiago Bernabéu se ha convertido en una formidable instalación comercial, capaz de generar ingresos mucho más allá de los partidos de fútbol.

Eso sí, tampoco conviene contar solamente la parte agradable del cuento.

La remodelación del estadio representa una inversión acumulada superior a 1.400 millones de euros, con financiación específica pendiente por unos 1.108 millones al cierre de junio de 2026.

El club distingue esa financiación de su deuda ordinaria. Correcto. Pero los préstamos no desaparecen porque los traslademos a una casilla distinta del balance.

El Bernabéu es una inversión gigantesca que tiene que seguir produciendo ingresos suficientes para justificar su coste.

Por otra parte, el Real Madrid pertenece a sus socios, mientras el PSG responde a unos propietarios privados encabezados por Qatar Sports Investments.

No son modelos de propiedad equivalentes.

Y sería absurdo ocultar que el PSG ha necesitado durante años una extraordinaria capacidad de financiación para levantar su imperio deportivo.

Por tanto, financieramente, el Real Madrid sigue siendo una referencia mundial.

El problema es que los balances no marcan goles, por muy hermosos que resulten sus números.

VI. EL PSG TAMBIÉN HA APRENDIDO A VENDER: ¡MILAGRO EN PARÍS!

Pero sería un error creer que en París siguen arrojando billetes por las ventanas.

Precisamente uno de los cambios más importantes del PSG está en su política de contrataciones, salarios y traspasos.

La dirección deportiva de Luis Campos, en colaboración con Luis Enrique, ha sustituido progresivamente la antigua obsesión por contratar celebridades por una estrategia basada en las necesidades de la plantilla, la edad, la proyección y la utilidad futbolística.

Y también en algo muy vulgar, pero bastante importante: vender jugadores.

Según informó El País en septiembre de 2026, el club parisino obtuvo alrededor de 400 millones de euros por el traspaso de seis futbolistas que no se habían consolidado como titulares habituales.

Entre ellos, Barcola, Kang-in Lee, Kolo Muani y Gonçalo Ramos.

No todo ese dinero constituye beneficio, evidentemente, porque hay que descontar los costes de adquisición y los efectos contables correspondientes.

Pero la operación revela un cambio de mentalidad.

El antiguo PSG compraba jugadores a precio de oro y luego descubría que desprenderse de ellos podía ser casi tan complicado como encontrar comprador para un submarino usado.

El nuevo PSG compra, desarrolla, aprovecha y vende.

De hecho, el propio club asegura haber reducido considerablemente el peso de los salarios sobre sus ingresos, desde niveles que superaban el 111% hasta situarlo por debajo del 65%.

Todavía tiene que consolidar su rentabilidad, pero ha dejado de comportarse como si el dinero fuese un recurso natural que brota indefinidamente de los pozos de gas.

Y esta es una enseñanza que Florentino Pérez debería examinar con atención.

Porque no basta con saber fichar.

Hay que saber cuándo fichar, para qué fichar, cuánto pagar, cuándo renovar y, sobre todo, cuándo vender.

El jugador extraordinario puede ser un activo formidable.

El jugador extraordinario que condiciona toda la planificación deportiva puede convertirse en un problema extraordinariamente caro.

VII. LA DICTADURA DE LAS CAMISETAS

Existe otro aspecto sobre el que conviene reflexionar.

El fútbol profesional se ha convertido en una inmensa industria publicitaria.

Los grandes clubes venden camisetas, derechos audiovisuales, contratos de patrocinio, experiencias comerciales y una cantidad considerable de ilusiones.

Nada hay de malo en ello.

El problema comienza cuando las exigencias comerciales determinan las decisiones deportivas.

Cuando se ficha pensando más en los millones de seguidores de un futbolista que en la posición que debe ocupar.

Cuando el departamento comercial parece tener más influencia que el entrenador.

Cuando sentar a una estrella supone un conflicto institucional.

Y cuando desprenderse de un jugador se convierte en un drama porque su nombre todavía vende demasiadas camisetas.

Naturalmente, el Real Madrid no es el único club expuesto a semejantes tentaciones.

El PSG fue, durante años, un ejemplo todavía más exagerado.

La diferencia es que los parisinos han reconocido, al menos en buena parte, el agotamiento de aquel modelo.

Y han rectificado.

El Real Madrid, mientras tanto, todavía busca un equilibrio entre su extraordinaria capacidad comercial y las exigencias de un equipo que necesita algo más que futbolistas excepcionales.

Porque las camisetas se venden individualmente.

Pero los partidos se ganan colectivamente.

VIII. DOS MODELOS, DOS RESULTADOS Y UNA LECCIÓN BASTANTE INCÓMODA

Llegados a este punto, el balance resulta bastante claro.

El Real Madrid tiene más historia, más Copas de Europa, más ingresos y una situación económica que el PSG todavía no ha conseguido igualar.

El París Saint-Germain tiene, actualmente, un proyecto deportivo más asentado, un entrenador con continuidad, una estructura técnica coherente y los dos últimos títulos de campeón de Europa.

También ha empezado a corregir los excesos económicos que caracterizaron su etapa de contrataciones desmesuradas.

El Real Madrid sabe ganar dinero de una manera extraordinaria.

El PSG ha aprendido, finalmente, a ganar la Champions sin necesitar una reunión permanente de superestrellas.

Y sería injusto olvidar que el Madrid también ha demostrado muchas veces que sabe hacer precisamente eso. Sus quince títulos europeos no han caído del cielo.

Pero la gloria pasada no constituye un certificado perpetuo de buena gestión presente.

Ni garantiza que las próximas decisiones sean acertadas.

Florentino Pérez debería comprender que la excelencia empresarial no sustituye a la planificación deportiva.

Y Luis Enrique, por su parte, ha demostrado que un entrenador con autoridad, tiempo y respaldo institucional puede transformar un conjunto de futbolistas carísimos en un equipo verdaderamente competitivo.

Lo curioso es que, mientras el Real Madrid presume con razón de sus ingresos multimillonarios, el PSG puede presumir de algo que en el Bernabéu se echa especialmente de menos desde 2024: levantar la Copa de Europa.

Unos ganan el campeonato de facturación. Los otros llevan dos años ganando el campeonato que se disputa con un balón.

Y aquí viene la pregunta verdaderamente odiosa:

¿De qué sirve fichar a tantos futbolistas extraordinarios si después cuesta tanto conseguir que funcionen como un equipo?

EPÍLOGO. MBAPPÉ, EL HOMBRE QUE CAMBIÓ DOS EQUIPOS SIN PROPONÉRSELO

La historia merece terminar con una ironía.

Mbappé pasó años persiguiendo la Champions con el PSG.

No la ganó.

Se marchó al Real Madrid para conquistarla.

Y el PSG ganó dos consecutivas.

Naturalmente, de eso no se deduce que Mbappé sea el responsable de todos los males del fútbol madridista ni que su salida explique por sí sola los éxitos parisinos.

Pero la coincidencia es tan extraordinaria que parece inventada por un guionista con bastante mala uva.

Al final, el PSG descubrió que podía ser mejor sin depender de Mbappé.

El Real Madrid todavía tiene que demostrar que puede ser mejor con él.

Y, mientras llega esa demostración, Luis Enrique contempla sus dos últimas Copas de Europa, Florentino Pérez contempla sus excelentes balances y los madridistas contemplan ambas cosas con sentimientos bastante diferentes.

Porque ya lo decía el refrán: las comparaciones son odiosas.

Sobre todo cuando uno presume de tener el mejor escaparate del mundo y el vecino vuelve a casa con el trofeo.

Y es que, por mucho que se empeñen algunos, todavía no se conoce una sola Champions League que se haya ganado presentando una cuenta de resultados ante el árbitro.

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