YO SIGO INSISTIENDO: SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL, ¿PARA QUÉ DEMONIOS QUIEREN GOBERNAR ESPAÑA?

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Porque echar a Pedro Sánchez de la Moncloa para colocar a otros que administren la misma ruina, con distintos apellidos y nuevas tarjetas de visita, sería una tomadura de pelo de dimensiones históricas.

Carlos Aurelio Caldito Aunión

24 de octubre de 2026

Hay una costumbre muy española que consiste en hacerse el sordo cuando alguien formula una pregunta incómoda. Y no me refiero a quienes padecemos sordera de verdad, sino a esos privilegiados personajes que disfrutan de una audición prodigiosa cuando suena el teléfono para ofrecerles un cargo y se quedan súbitamente sordos cuando un ciudadano les pregunta qué piensan hacer con el dinero de sus impuestos.

El pasado 18 de octubre publiqué en varios medios de información un artículo titulado «Preguntas que Feijóo y Abascal, VOX y PP, deberían contestar antes de las elecciones del 29 de noviembre».

No era una declaración de amor. Tampoco una carta a los Reyes Magos, aunque reconozco que algunas de mis exigencias pueden parecer milagrosas en un país donde pedir honradez, competencia y responsabilidad a los políticos constituye casi una extravagancia.

Eran preguntas. Preguntas concretas. Preguntas que cualquier ciudadano tiene derecho a formular y que cualquier aspirante a gobernar debería estar dispuesto a contestar sin necesidad de consultar previamente con su departamento de propaganda.

Pues bien, YO SIGO INSISTIENDO.

Porque el próximo 29 de noviembre hay elecciones generales. No es una fecha imaginaria ni una ocurrencia periodística: están convocadas mediante el Real Decreto 806/2026, publicado en el BOE el 6 de octubre.

Y porque, cuando se aproxima una cita electoral, nuestros políticos experimentan una transformación verdaderamente sobrenatural.

Los que llevan años sin resolver nada descubren soluciones para todo.

Los que han contribuido a disparar los gastos públicos se convierten en defensores del ahorro.

Los que han participado en el reparto de cargos anuncian una cruzada contra los enchufes.

Los que jamás han administrado una empresa privada se presentan como eminencias en economía.

Y los que llevan décadas viviendo de la política nos explican, con gesto de profunda preocupación, que España necesita una regeneración.

¡Naturalmente!

Una regeneración que, por una de esas extraordinarias casualidades del destino, debe comenzar colocándolos a ellos en el Gobierno.

I. ECHAR A SÁNCHEZ ESTÁ MUY BIEN. ¿Y DESPUÉS, QUÉ?

No tengo inconveniente alguno en manifestar mi deseo de que Pedro Sánchez abandone la presidencia del Gobierno por decisión de las urnas.

Pero hay algo que me produce bastante más inquietud que la permanencia de Sánchez: que sus presuntos sustitutos se limiten a ocupar sus despachos, conservar sus estructuras de poder y administrar su herencia política con unas cuantas modificaciones decorativas.

Porque para cambiar de ministros no hacen falta grandes revoluciones.

Basta con llamar a una empresa de mudanzas.

Se retiran los retratos de unos, se colocan los de otros, se cambian los nombres de las tarjetas y comienza nuevamente la fiesta.

El contribuyente continúa pagando.

Los altos cargos continúan cobrando.

Los organismos continúan multiplicándose.

Los asesores continúan asesorando sobre asuntos que, con frecuencia, desconocen.

Y España continúa endeudándose para sostener una maquinaria política y administrativa que parece haber descubierto el secreto de la reproducción infinita.

¿Se imaginan que una empresa contratase a un nuevo director porque promete cambiarlo todo y, una vez instalado, su primera decisión consistiese en conservar los mismos gastos, los mismos procedimientos y los mismos problemas, pero nombrando a sus amigos?

Pues eso es, aproximadamente, lo que llevamos demasiados años soportando.

SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL: NO LES PREGUNTO A QUIÉNES PIENSAN NOMBRAR MINISTROS. LES PREGUNTO QUÉ PIENSAN HACER CON LOS MINISTERIOS, SUS COMPETENCIAS, SUS GASTOS Y SUS ORGANISMOS DEPENDIENTES.

Que no es exactamente lo mismo.

II. PP Y VOX: ¿SOCIOS DE GOBIERNO O ENEMIGOS HASTA QUE LLEGUE LA HORA DE REPARTIRSE LOS SILLONES?

El espectáculo de los partidos que se insultan antes de las elecciones y se abrazan después del escrutinio constituye una de las grandes aportaciones españolas al teatro contemporáneo.

Se pasan la campaña electoral proclamando que sus diferencias son insalvables.

Después aparece la posibilidad de gobernar.

Y, como por ensalmo, lo que ayer parecía un abismo ideológico se convierte en una pequeña discrepancia perfectamente negociable.

Sobre todo cuando la negociación incluye vicepresidencias, ministerios, secretarías de Estado, direcciones generales y empresas públicas.

¡Milagro!

Donde había principios irrenunciables, aparecen posibilidades de entendimiento.

Donde había líneas infranqueables, surgen caminos de diálogo.

Y donde había promesas solemnes, descubrimos que todo era susceptible de interpretación.

Por eso insisto:

¿POR QUÉ NO NEGOCIAN ANTES DE LAS ELECCIONES LO QUE PRETENDEN NEGOCIAR DESPUÉS?

¿Es mucho pedir?

¿Les produce urticaria la transparencia?

¿Necesitan conocer primero cuántos sillones pueden repartirse antes de explicar qué políticas están dispuestos a compartir?

Feijóo defiende el Estado autonómico.

Abascal proclama la necesidad de recuperar competencias para el Estado.

Uno pretende reformar determinados aspectos del sistema vigente.

El otro presenta transformaciones de mayor alcance.

Bien.

¿Dónde está el acuerdo?

¿Qué competencias piensan recuperar?

¿Qué administraciones desaparecerán?

¿Qué leyes modificarán?

¿Qué gastos eliminarán?

¿Y cuáles son las propuestas que uno y otro están dispuestos a sacrificar para gobernar conjuntamente?

No me interesan sus fotografías estrechándose las manos.

ME INTERESA SABER QUÉ VAN A HACER CON MIS IMPUESTOS Y CON EL FUTURO DE ESPAÑA.

Porque las fotografías quedan estupendamente en los periódicos, pero todavía no conozco una sola que haya reducido la deuda pública.

III. EL MARAVILLOSO NEGOCIO DE PROMETER SIN TENER QUE CUMPLIR

En España, un albañil responde si levanta mal una pared.

Un fontanero responde si deja una instalación hecha una chapuza.

Un comerciante responde si vende un producto defectuoso.

Un empresario responde ante sus clientes, sus trabajadores, sus acreedores y Hacienda.

Pero un político puede prometer una cosa, hacer la contraria y presentarse cuatro años después solicitando nuevamente nuestra confianza.

¡Y todavía pretende que lo aplaudamos!

El ciudadano que no paga una factura recibe reclamaciones.

El político que incumple una promesa fundamental recibe, con demasiada frecuencia, otra oportunidad para seguir prometiendo.

Naturalmente, sus defensores nos explicarán que la política es muy complicada.

¡Acabáramos!

Como si administrar una explotación agrícola, dirigir una fábrica, mantener una familia o levantar un negocio fueran entretenimientos infantiles.

A cualquier persona que solicita financiación se le exige que presente unas cuentas.

A nuestros aspirantes a gobernantes les basta con prometer prosperidad, justicia, bienestar y un porvenir maravilloso.

Y a cobrar.

PROPONGO ACABAR CON ESTA PATENTE DE CORSO POLÍTICA.

Feijóo y Abascal deben suscribir públicamente un compromiso de gobierno que permita conocer sus objetivos, los medios necesarios para alcanzarlos, sus presupuestos y sus plazos.

Y, sobre todo, deben comprometerse a asumir responsabilidades políticas por los incumplimientos graves que dependan de sus propias decisiones.

Sin esconderse detrás de sus socios.

Sin culpar eternamente a sus antecesores.

Sin descubrir, una vez instalados en sus despachos, que gobernar resulta mucho más difícil que pronunciar discursos.

Porque para explicarnos que las cosas son difíciles no necesitamos mantener a semejante cantidad de cargos públicos.

Ya lo sabemos quienes pagamos sus nóminas.

IV. ¿VAN A DESMONTAR EL SANCHISMO O SOLAMENTE VAN A CAMBIARLE EL NOMBRE?

He aquí otra pregunta que merece una respuesta bastante más elaborada que los habituales berridos de campaña.

¿Qué significa exactamente acabar con el sanchismo?

¿Derogar determinadas leyes?

¿Reformar instituciones?

¿Recuperar competencias?

¿Eliminar organismos?

¿Cambiar el sistema de elección de los órganos judiciales?

¿Revisar los mecanismos de financiación de partidos y entidades vinculadas?

¿Terminar con el reparto partidista de determinados cargos institucionales?

¿O simplemente sustituir a los beneficiarios actuales por otros más próximos a las nuevas autoridades?

Porque el problema del reparto político de las instituciones no consiste exclusivamente en quién se sienta en determinadas poltronas.

EL PROBLEMA ES QUE ESAS POLTRONAS ESTÉN A DISPOSICIÓN DE LOS PARTIDOS COMO SI FORMARAN PARTE DE SU PATRIMONIO PARTICULAR.

Quiero saber qué harán con la Ley de Memoria Democrática.

Con la ley de amnistía.

Con la legislación educativa.

Con las normas sobre vivienda.

Con la legislación sobre violencia de género.

Con la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual.

Con las disposiciones sobre inmigración, nacionalidad y reagrupación familiar.

Y también quiero saber qué leyes y decisiones de Sánchez piensan conservar.

Porque tengo la desagradable impresión de que algunos dirigentes consideran inaceptables ciertas políticas mientras las administran sus adversarios, pero descubren sus extraordinarias virtudes cuando ellos mismos tienen la oportunidad de aplicarlas.

UNA LEY NO SE VUELVE BUENA PORQUE LA APLIQUE UN MINISTRO DEL PP O DE VOX EN LUGAR DE UNO DEL PSOE.

Y tampoco desaparece por el sencillo procedimiento de anunciar su derogación en un mitin.

V. EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS: DIECISIETE MANERAS DE GASTAR Y UNA SOLA DE COBRAR

Resulta verdaderamente conmovedora la facilidad con la que nuestros políticos pronuncian la palabra austeridad.

La pronuncian como quien invoca a un santo.

Con recogimiento.

Con solemnidad.

Y, sobre todo, procurando que sus consecuencias no alcancen jamás a la organización política de la que viven.

España lleva décadas construyendo un entramado de administraciones, entidades públicas, organismos consultivos, empresas y cargos cuya utilidad y coste deberían examinarse sin privilegios ni excepciones.

No todas esas estructuras son inútiles, naturalmente.

Pero tampoco todas son necesarias por el mero hecho de existir.

¿Cuántas duplicidades pretenden eliminar?

¿Cuántos organismos desaparecerán?

¿Cuántos puestos de designación política se suprimirán?

¿Cuánto dinero ahorrarán anualmente?

¿Cuánto costará realizar las reformas?

¿Y qué competencias piensan devolver al Estado para garantizar que los españoles disfruten de los mismos derechos y obligaciones, vivan donde vivan?

Quiero cifras.

No discursos.

No me sirve que prometan adelgazar la Administración si la única dieta consiste en cambiar a sus responsables.

Tampoco que anuncien una reforma territorial cuyo resultado final sea conservar diecisiete estructuras políticas con idénticas atribuciones y gastos parecidos.

Porque semejante operación no sería una reforma.

Sería una sesión de peluquería.

Y España necesita bastante más que un corte de pelo.

VI. LAS PENSIONES: EL PRODIGIO DE REPARTIR UN DINERO QUE TODAVÍA NO SE HA RECAUDADO

Este asunto merece especial atención.

Se aproximan las elecciones y nuestros dirigentes comienzan a competir por demostrar quién quiere más a los pensionistas.

¡Qué ternura!

Unos prometen revalorizaciones.

Otros garantizan prestaciones.

Todos aseguran que las pensiones están protegidas.

Pero cuando alguien pregunta cómo se van a financiar las obligaciones futuras del sistema, aparece una niebla tan espesa que no se distingue ni la puerta del Ministerio de Hacienda.

El sistema español de pensiones se basa fundamentalmente en el reparto: las cotizaciones de los trabajadores actuales, junto con otros ingresos y transferencias públicas, sostienen las prestaciones.

Y las pensiones no se financian mediante declaraciones sentimentales.

Se financian con dinero.

Con empleo.

Con productividad.

Con cotizaciones.

Con impuestos.

Y, cuando los ingresos no alcanzan, con otros recursos públicos o endeudamiento.

Por eso pregunto:

¿Mantendrán íntegramente el actual sistema?

¿Introducirán fórmulas complementarias de capitalización?

¿Cómo pretenden afrontar el envejecimiento demográfico?

¿Qué edad de jubilación consideran adecuada?

¿Qué previsiones de ingresos y gastos manejan para los próximos veinte o treinta años?

¿De dónde saldrá el dinero?

NO QUIERO QUE ME DIGAN CUÁNTO QUIEREN A LOS PENSIONISTAS. QUIERO QUE ME EXPLIQUEN CÓMO PIENSAN PAGAR SUS PENSIONES.

Y, por cierto, tampoco estaría mal que aclarasen cómo pretenden mejorar las condiciones de quienes trabajan y cotizan para sostener el sistema.

Porque los trabajadores no son cajeros automáticos destinados a financiar indefinidamente cualquier ocurrencia presupuestaria.

VII. CEUTA, MELILLA Y MARRUECOS: AQUÍ SE ACABAN LAS FOTOGRAFÍAS Y COMIENZAN LAS PREGUNTAS VERDADERAMENTE INCÓMODAS

Y llegamos a una cuestión que considero fundamental.

Una de esas cuestiones ante las cuales resulta especialmente fácil proclamar grandes principios y extraordinariamente difícil concretar decisiones.

Marruecos mantiene reivindicaciones territoriales sobre Ceuta y Melilla.

Estados Unidos mantiene una estrecha cooperación estratégica y militar con Marruecos.

Israel restableció sus relaciones diplomáticas con Rabat en diciembre de 2020 y reconoció en 2023 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

Todo ello plantea una cuestión elemental para cualquier Gobierno español: cómo defender los intereses propios cuando no coinciden con los de nuestros aliados.

Feijóo defiende la estrecha relación de España con Estados Unidos y nuestros socios occidentales.

Abascal mantiene una relación política favorable a Netanyahu y a su partido, el Likud.

Estupendo.

Yo también considero importante mantener relaciones estrechas con Israel y con Estados Unidos.

Pero una cosa es mantener relaciones de amistad y otra muy distinta confundir la política exterior española con el álbum fotográfico de los amigos extranjeros de nuestros dirigentes.

Porque Washington defiende los intereses estadounidenses.

Jerusalén defiende los intereses israelíes.

Rabat defiende los intereses marroquíes.

Y yo quisiera saber quién está dispuesto a defender, por encima de cualquier otra consideración, LOS INTERESES ESPAÑOLES.

Así que repito las preguntas.

SEÑOR ABASCAL: SI NETANYAHU RESPALDA A MOHAMED VI EN UNA CRISIS QUE AFECTE A CEUTA O MELILLA, ¿A QUIÉN RESPALDARÁ USTED?

SEÑOR FEIJÓO: SI WASHINGTON CONSIDERA MÁS IMPORTANTE SU ALIANZA CON MARRUECOS QUE LOS INTERESES ESPAÑOLES EN EL NORTE DE ÁFRICA, ¿QUÉ HARÁ USTED?

¿Revisarán la posición española sobre el Sáhara Occidental adoptada por Sánchez en marzo de 2022?

¿Exigirán a Marruecos un reconocimiento inequívoco de la soberanía española sobre Ceuta y Melilla?

¿Qué medidas adoptarán ante nuevas presiones fronterizas?

¿Reforzarán permanentemente las capacidades defensivas de ambas ciudades?

¿Condicionarán determinados acuerdos con Rabat al respeto efectivo de nuestros intereses?

Y, de paso, ¿qué política pretenden desarrollar respecto a Gibraltar?

Porque ya está bien de confundir la diplomacia con una colección de reverencias.

ESPAÑA NECESITA ALIADOS, NO TUTORES.

Y necesita gobernantes que comprendan que la amistad con un dirigente extranjero termina donde comienza la obligación de defender a la nación que les paga el sueldo.

VIII. INMIGRACIÓN, NACIONALIZACIONES Y FRONTERAS: MENOS MITINES Y MÁS RESPUESTAS

También me gustaría saber qué piensan hacer con la política de inmigración.

No qué piensan decir.

Decir resulta extraordinariamente barato.

Sobre todo cuando lo hacen desde una tribuna, rodeados de banderas, con un público predispuesto a aplaudir cualquier frase convenientemente pronunciada.

¿Qué cambios proponen en la Ley de Extranjería?

¿Qué requisitos establecerán para obtener la residencia?

¿Qué modificaciones introducirán en los procedimientos de nacionalización?

¿Cómo afrontarán las entradas irregulares?

¿Cómo garantizarán la ejecución de las expulsiones acordadas?

¿Qué harán cuando los países de origen rechacen la readmisión de sus nacionales?

¿Con qué medios contarán la Policía Nacional y la Guardia Civil?

¿Cómo combatirán a las organizaciones dedicadas al tráfico de personas?

¿Qué criterios utilizarán para conceder y fiscalizar las ayudas públicas relacionadas con la inmigración?

Y, particularmente, ¿qué medidas adoptarán para combatir las irregularidades y los fraudes documentales que puedan producirse en los procedimientos de adquisición de la nacionalidad española?

Porque la nacionalidad no es una entrada de cortesía para una fiesta organizada por el Gobierno de turno.

Es un vínculo jurídico y político de extraordinaria trascendencia.

Y las fronteras tampoco son un elemento decorativo destinado a aparecer en los mapas escolares.

Por eso quiero conocer las leyes que modificarán, las medidas que aplicarán, el personal que necesitarán y el dinero que dedicarán a ello.

No necesito otro discurso pronunciado con expresión marcial y acompañado de música emocionante.

Necesito saber qué harán al día siguiente de sentarse en el Consejo de Ministros.

IX. LA JUSTICIA, ESE PODER QUE LOS PARTIDOS QUIEREN INDEPENDIENTE… SIEMPRE QUE NO SE LES ESCAPE DE LAS MANOS

Aquí tenemos otra de las grandes comedias nacionales.

Cuando un partido se encuentra en la oposición, descubre las virtudes de la independencia judicial.

Cuando alcanza el Gobierno, descubre la conveniencia de participar en los nombramientos.

Y cuando vuelve a la oposición, recupera inmediatamente su fervor por la separación de poderes.

¡Qué admirable capacidad de adaptación!

Por eso pregunto a Feijóo y Abascal:

¿Están dispuestos a reformar profundamente el sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial?

¿Renunciarán a negociar cuotas partidistas?

¿Qué harán con el Tribunal Constitucional?

¿Estudiarán una reforma que atribuya las funciones de control constitucional a una sala especializada del Tribunal Supremo, con las garantías correspondientes?

¿Qué reformas impulsarán en la Fiscalía?

¿Cómo garantizarán que las instituciones encargadas de fiscalizar al poder político no se conviertan en una prolongación de las organizaciones fiscalizadas?

Porque defender la separación de poderes exige algo más que pronunciar discursos contra los nombramientos de los adversarios.

Exige estar dispuesto a RENUNCIAR A CONTROLAR AQUELLO QUE NUNCA DEBIÓ ESTAR SOMETIDO AL REPARTO PARTIDISTA.

Y sospecho que esa renuncia resulta bastante menos agradable que participar en el reparto.

X. EDUCACIÓN, SANIDAD Y VIVIENDA: ¿TIENEN UN PROGRAMA O SOLAMENTE UN CATÁLOGO DE BUENOS DESEOS?

La educación lleva décadas sometida a las sucesivas ocurrencias de nuestros gobernantes.

Cada cual pretende dejar su impronta.

Cada ministro quiere pasar a la posteridad.

Y los alumnos terminan padeciendo un sistema sometido a cambios legislativos cuya eficacia merece una evaluación mucho más exigente.

¿Qué harán PP y VOX con los planes de estudio?

¿Recuperarán la exigencia académica?

¿Cómo mejorarán la formación y evaluación del profesorado?

¿Devolverán al Estado competencias educativas?

¿Cómo garantizarán el derecho a recibir enseñanza en español en todo el territorio nacional?

¿Con qué criterios medirán los resultados?

Y respecto a la sanidad:

¿Qué harán con las listas de espera?

¿Cómo reforzarán la atención primaria?

¿Cómo coordinarán los distintos servicios autonómicos?

¿Qué medidas adoptarán para atender mejor a las personas dependientes y con discapacidad?

Y en materia de vivienda:

¿Cuántas viviendas pretenden facilitar que se construyan?

¿Qué obstáculos administrativos eliminarán?

¿Qué reformas fiscales y urbanísticas consideran necesarias?

¿Qué harán para recuperar la actividad económica en la España rural?

Porque una cosa es prometer viviendas y otra conseguir que se construyan.

Una cosa es defender la sanidad pública y otra conseguir que funcione.

Y una cosa es proclamar que nuestros jóvenes tendrán un futuro maravilloso y otra ofrecerles condiciones para desarrollar una vida independiente.

NO QUEREMOS UN CATÁLOGO DE BUENAS INTENCIONES. QUEREMOS MEDIDAS, PLAZOS, PRESUPUESTOS Y RESULTADOS COMPROBABLES.

XI. LA CORRUPCIÓN Y EL DINERO DE LOS PARTIDOS: ¿ESTÁN DISPUESTOS A QUE LES EXAMINEMOS LAS CUENTAS?

Hay algo profundamente enternecedor en escuchar a un político denunciar la corrupción ajena.

Generalmente lo hace con voz grave.

Con gesto indignado.

Con esa expresión de superioridad moral que suele desaparecer cuando las preguntas afectan a la financiación de su propia organización.

Por eso tampoco estaría de más conocer qué piensan hacer Feijóo y Abascal para permitir una fiscalización rigurosa de los partidos políticos, sus fundaciones, sus entidades vinculadas y sus relaciones económicas.

¿Publicarán información suficientemente detallada sobre sus fuentes de financiación?

¿Aceptarán mecanismos independientes de fiscalización?

¿Harán públicas sus relaciones económicas institucionales con entidades extranjeras?

¿Reducirán las subvenciones destinadas al sostenimiento de organizaciones políticas y entidades vinculadas?

¿Reformarán el Tribunal de Cuentas?

¿Garantizarán que los informes de fiscalización se elaboren y publiquen con una rapidez razonable?

Y, sobre todo:

¿ESTÁN DISPUESTOS A APLICARSE A SÍ MISMOS LAS MEDIDAS DE TRANSPARENCIA QUE EXIGEN A SUS ADVERSARIOS?

Porque pedir que se investigue al contrario es muy fácil.

Lo verdaderamente interesante comienza cuando uno acepta que le examinen las propias cuentas.

XII. SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL: FIRMEN ANTES DE COBRAR

Y aquí llegamos al centro de mi insistencia.

Al asunto que resume todos los anteriores.

No quiero otro catálogo de promesas.

No quiero otra campaña de fotografías, abrazos, banderitas y frases destinadas a llenar los titulares del día siguiente.

No quiero que después de las elecciones comiencen a negociar en secreto aquello que deberían explicar públicamente antes de pedirnos el voto.

QUIERO UN CONTRATO POLÍTICO CON LOS ELECTORES.

Un compromiso escrito, firmado por Feijóo y Abascal si pretenden gobernar conjuntamente, que establezca sin trampas ni ambigüedades qué piensan hacer.

Que identifique las leyes que modificarán.

Las instituciones que reformarán.

Las competencias que recuperarán.

Los gastos que reducirán.

Los impuestos que pretenden cambiar.

Las políticas que conservarán.

Los objetivos económicos que se proponen alcanzar.

Los presupuestos necesarios.

Los plazos de ejecución.

Y las responsabilidades políticas que aceptarán asumir cuando incumplan, sin causa justificada, sus compromisos esenciales.

Que publiquen evaluaciones periódicas.

Que expliquen sus retrasos.

Que permitan comprobar el grado de cumplimiento.

Y que se comprometan a presentar su dimisión si incumplen deliberadamente determinados compromisos fundamentales que hayan aceptado expresamente como condición de su permanencia en el cargo.

Porque los españoles estamos hartos de contratar supuestos salvadores de la patria que, cuando llegan al poder, descubren que sus promesas eran únicamente recursos literarios destinados a entretener al electorado.

Y hay algo todavía peor que incumplir una promesa.

NO HABER TENIDO JAMÁS LA INTENCIÓN DE CUMPLIRLA.

XIII. ¿Y SI NO QUIEREN FIRMAR?

Pues también sería conveniente saberlo.

Si consideran excesivo presentar un programa concreto, tendrán que explicarnos por qué.

Si no quieren cuantificar sus promesas, tendrán que decirnos por qué.

Si no aceptan compromisos públicos de rendición de cuentas, deberían explicarnos qué clase de confianza pretenden merecer.

Porque aquí aparece una cuestión que nuestros dirigentes suelen olvidar.

LOS ELECTORES NO SOMOS EMPLEADOS DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS.

No tenemos obligación de obedecer sus consignas.

No estamos obligados a aplaudir sus decisiones.

No les debemos fidelidad personal a sus dirigentes.

Y, por supuesto, no tenemos por qué entregarles nuestro voto como quien entrega una limosna para que puedan seguir viviendo de los presupuestos públicos.

El voto no constituye un homenaje al candidato.

Es una decisión política mediante la cual elegimos representantes para administrar los asuntos públicos.

Y esa representación no convierte a nadie en propietario del Estado.

Tampoco transforma la discrepancia en traición.

Ni las preguntas incómodas en ataques contra el partido.

Feijóo no es España.

Abascal tampoco.

Y Sánchez, aunque a veces parezca haberse convencido de lo contrario, muchísimo menos.

España existía antes que ellos.

Y continuará existiendo cuando sus nombres sean poco más que entradas en algún diccionario histórico.

XIV. NO NOS TOMEN POR IDIOTAS

Hay algo especialmente irritante en la conducta de determinados dirigentes políticos: parecen convencidos de que los españoles somos una masa de menores de edad incapaces de comprender asuntos económicos, institucionales o jurídicos.

Por eso nos ofrecen frases cortas.

Promesas grandiosas.

Enemigos cuidadosamente seleccionados.

Y una dosis suficiente de indignación para evitar que nos hagamos preguntas.

Pero yo no quiero que me expliquen nuevamente lo malo que es Pedro Sánchez.

Llevo años examinando sus decisiones políticas.

Tengo formada mi opinión.

Lo que quiero saber es por qué debería considerar mejores a quienes aspiran a sustituirlo.

Y para ello necesito algo más que escuchar sus discursos.

Quiero saber qué tienen previsto hacer.

Cómo.

Cuándo.

Con qué medios.

Con qué dinero.

Y quién responderá cuando no cumplan.

Porque quizá el mayor triunfo del sistema político español haya consistido en convencernos de que el ciudadano debe conformarse con escoger periódicamente a quienes administrarán una maquinaria institucional sobre cuyo funcionamiento apenas puede influir.

Unos salen.

Otros entran.

Los privilegios permanecen.

Los gastos continúan.

Y el contribuyente sigue trabajando para sostener una organización política que, con demasiada frecuencia, parece considerar que su principal obligación consiste en garantizar su propia supervivencia.

¡Magnífico negocio!

Especialmente para quienes viven de él.

EPÍLOGO. YO SIGO INSISTIENDO, PORQUE LA MEMORIA NO DEBE TERMINAR EN LA PUERTA DEL COLEGIO ELECTORAL

Quedan treinta y seis días para las elecciones generales del 29 de noviembre.

Tiempo suficiente para que Feijóo y Abascal dejen de comportarse como aspirantes a protagonistas de un espectáculo electoral y comiencen a actuar como personas que pretenden asumir la responsabilidad de gobernar España.

Tiempo suficiente para sentarse.

Negociar.

Acordar.

Publicar.

Presupuestar.

Y firmar.

No les estoy pidiendo que conviertan España en el paraíso terrenal.

Ni que resuelvan en cien días todos los problemas acumulados durante décadas.

Ni siquiera que estén de acuerdo en todo.

Les estoy pidiendo que expliquen de antemano qué harán en aquello que afecta al porvenir de los españoles.

Que aclaren sus diferencias.

Que presenten sus cuentas.

Y que se comprometan públicamente a responder por sus actos.

Porque no pienso aceptar que se presente como una hazaña histórica el simple hecho de sustituir a Pedro Sánchez por otro presidente, mientras permanecen intactos los problemas que se prometió resolver.

Tampoco que nos vendan como una regeneración nacional el reparto de los mismos cargos entre distintos beneficiarios.

Ni que pretendan hacernos creer que España se salva automáticamente cuando el presidente del Gobierno deja de llamarse Sánchez y comienza a llamarse Feijóo, mientras Abascal ocupa la vicepresidencia correspondiente.

ESPAÑA NO NECESITA UNA MUDANZA EN LA MONCLOA. NECESITA QUE SUS GOBERNANTES CAMBIEN LA MANERA DE EJERCER EL PODER.

Por eso insisto.

Y seguiré insistiendo.

Porque no quiero que, dentro de cuatro años, aparezcan los mismos personajes explicándonos que no pudieron cumplir sus compromisos debido a las dificultades que encontraron al llegar al Gobierno.

No quiero volver a escuchar que la culpa fue de Bruselas.

De los mercados.

Del socio de coalición.

De la herencia recibida.

De las circunstancias internacionales.

O del lucero del alba.

Ya conocemos ese repertorio.

Lo hemos escuchado demasiadas veces.

Y empieza a resultar tan aburrido como insultante.

Así que, señores Feijóo y Abascal, les formulo nuevamente la pregunta que parece resultarles tan incómoda:

¿PARA QUÉ DEMONIOS QUIEREN GOBERNAR ESPAÑA?

¿Para administrar el mismo Estado, con idénticos vicios y otros beneficiarios?

¿Para conservar la maquinaria que denuncian mientras están en la oposición?

¿Para sustituir una clientela política por otra?

¿O para acometer las transformaciones que llevan años prometiendo?

Si es esto último, no tienen más que demostrarlo.

Antes de las elecciones.

Por escrito.

Con fechas.

Con cifras.

Con compromisos verificables.

Y con responsabilidades políticas expresamente asumidas.

Porque los españoles no tenemos por qué seguir comprando mercancía electoral sin examinar su contenido.

Ni aceptar que nos cobren por adelantado cuatro años de confianza a cambio de promesas cuya letra pequeña descubriremos después de abrir las urnas.

SEÑORES FEIJÓO Y ABASCAL: PRIMERO EXPLIQUEN QUÉ VAN A HACER. DESPUÉS, FIRMEN SUS COMPROMISOS. Y, SI GOBIERNAN E INCUMPLEN DELIBERADAMENTE LO PROMETIDO, ASUMAN LAS CONSECUENCIAS.

No parece una exigencia desmesurada.

Aunque, en la España política que nos ha tocado padecer, pedir que los gobernantes respondan por sus promesas empieza a parecer una propuesta revolucionaria.

Y termino con una advertencia que no deberían olvidar quienes aspiran a recibir las llaves de la Moncloa:

NO BASTA CON ECHAR A QUIENES HAN GOBERNADO MAL. HAY QUE IMPEDIR QUE SUS SUSTITUTOS NOS GOBIERNEN IGUAL DE MAL.

Porque sustituir a unos aprovechados por otros, mientras la nación continúa pagando la cuenta, no es una regeneración.

Es una renovación del personal de servicio de la misma casa.

Con un pequeño inconveniente:

LA CASA ES NUESTRA. LOS SUELDOS LOS PAGAMOS NOSOTROS. Y LOS QUE PRETENDEN MANDAR DEBERÍAN EMPEZAR POR RECORDAR QUE ESTÁN A NUESTRO SERVICIO, NO NOSOTROS AL SUYO.

Así que, señores candidatos:

MENOS FOTOGRAFÍAS. MENOS BRINDIS AL SOL. MENOS PROMESAS.

MÁS CUENTAS. MÁS COMPROMISOS. MÁS RESPONSABILIDADES.

Y, SOBRE TODO, MENOS TOMARNOS POR IDIOTAS.

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

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