Coplas del pasaporte, la peluca y la cumbre

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PERO GRULLO DE ABSURDISTÁN

Dicen que Vito Quiles
cruzó el Estrecho ligero;
no llevaba más equipaje
que un pasaporte viajero.

No iba con barba postiza,
ni bigote de ocasión;
iba con peluca rubia,
de histórica inspiración.

Tan rubia, tan convincente,
tan lograda la función,
que un guardia dijo al mirarlo:

—¡Esto ya lo he visto yo!

Recordaba, por momentos,
aquella célebre ocasión
en que Santiago Carrillo
volvió con discreción,

luciendo rubia melena,
gafas negras y aplomo,
para entrar por la puerta grande
sin que preguntaran cómo.

Vito, muy serio, pensaba:

—La Historia es muy caprichosa;
unas veces viene en drama
y otras vuelve en chirigota.

Mientras tanto, en el Juzgado,
con papeles y misterio,
Begoña Gómez pedía:

—Señoría, mi pasaporte.

Que hay cumbre de la OTAN
y debo acompañar mi esposo;
cuando la agenda lo exige,
todo viaje es decoroso.

Y ya que el Pisuerga pasa
por Valladolid, con calma,
y el Guadiana por Badajoz,
pues Londres llama al alma.

Allí se gradúa mi hija,
ocasión de gran valor,
en un centro distinguido,
privado, serio y mejor.

Y aquí la copla se ríe,
sin perder la educación:

—¡Viva la enseñanza pública!
—dice el mitin con pasión.

Pero, llegado el momento
de escoger pupitre y aula:

—Para los nuestros, privada;
que la pública ya es causa.

—¡Viva la sanidad pública!
—proclaman con emoción.

Pero, si duele una muela:

—Clínica privada, por favor.

No es pecado elegir bien,
ni buscar lo conveniente;
lo gracioso es dar lecciones
con el dinero de la gente.

Predicar para los otros,
reservarse lo mejor:
viejo deporte de tribuna,
campeonato superior.

Y Vito, desde la orilla,
se ajustaba el peluquín:

—Con esta melena rubia,
ni Carrillo me ve el perfil.

La Policía, muy seria,
consultaba el expediente:

—¿Buscamos al fugitivo
o al pasaporte ausente?

Un comisario prudente
dictó la gran solución:

—Detengan primero el documento;
la persona, para otra ocasión.

Y así quedó la jornada,
entre cumbre, juez y avión,
entre Londres, OTAN y Estrecho,
entre discurso y contradicción.

Porque en España la sátira
ya no inventa demasiado:

sólo copia lo que ve
y lo pone bien rimado.

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