LIBRO-CÓMIC. Cómo identificar a las femi-estalinistas degeneradas. Manual para heterosexuales incautos, despistados y contribuyentes resignados…
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN




Cómo un profesor jubilado decidió salir a observar la fauna ideológica contemporánea
Hace una década, identificar a una femi-estalinista degenerada era una tarea relativamente sencilla.
Bastaba con acudir a una manifestación, una asamblea universitaria, un centro social okupado o cualquier acto subvencionado por alguna administración pública especialmente generosa con el dinero ajeno. Allí solían encontrarse ejemplares fácilmente reconocibles por sus consignas, su estética, sus pancartas y su permanente estado de indignación moral.
Sin embargo, los tiempos han cambiado.
Como sucede con todas las especies especialmente adaptables, las femi-estalinistas degeneradas han evolucionado.
Muchas abandonaron las plazas para instalarse en despachos.
Sustituyeron las pancartas por protocolos.
Las consignas por reglamentos.
Las asambleas por observatorios.
Y la revolución por el Boletín Oficial.
Hoy resultan mucho más difíciles de identificar.
Ya no basta con observar el color del cabello.
Ni la indumentaria.
Ni siquiera las pegatinas del ordenador portátil.
Las más evolucionadas han desarrollado extraordinarias capacidades de mimetización administrativa, académica y mediática.
Por ello consideré necesario emprender una investigación rigurosa.
O todo lo rigurosa que puede ser una investigación realizada por un profesor jubilado, armado únicamente con una libreta, una taza de café, una saludable dosis de escepticismo y varios decenios observando las extravagancias humanas.
Debo advertir al lector que este cómic no pretende ser un tratado académico.
Tampoco una tesis doctoral.
Ni un informe para algún observatorio financiado con fondos europeos.
Dios nos libre.
Se trata, sencillamente, de una sátira.
Una sátira que utiliza el humor, la ironía y la caricatura para reflexionar sobre algunos fenómenos muy reales de nuestro tiempo.
Porque la sátira cumple una función antigua y respetable.
Pinchar globos.
Ridiculizar solemnidades.
Cuestionar dogmas.
Y recordar que ningún poder, por muy revestido de buenas intenciones que se presente, debería quedar exento de crítica.
A lo largo de estas páginas, el lector encontrará activistas profesionales, funcionarias de igualdad, observatorios permanentes, comisiones eternas, expertas omniscientes, inquisidoras digitales, inspectoras de micromachismos y toda una variada fauna burocrático-ideológica que ha proliferado notablemente durante los últimos años.
Pero sería un error interpretar esta obra únicamente como una crítica al feminismo más fanatizado e incluso violento.
En realidad, el asunto es mucho más amplio.
Lo que aquí se analiza es una vieja tentación humana que adopta distintas formas según la época.
La tentación de imponer una verdad oficial.
La tentación de sustituir el debate por el dogma.
La tentación de reemplazar la libertad por la tutela.
La tentación de considerar sospechoso a quien piensa por sí mismo.
La tentación de dividir a las personas en grupos enfrentados para administrar mejor sus agravios.
Las femi-estalinistas degeneradas constituyen simplemente una de las expresiones contemporáneas de esa vieja inclinación.
Nada más.
Y nada menos.
El lector advertirá asimismo que el protagonista de esta historieta soy yo mismo.
Un profesor jubilado que, tras toda una vida observando a políticos, burócratas, pedagogos iluminados, revolucionarios de salón, expertos permanentes y salvadores profesionales de la humanidad, ha llegado a una conclusión bastante sencilla.
La realidad sigue siendo más importante que las consignas.
La verdad sigue siendo más importante que el relato.
La libertad sigue siendo más importante que la tutela.
Y el sentido común continúa siendo un bien escaso que conviene proteger con especial cuidado.
No encontrarás aquí héroes perfectos.
Ni soluciones mágicas.
Ni fórmulas infalibles.
Tampoco encontrará odio.
El odio rara vez sirve para comprender nada.
Encontrarás algo bastante más útil.
Preguntas.
Dudas.
Observaciones.
Contradicciones.
Y unas cuantas carcajadas.
Porque el humor sigue siendo una de las mejores vacunas contra el fanatismo.
Quien es incapaz de reírse de sí mismo suele terminar exigiendo que los demás se tomen demasiado en serio sus ocurrencias.
Y eso, históricamente, nunca ha acabado bien.
Así pues, querido lector, acompáñame.
Toma asiento.
Sírvete un café.
Afina la vista.
Mantén despierto el sentido crítico.
Y prepárate para adentrarte en uno de los ecosistemas ideológicos más curiosos de nuestro tiempo.
La excursión promete ser instructiva.
Y, con un poco de suerte, también divertida.
Porque, al fin y al cabo, como enseñó Carlo Cipolla, la estupidez humana constituye una de las fuerzas más poderosas de la Historia.
Y además suele presentarse siempre convencida de estar salvando el mundo.
Comencemos.

























































































































































































































