REFLEXIONES IMPRESCINDIBLES ACERCA DE CÓMO SE HA LLEGADO A LA CASI DEMOLICIÓN DE LA NACIÓN ESPAÑOLA
Masonería, krausismo, desastre de 1898, PSOE, nacionalismos y separatismos… Sáhara, … «Estado de las autonomías», … Ceuta, Melilla… ¿Y Canarias?
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

RESUMEN PARA LECTORES CON PRISAS
España no ha llegado a su situación actual por una sola causa, ni por la acción exclusiva de un Gobierno, un partido o una generación política.
La tesis de este ensayo es más incómoda:
LA CASI DEMOLICIÓN DE LA NACIÓN ESPAÑOLA ES EL RESULTADO DE UN LARGO PROCESO HISTÓRICO.
Un proceso formado por corrientes distintas, intereses diferentes, proyectos a veces incluso enfrentados entre sí, pero que durante determinados períodos han convergido en una misma dirección:
debilitar la soberanía común, erosionar la conciencia nacional, fragmentar el poder del Estado y convertir en discutible aquello que antes constituía el punto de partida: la propia continuidad de España como nación.
El problema no comienza con Pedro Sánchez.
Ni siquiera con la Constitución de 1978.
Hay que retroceder al siglo XIX.
EL SIGLO XIX: LA GRAN FRACTURA
Durante aquel siglo España no discutió solamente quién debía ocupar el trono.
Discutió:
la legitimidad política,
la Monarquía,
la religión,
la soberanía,
la organización territorial,
la educación,
la relación entre tradición y revolución
y, finalmente, la propia idea de nación.
Las guerras carlistas fueron sólo una parte de aquella enorme disputa.
Paralelamente crecieron:
liberalismo revolucionario,
republicanismo,
masonería,
krausismo,
socialismo,
anarquismo,
federalismo
y nacionalismos de inspiración romántica.
No eran la misma cosa.
Pero podían coincidir en la impugnación de determinadas estructuras de la España histórica.
MASONERÍA Y KRAUSISMO: EL PODER DE LAS REDES Y DE LA EDUCACIÓN
La masonería tuvo una influencia política considerable mediante redes que atravesaban partidos, profesiones e instituciones.
No hace falta imaginar una conspiración omnipotente.
Basta con observar su enorme presencia entre determinadas élites.
El krausismo, por su parte, comprendió algo decisivo:
QUIEN INFLUYE EN LA EDUCACIÓN PUEDE INFLUIR SOBRE GENERACIONES ENTERAS.
De ahí la importancia de Julián Sanz del Río, Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.
Las transformaciones políticas profundas suelen comenzar mucho antes de que se apruebe una ley.
Comienzan cambiando aquello que una sociedad considera normal, respetable, moderno o superado.
EL PSOE Y EL MOVIMIENTO OBRERO
El PSOE nace en 1879 dentro del socialismo obrero europeo.
No procede directamente del krausismo ni de la masonería.
Pero durante las décadas siguientes socialismo, republicanismo, anticlericalismo, masonería, librepensamiento y otras corrientes coincidieron en determinadas batallas contra el orden político y social heredado.
Ésta es una de las claves del ensayo:
LA CONFLUENCIA NO EXIGE IDENTIDAD.
Fuerzas distintas pueden compartir adversarios sin compartir el mismo objetivo final.
LOS NACIONALISMOS
El Romanticismo recuperó lenguas, tradiciones, historias locales y particularismos culturales.
Después apareció el salto político:
si existe un pueblo diferenciado,
puede afirmarse que existe una nación diferenciada.
Y si existe una nación diferenciada:
¿por qué no un Estado?
Así fueron evolucionando determinados regionalismos hasta convertirse en nacionalismos y, posteriormente, en separatismos.
Cataluña y las Vascongadas ofrecen dos ejemplos distintos de un mismo proceso:
primero identidad,
después política,
después soberanía.
1898: EL DESASTRE QUE REVELÓ UNA CRISIS ANTERIOR
El desastre de 1898 no fue solamente una derrota militar.
Fue una crisis nacional.
España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas y descubrió brutalmente la distancia entre la imagen que conservaba de sí misma y su poder real.
Apareció entonces el regeneracionismo.
La pregunta era:
¿QUÉ NOS PASA?
Tal vez hoy debamos formularla de nuevo.
Porque el 98 tampoco había comenzado en 1898.
Era la factura de décadas anteriores.
EL LABERINTO ESPAÑOL
Gerald Brenan llamó a los antecedentes de la Guerra Civil:
EL LABERINTO ESPAÑOL.
La expresión continúa siendo útil.
España arrastraba problemas territoriales, sociales, religiosos, económicos e institucionales que se cruzaban unos con otros.
1931 no nació en 1931.
1936 tampoco nació en 1936.
Los grandes desastres históricos suelen prepararse durante décadas.
LA SEGUNDA REPÚBLICA Y LA MASONERÍA
En las Cortes Constituyentes de 1931 la presencia de masones fue extraordinariamente elevada.
Los estudios manejan cifras diferentes, pero se documenta aproximadamente un tercio de diputados masones, además de una presencia significativa en el Gobierno y entre las élites republicanas.
Juan Simeón Vidarte constituye un testimonio especialmente relevante:
socialista,
diputado por Badajoz,
secretario de las Cortes
y masón.
César Vidal ha estudiado ampliamente esta presencia y su posible influencia política.
También hubo masones dentro del mundo libertario, incluida la CNT y la FAI.
Esto demuestra que las fronteras ideológicas podían ser mucho más permeables de lo que habitualmente se presenta.
1978: EL ESTADO AUTONÓMICO
Después del franquismo, España volvió a intentar resolver su viejo problema territorial.
La Constitución de 1978 proclamó la indisoluble unidad de la Nación española, pero simultáneamente construyó el Estado autonómico.
Gobiernos regionales.
Parlamentos.
Competencias.
Educación.
Medios públicos.
Presupuestos.
Política lingüística.
Administraciones propias.
El gran interrogante es:
¿QUÉ OCURRE CUANDO SE ENTREGA A LOS NACIONALISTAS LA MAQUINARIA NECESARIA PARA CONSTRUIR NACIÓN?
Durante décadas, esas estructuras permitieron desarrollar identidades políticas alternativas a la española.
La autonomía que debía apaciguar el separatismo terminó, en determinados territorios, proporcionándole instrumentos formidables.
ETA: LA VIOLENCIA TERMINA, EL PROYECTO SOBREVIVE
ETA asesinó, secuestró y aterrorizó durante décadas.
El Estado logró derrotar su estrategia armada.
Pero el proyecto separatista vasco sobrevivió políticamente.
La izquierda abertzale terminó plenamente incorporada a las instituciones y dispone hoy de influencia parlamentaria.
Puede llamarse normalización democrática.
Puede llamarse blanqueamiento.
Pero el hecho político permanece:
un espacio vinculado históricamente al proyecto separatista terminó formando parte de la aritmética necesaria para gobernar España.
CATALUÑA: DE LA AUTONOMÍA A LA AMNISTÍA
Cataluña representa la secuencia de manera casi pedagógica:
autonomía,
competencias,
construcción nacional,
«derecho a decidir»,
referéndum,
declaración unilateral,
aplicación del artículo 155,
procesos judiciales,
indultos
y finalmente amnistía.
La lección que puede extraer cualquier movimiento político paciente es inquietante:
PERSEVERAR PUEDE SER RENTABLE.
MARRUECOS TAMBIÉN APRENDE
Mientras España discute consigo misma, Marruecos desarrolla una política nacional a largo plazo.
1975:
Marcha Verde.
España abandona el Sáhara.
2021:
crisis de Ceuta y utilización de la presión migratoria.
Después:
Pegasus.
Cambio español sobre el Sáhara.
Reivindicaciones constantes de Ceuta y Melilla.
La hipótesis central es sencilla:
Marruecos ha aprendido que España puede ceder cuando se ejerce suficiente presión.
CEUTA Y MELILLA: NO HACE FALTA UNA INVASIÓN
La anexión no tiene por qué producirse mediante una guerra.
Puede existir un procedimiento mucho más lento:
DEGRADAR.
VACIAR.
NEGOCIAR.
Primero deteriorar la seguridad, la economía y las expectativas.
Después conseguir que familias españolas empiecen a marcharse.
Más tarde presentar el cambio demográfico como una nueva realidad inevitable.
Finalmente aparecerían palabras aparentemente moderadas:
diálogo,
pragmatismo,
solución histórica,
cosoberanía.
La entrega perfecta sería aquella que terminara pareciendo razonable.
¿Y CANARIAS?
Canarias no se encuentra hoy en la misma situación que Ceuta y Melilla.
Pero forma parte necesariamente del tablero estratégico atlántico:
Sáhara Occidental,
aguas,
plataforma continental,
recursos,
rutas migratorias
e influencia regional marroquí.
La pregunta «¿y Canarias?» no afirma una futura anexión.
Obliga a pensar a largo plazo.
Y eso es precisamente lo que debería hacer cualquier Estado serio.
CUI PRODEST?
¿Quién gana cuando España retrocede en el Sáhara?
Marruecos.
¿Quién gana cuando Ceuta se degrada?
Marruecos.
¿Quién gana cuando españoles abandonan Ceuta y Melilla?
Marruecos.
¿Quién gana cuando España depende de Rabat para controlar su frontera?
Marruecos.
¿Quién gana cuando se instala la idea de que ambas ciudades constituyen un problema?
Marruecos.
Demasiadas casualidades apuntando hacia el mismo beneficiario.
NO HACE FALTA UN DIRECTOR ÚNICO
Hablar de un proceso de demolición no significa imaginar una conspiración de dos siglos dirigida desde una habitación secreta.
Marruecos tiene su plan.
Los separatistas catalanes, el suyo.
El nacionalismo vasco, el suyo.
Los partidos españoles persiguen sus propios intereses.
Distintas corrientes ideológicas han perseguido objetivos diferentes.
Pero muchas pueden confluir durante determinadas etapas en un mismo resultado:
UN ESTADO ESPAÑOL CADA VEZ MÁS DÉBIL PARA EJERCER UNA SOBERANÍA NACIONAL COMÚN.
No hace falta un director único.
Basta con una dirección.
SÁNCHEZ NO INVENTÓ EL PROBLEMA
El sanchismo no creó el laberinto.
Lo aceleró.
Indultos.
Amnistía.
Dependencia parlamentaria de separatistas.
Negociaciones bilaterales.
Cambio sobre el Sáhara.
Cesiones convertidas en normalidad.
Por eso pensar que todo terminará simplemente expulsando a Sánchez de la Moncloa resulta insuficiente.
Si permanece intacto el mecanismo, otro podrá utilizarlo.
Y LA OPOSICIÓN RESPONDE CON ALGARABÍA
Frente a una estrategia de décadas, PP y VOX recurren con demasiada frecuencia a:
manifestaciones,
banderas,
discursos,
concentraciones,
minutos de silencio
y patriotismo emocional.
Todo eso puede expresar solidaridad.
Pero no constituye una estrategia.
La pregunta decisiva es:
¿QUÉ HARÁN AL DÍA SIGUIENTE?
¿Qué política territorial?
¿Qué política respecto de Marruecos?
¿Qué presencia militar?
¿Qué fronteras?
¿Qué política demográfica?
¿Qué inversiones en Ceuta y Melilla?
¿Qué diplomacia?
¿Qué consecuencias tendrá la próxima agresión?
Sin respuestas concretas, la manifestación corre el riesgo de convertirse simplemente en:
EL DULCE ENCANTO DE LA ALGARABÍA.
LA CONCLUSIÓN
Tal vez estemos ante algo parecido a un nuevo 1898.
O quizá ante algo más profundo:
la última fase de una crisis española comenzada hace dos siglos.
El 98 produjo regeneracionistas.
Nuestra época produce demasiadas manifestaciones.
La diferencia debería preocuparnos.
Porque:
A UNA ESTRATEGIA SE RESPONDE CON OTRA ESTRATEGIA.
A UN PLAN SE LE DERROTA CON OTRO PLAN.
Y la pregunta esencial ya no es cuándo caerá Pedro Sánchez, ni cuándo será la próxima manifestación.
Es ésta:
¿CUÁL ES EL PLAN PARA QUE ESPAÑA SIGA EXISTIENDO COMO NACIÓN SOBERANA DENTRO DE CIEN AÑOS?
Si quienes desean conservarla no saben responder, otros decidirán por ellos.
Porque Marruecos tiene estrategia.
Los separatistas tienen estrategia.
Y quienes pretenden transformar España llevan generaciones trabajando.
España necesita la suya.
SI QUIERES PROFUNDIZAR, SABER MÁS, SIGUE LEYENDO.
Hay una explicación que empieza a resultar demasiado cómoda.
Cada vez que España retrocede, cada vez que el Estado pierde capacidad, cada vez que un separatismo obtiene una nueva concesión, cada vez que Marruecos avanza una casilla, cada vez que una frontera deja de funcionar como frontera, cada vez que una decisión política beneficia precisamente a quienes quieren una España más débil, dividida o condicionada, aparece inmediatamente el mismo repertorio de palabras tranquilizadoras:
Error.
Torpeza.
Improvisación.
Ineptitud.
Descoordinación.
Falta de previsión.
Mala gestión.
Casualidad.
Puede ser.
Alguna vez.
Muchas veces incluso.
España ha producido suficientes gobernantes mediocres como para que la incompetencia constituya una hipótesis perfectamente razonable.
El problema empieza cuando los errores se acumulan durante décadas y poseen una característica llamativa:
CASI SIEMPRE EMPUJAN EN LA MISMA DIRECCIÓN.
Menos soberanía común.
Más poder territorial.
Más capacidad de chantaje de los nacionalismos.
Más dependencia exterior.
Más cesiones.
Más dificultad para que el Estado diga simplemente:
«No».
Y entonces surge la pregunta que articula estas páginas:
¿Y SI NO ESTAMOS CONTEMPLANDO UNA SUMA DE ACCIDENTES, SINO UN PROCESO HISTÓRICO?
No hablamos de una conspiración de opereta.
No imaginamos una habitación secreta en la que un masón de 1868 entregue a un socialista de 1931 una carpeta que después pasa a un nacionalista de 1978, a un separatista de 2017 y finalmente a Mohamed VI.
Eso sería ridículo.
La Historia funciona de una manera bastante más compleja.
Existen corrientes diferentes.
Intereses distintos.
Proyectos incluso incompatibles entre sí.
Pero fuerzas que quieren destinos distintos pueden coincidir durante un trecho en una misma tarea:
DERRIBAR O DEBILITAR EL EDIFICIO EXISTENTE.
Ésa es precisamente la hipótesis que merece ser explorada.
Y para hacerlo debemos dejar de empezar la Historia con Pedro Sánchez.
El sanchismo puede ser una aceleración.
Puede constituir una fase especialmente agresiva.
Pero la cuestión española viene de mucho antes.
Muchísimo antes.
Hay que retroceder al siglo XIX.
EL SIGLO XIX: NO SE DISCUTÍA SÓLO QUIÉN REINABA.
Las guerras carlistas suelen resumirse como conflictos dinásticos.
Carlos contra Isabel.
Legitimistas contra liberales.
Sucesión al trono.
Todo eso existió.
Pero debajo había una cuestión mucho mayor.
España estaba decidiendo qué clase de país saldría de la destrucción del Antiguo Régimen.
Monarquía tradicional o monarquía constitucional.
Catolicidad pública o secularización.
Fueros o centralización.
Sociedad histórica o sociedad reconstruida mediante principios revolucionarios.
Soberanía tradicional o soberanía nacional.
Orden heredado o nuevo orden.
No se discutía únicamente quién ocupaba el trono.
SE DISCUTÍA QUÉ ERA LEGÍTIMO.
Y cuando una nación empieza a discutir simultáneamente la fuente de la autoridad, la religión pública, la forma del Estado, la estructura territorial, la educación y hasta la naturaleza de la soberanía, comienza algo más profundo que una crisis política.
Comienza una crisis civilizatoria.
Durante el XIX español esa discusión atravesó:
Cádiz.
Pronunciamientos.
Guerras carlistas.
Revoluciones.
Constituciones.
Contrarrevoluciones.
Exilios.
Restauraciones.
La revolución de 1868.
La Primera República.
El cantonalismo.
El republicanismo federal.
El movimiento obrero.
Y, finalmente, el nacimiento de los nacionalismos periféricos.
España pasó un siglo discutiendo consigo misma.
Y no terminó de resolver casi ninguna de aquellas preguntas.
LA MASONERÍA: REDES, IDEAS Y PODER
Dentro de aquella transformación aparece inevitablemente la masonería.
Sobre ella se han cometido dos excesos opuestos.
Uno consiste en atribuirle cualquier acontecimiento sucedido desde la Revolución francesa.
El otro, no menos absurdo, consiste en tratarla como una asociación completamente irrelevante cuyos miembros sólo se reunían para realizar ceremonias pintorescas.
La realidad histórica es bastante más interesante.
La masonería creó redes de influencia.
Relacionó a militares, abogados, políticos, intelectuales y profesionales.
Atravesó partidos.
Facilitó contactos.
Compartió determinados valores relacionados con el liberalismo, el racionalismo, la secularización, el librepensamiento o el anticlericalismo, aunque las obediencias y los masones concretos distaron muchísimo de constituir un bloque homogéneo.
No hace falta atribuirle un poder omnipotente.
Basta con estudiar su presencia entre quienes sí tenían poder.
Y ahí empiezan las preguntas incómodas.
EL PODER QUE NO SE VE EN LAS PAPELETAS
Nos hemos acostumbrado a estudiar la política mediante partidos.
Éste tenía tantos diputados.
Aquél tantos ministros.
El otro tantos votos.
Pero el poder nunca ha funcionado exclusivamente mediante las organizaciones que figuran en una papeleta.
También existen:
clubes,
ateneos,
logias,
universidades,
academias,
periódicos,
fundaciones,
sindicatos,
asociaciones profesionales,
tertulias
y redes personales.
Un diputado puede pertenecer a un partido y simultáneamente mantener otras lealtades, amistades y espacios de «sociabilidad».
Eso no demuestra automáticamente que reciba órdenes políticas de ese segundo espacio.
Pero considerar irrelevantes esas relaciones sería todavía más absurdo.
KRAUSISMO: CONQUISTAR EL FUTURO DESDE EL AULA
Otra corriente fundamental fue el krausismo.
Julián Sanz del Río introdujo en España la filosofía de Krause.
Después llegarían Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.
Puede parecer un asunto académico.
No lo es.
Quien modifica la educación modifica aquello que una generación considera normal.
Quien forma a profesores forma indirectamente a alumnos.
Quien forma a juristas influye sobre leyes.
Quien forma a periodistas influye sobre la opinión pública.
Quien forma a élites puede influir sobre varias generaciones de gobernantes.
Por eso algunas revoluciones duraderas comienzan sin fusiles.
Empiezan mediante una transformación cultural.
Primero, cambia el significado de las palabras.
Después cambia aquello que una sociedad considera respetable.
Después aquello que considera anticuado.
Finalmente, cambia lo políticamente posible.
La batalla institucional suele llegar después.
EL PSOE NO NACIÓ DEL KRAUSISMO, PERO NACIÓ EN ESE SIGLO DE RUPTURAS Y, SIN DUDA, MUY PRÓXIMO AL KRAUSISMO…
Conviene evitar genealogías demasiado fáciles.
El PSOE no fue una creación del krausismo.
Pablo Iglesias y el núcleo fundador del partido proceden fundamentalmente del movimiento obrero socialista-marxista europeo. El propio PSOE fecha su fundación en 1879.
Pero el hecho de que dos corrientes tengan orígenes diferentes no significa que nunca puedan encontrarse.
Republicanismo.
Krausismo.
Librepensamiento.
Masonería.
Socialismo.
Anticlericalismo.
Federalismo.
Anarquismo.
No eran sinónimos.
Ni aspiraban al mismo orden final.
Pero podían compartir determinados adversarios:
la Monarquía tradicional,
la preeminencia social de la Iglesia,
la vieja organización del Estado,
determinadas instituciones heredadas
y una determinada concepción histórica de España.
Ahí aparece una constante fundamental de nuestro análisis:
LA CONFLUENCIA NO EXIGE IDENTIDAD.
Basta con coincidir durante parte del camino.
EL ROMANTICISMO Y EL NACIMIENTO DE LAS «NACIONES» INTERIORES
Paralelamente, Europa vivía otra transformación.
El Romanticismo.
Lengua.
Folclore.
Historia local.
Tradiciones.
Leyendas.
Héroes.
Literaturas propias.
La recuperación cultural no conduce necesariamente al separatismo.
Pero el nacionalismo romántico añadió un mecanismo intelectual enormemente poderoso.
Tenemos lengua propia.
Tenemos una historia particular.
Tenemos costumbres características.
Por tanto somos un pueblo.
Si somos un pueblo, somos una nación.
Y si somos una nación:
¿POR QUÉ NO TENER UN ESTADO?
Ahí encontramos una de las semillas de los posteriores nacionalismos catalán, vasco y gallego.
Primero, cultura.
Después, identidad.
Después, política.
Finalmente, soberanía.
CATALUÑA: PRIMERO LA IDENTIDAD, DESPUÉS EL ESTADO
La evolución catalana resulta ilustrativa precisamente porque tarda generaciones.
Renaixença.
Recuperación lingüística.
Construcción cultural.
Regionalismo.
Nacionalismo.
Autonomismo.
Nación.
Derecho a decidir.
Independencia.
Una frontera política rara vez aparece primero sobre el mapa.
Antes aparece en las cabezas.
Ésa es una enseñanza que España ha tardado demasiado en comprender.
Porque quien controla durante décadas:
educación,
lengua,
televisión,
cultura,
subvenciones,
funcionarios
y construcción del relato histórico
posee una capacidad formidable para modificar la conciencia política de una población.
EL NACIONALISMO VASCO
El caso vasco siguió otro camino, pero desembocó igualmente en una nueva concepción nacional.
La tradición foral.
El carlismo.
La abolición o transformación del régimen foral tras la última guerra carlista.
Sabino Arana.
Y finalmente, la formulación de una nación vasca separada conceptualmente de España.
Otra vez la misma transformación:
de una peculiaridad histórica dentro de España
a una identidad política enfrentada a España.
No ocurrió en un año.
Requirió elaboración doctrinal.
Organización.
Propaganda.
Perseverancia.
Tiempo.
Mucho tiempo.
1898: EL DESASTRE NO EMPEZÓ EN 1898
Y entonces llegó el 98.
Cuba.
Puerto Rico.
Filipinas.
Estados Unidos.
La derrota.
España perdió los últimos restos de su gran imperio ultramarino.
Pero el verdadero significado del 98 fue psicológico.
Una nación descubrió que la representación que conservaba de sí misma no coincidía con su verdadera capacidad.
Entonces apareció una pregunta obsesiva:
¿QUÉ NOS PASA?
Regeneracionismo.
Joaquín Costa.
Ganivet.
Unamuno.
Maeztu.
Baroja.
Azorín.
Más tarde, Ortega.
Todo un país empezó a preguntarse por las razones de su decadencia.
Porque las derrotas militares rara vez empiezan en el campo de batalla.
Suelen revelar debilidades anteriores.
Tal vez ésta sea la primera gran analogía con nuestra situación.
¿Y SI CEUTA Y MELILLA NO SON EL PROBLEMA, SINO EL LUGAR DONDE EL PROBLEMA SE HACE VISIBLE?
GERALD BRENAN: EL LABERINTO
Décadas después, Gerald Brenan eligió para su gran ensayo sobre los antecedentes de la Guerra Civil una expresión extraordinaria:
EL LABERINTO ESPAÑOL.
El título explica mucho.
Un laberinto no es un problema.
Es una sucesión de caminos que se cruzan.
Restauración.
Problema agrario.
Anarquismo.
Socialismo.
Carlismo.
Nacionalismos.
Ejército.
Iglesia.
República.
Revolución.
Brenan veía precisamente una acumulación de contradicciones sociales y políticas que desembocaría en el desastre. Su obra analiza los antecedentes de la Guerra Civil desde el período de la Restauración y los grandes conflictos sociales e ideológicos de España.
Nuestro problema actual quizá deba estudiarse exactamente así.
Como un laberinto.
No preguntando únicamente:
«¿Quién cometió este error?»
Sino:
«¿QUÉ CAMINO HISTÓRICO NOS HA TRAÍDO HASTA AQUÍ?»
1931: LA MASONERÍA EN LAS CORTES CONSTITUYENTES
Llegamos a la Segunda República.
Y aquí la cuestión masónica deja de ser una especulación sobre el siglo XIX para convertirse en un dato político cuantificable.
Octavio Ruiz-Manjón, en un estudio publicado por la Revista de las Cortes Generales, calcula que 163 de los 470 diputados de las Cortes Constituyentes fueron masones durante aquella legislatura.
Más de un tercio.
El propio historiador subraya que se trataba de una proporción extraordinariamente superior a la implantación social de la masonería en España.
Además, en el Gobierno provisional hubo ministros masones de enorme relevancia:
Diego Martínez Barrio,
Álvaro de Albornoz,
Santiago Casares Quiroga,
Marcelino Domingo,
Alejandro Lerroux
y Fernando de los Ríos.
Manuel Azaña se iniciaría posteriormente, en 1932.
No necesitamos afirmar que una parte importante de las Cortes fueran masones.
La realidad documentada ya resulta suficientemente llamativa.
MÁS DE UN TERCIO DE UN PARLAMENTO CONSTITUYENTE.
Y no cualquier Parlamento.
Uno encargado de redefinir España.
JUAN SIMEÓN VIDARTE: EL TESTIGO ESTABA DENTRO
Aquí entra Juan Simeón Vidarte.
Socialista.
Diputado por Badajoz.
Secretario de las Cortes.
Y masón.
Su importancia resulta evidente precisamente porque no contemplaba la República desde la acera contraria.
Formaba parte del régimen.
Formaba parte del PSOE.
Y formaba parte de la masonería.
Ruiz-Manjón recuerda expresamente que Vidarte fue uno de los primeros testigos que llamó la atención sobre el elevado número de masones entre los diputados constituyentes.
César Vidal ha utilizado posteriormente esas memorias y otras fuentes para construir una interpretación mucho más crítica acerca de la influencia política masónica durante la República.
Podrán discutirse sus conclusiones.
Pero no puede despacharse el problema diciendo que la presencia masónica era inexistente.
No lo era.
La cuestión interesante empieza después:
¿QUÉ SIGNIFICABA AQUELLA SOBRERREPRESENTACIÓN?
NO ERA SÓLO UNA CUESTIÓN NUMÉRICA
Supongamos que ciento cincuenta, ciento sesenta o ciento sesenta y tres diputados pertenecían a logias.
Todavía queda la pregunta verdaderamente importante.
¿Dónde estaban?
¿Qué cargos ocupaban?
¿Qué partidos atravesaban?
¿Qué relaciones tenían?
¿Hasta qué punto compartían objetivos en materias como:
la secularización,
las relaciones Iglesia-Estado,
la educación,
el matrimonio civil,
el divorcio
o el nuevo orden institucional?
La mera pertenencia masónica no demuestra disciplina parlamentaria automática.
Pero negar cualquier relevancia política a semejante red de pertenencias sería intelectualmente insostenible.
Porque, nuevamente:
EL PODER NO FUNCIONA ÚNICAMENTE MEDIANTE PARTIDOS.
HASTA EN LA CNT Y LA FAI
Y aquí aparece uno de los episodios más sugestivos.
También hubo masones dentro del mundo libertario.
La propia Fundación Anselmo Lorenzo recoge los casos de Eleuterio Quintanilla y Avelino González Mallada, vinculados a la masonería y al movimiento libertario. Incluso documenta que en 1937 se discutió dentro de la FAI la posibilidad de declarar incompatible la militancia anarquista con la pertenencia masónica.
La incompatibilidad no se declaró entonces.
El detalle resulta extraordinariamente revelador.
Masonería y anarquismo no son doctrinas idénticas.
Ni remotamente.
Pero podían encontrarse personas pertenecientes a ambas organizaciones.
¿Contradicción?
Naturalmente.
La Historia está llena de ellas.
Pero también demuestra algo importante:
LAS FRONTERAS IDEOLÓGICAS SON MENOS IMPERMEABLES DE LO QUE POSTERIORMENTE NOS CUENTAN.
LA COALICIÓN NEGATIVA
Y aquí aparece un mecanismo político universal.
Distintos grupos pueden odiarse profundamente y, sin embargo, coincidir temporalmente en aquello que desean destruir.
Un republicano quiere acabar con la Monarquía.
Un socialista pretende transformar la sociedad de clases.
Un anarquista aspira a destruir el Estado.
Un separatista quiere reducir el territorio sometido al Estado español.
Un anticlerical quiere eliminar la influencia pública de la Iglesia.
No quieren construir lo mismo.
Pero pueden coincidir durante una fase:
DESMONTAR EL ORDEN EXISTENTE.
El conflicto vendrá después.
Cuando haya que repartirse los restos.
Eso ocurrió repetidamente durante la Segunda República.
Y acabaría teniendo consecuencias terribles.
1931 NO NACIÓ EL 14 DE ABRIL
Por eso la República no puede entenderse empezando en 1931.
Hay que recorrer:
Cádiz.
Las guerras civiles.
Los pronunciamientos.
La masonería.
La revolución de 1868.
La Primera República.
El krausismo.
El movimiento obrero.
El republicanismo.
El anarquismo.
El socialismo.
Los regionalismos.
Los nacionalismos.
Annual.
Primo de Rivera.
Y finalmente 1931.
La República fue la desembocadura de un siglo entero de transformaciones.
Y 1936 tampoco apareció por generación espontánea.
Fue la siguiente estación del laberinto.
1978: UNA NUEVA RESPUESTA A UN VIEJO PROBLEMA
Después de la Guerra Civil y del franquismo, España volvió a enfrentarse a la misma pregunta esencial:
¿CÓMO ORGANIZAR TERRITORIALMENTE UNA NACIÓN CON PODEROSAS FRACTURAS HISTÓRICAS?
La Constitución de 1978 respondió mediante el Estado autonómico.
El artículo 2 proclamó la «indisoluble unidad de la Nación española», pero reconoció simultáneamente la autonomía de «nacionalidades y regiones».
A partir de ahí apareció toda una arquitectura:
comunidades autónomas,
estatutos,
parlamentos,
gobiernos,
administraciones,
competencias,
presupuestos,
medios públicos
y sucesivas transferencias.
Teóricamente, la intención oficial era integrar.
La pregunta histórica es otra:
¿QUÉ RESULTADO PRODUJO?
CUANDO SE ENTREGA AL NACIONALISMO LA MAQUINARIA PARA CONSTRUIR NACIÓN
Ésta es quizá una de las mayores paradojas de 1978.
El nacionalismo necesitaba construir una conciencia nacional alternativa.
¿Y qué herramientas recibió?
Educación.
Política lingüística.
Medios públicos.
Cultura.
Administración.
Presupuestos.
Subvenciones.
Funcionarios.
Políticas de memoria.
Símbolos.
Durante un año, tal vez poco.
Durante cuarenta años:
una enormidad.
El Estado español terminó financiando buena parte de la maquinaria utilizada posteriormente para convencer a muchos españoles de que España era precisamente el problema.
Una ironía formidable.
LA AUTONOMÍA QUE DEBÍA APACIGUAR
La teoría era conocida.
Más autonomía reducirá el separatismo.
Más competencias producirán satisfacción.
Más reconocimiento eliminará agravios.
Más financiación estabilizará el sistema.
¿Qué ocurrió?
Nueva reivindicación.
Más competencias.
Nueva reivindicación.
Más dinero.
Nueva reivindicación.
Más singularidad.
Nueva reivindicación.
Hasta llegar a:
INDEPENDENCIA.
Cuando un sistema recompensa permanentemente la amenaza con una concesión, genera un incentivo perverso.
El nacionalista aprende:
PEDIR MÁS FUNCIONA.
ETA Y LA LARGA METAMORFOSIS DEL PODER
Después tenemos a ETA.
Décadas de asesinatos.
Secuestros.
Extorsión.
Terror.
El Estado consiguió finalmente derrotar su estrategia armada.
ETA, aparentemente, desapareció.
Pero el proyecto separatista vasco no desapareció.
La izquierda abertzale se integró plenamente en las instituciones democráticas y hoy dispone de representación parlamentaria y capacidad política.
Hay quien interpreta ese proceso como normalización democrática.
Y hay quien considera que ha significado un blanqueamiento del entorno político que compartió durante décadas objetivos con la organización terrorista.
Ambas lecturas existen.
Pero para nuestro análisis importa sobre todo el resultado:
UN PROYECTO QUE DURANTE DÉCADAS DESAFIÓ VIOLENTAMENTE AL ESTADO TERMINÓ INCORPORADO A LA ARITMÉTICA NECESARIA PARA GOBERNAR ESE MISMO ESTADO.
Eso, como mínimo, merece reflexión histórica.
CATALUÑA: DEL «NUNCA» A LA AMNISTÍA
Después llegó Cataluña.
Referéndum ilegal.
Declaración unilateral.
Artículo 155.
Procesos judiciales.
Condenas.
Indultos.
Y finalmente amnistía.
La Ley Orgánica 1/2024 amnistió determinados actos vinculados al proceso independentista.
La transformación política resulta formidable.
Lo que en 2017 se presentaba como uno de los desafíos más graves al orden constitucional terminó pocos años después sometido a una lógica de «normalización».
¿Qué aprende un movimiento político que piensa a treinta años?
Algo elemental:
PERSEVERAR PUEDE RESULTAR RENTABLE.
Y MIENTRAS ESPAÑA DISCUTE CONSIGO MISMA, MARRUECOS OBSERVA.
Llegamos al sur.
Marruecos posee intereses nacionales perfectamente claros.
Sáhara.
Ceuta.
Melilla.
Atlántico.
África.
Relación con Europa.
Relación con Estados Unidos.
Emigración.
Comercio.
Seguridad.
No existe nada escandaloso en que Marruecos tenga estrategia.
Los Estados tienen intereses.
El problema aparece cuando España parece incapaz de sostener los suyos con la misma continuidad.
1975: EL SÁHARA Y LA LECCIÓN DE LA PRESIÓN
Franco agonizaba.
España atravesaba un momento de enorme incertidumbre.
Marruecos organizó la Marcha Verde.
España terminó abandonando el Sáhara.
Podemos discutir durante páginas las circunstancias.
Pero desde el punto de vista de Rabat existe una enseñanza elemental:
ESPAÑA PUEDE RETROCEDER CUANDO SE LA PRESIONA EN EL MOMENTO ADECUADO.
Los Estados aprenden de los precedentes.
Y Marruecos también.
2021: CEUTA Y LA EMIGRACIÓN COMO PALANCA
En mayo de 2021 miles de personas atravesaron la frontera de Ceuta durante una crisis diplomática.
El Parlamento Europeo rechazó expresamente que Marruecos utilizara los controles fronterizos y la emigración, incluidos menores, como medio de presión política contra España.
No era una fantasía.
Era una descripción política formulada por una institución europea.
El mecanismo había quedado expuesto:
no hacen falta carros de combate.
Basta con abrir una puerta.
España soporta inmediatamente:
presión policial,
presión social,
presión presupuestaria,
presión humanitaria,
presión mediática
y presión política.
El instrumento es extraordinariamente eficaz.
PEGASUS
Después apareció Pegasus.
Los teléfonos del presidente del Gobierno y de la ministra de Defensa fueron infectados.
Se extrajo información.
Y posteriormente España modificó su posición política sobre el Sáhara, considerando la propuesta marroquí de autonomía como la base más seria, creíble y realista para resolver el conflicto.
¿Demuestra una cosa la otra?
No automáticamente.
Pero estamos haciendo análisis político.
Y el análisis político puede formular preguntas.
¿Quién obtuvo información?
¿Qué información obtuvo?
¿Qué capacidad de presión generaba?
¿Qué cambió después?
¿Quién resultó beneficiado?
Preguntas.
No sentencias.
Y preguntas perfectamente legítimas.
2026: MARRUECOS SIGUE AFIRMANDO SIN TAPUJOS QUÉ ES LO QUE QUIERE
En agosto de 2026 el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, volvió a reivindicar públicamente un supuesto «derecho histórico y geográfico» sobre Ceuta y Melilla y pidió un mecanismo de diálogo sobre su futuro y su pretendido «retorno al seno de la patria».
Pocos días después, una ceremonia presidida por Mohamed VI incluyó nuevas alusiones a esas ciudades españolas en términos de territorios «ocupados».
Marruecos habla claro.
Quiere Ceuta.
Quiere Melilla.
No tenemos derecho a fingir sorpresa.
LA CRISIS DE CEUTA DE 2026: ¿INEPTITUD O ETAPA?
La nueva crisis de Ceuta ha vuelto a mostrar algo fundamental.
Entradas masivas.
Colapso.
Miles de personas en las calles.
Tensión vecinal.
Problemas de seguridad.
Presión sobre servicios públicos.
Sensación de abandono.
Contradicciones entre departamentos gubernamentales sobre las advertencias previas.
Y mientras todo eso ocurre, reaparece la reivindicación marroquí.
Incluso medios muy alejados de cualquier retórica nacionalista han descrito una situación de grave deterioro institucional y social en la ciudad.
Entonces planteemos la hipótesis.
¿Y SI EL OBJETIVO NO FUERA CONQUISTAR CEUTA?
¿Y si bastara con hacerla progresivamente difícil de vivir?
PRIMERO DEGRADAR
El procedimiento podría ser mucho más sofisticado que una invasión convencional.
Presionar.
Saturar.
Desmoralizar.
Empobrecer.
Insegurizar.
Crear incertidumbre.
Hacer que las familias empiecen a preguntarse:
«¿QUEREMOS SEGUIR VIVIENDO AQUÍ?»
Ésa es la batalla decisiva.
Porque una frontera no se sostiene únicamente con soldados.
También se sostiene con familias convencidas de permanecer.
Comerciantes.
Médicos.
Maestros.
Funcionarios.
Empresarios.
Niños.
Personas que compran una vivienda pensando vivir allí dentro de treinta años.
El propio texto que sirve de base a este análisis lo resume en tres verbos:
DEGRADAR. VACIAR. NEGOCIAR.
DESPUÉS VACIAR
Para vaciar una ciudad no hace falta expulsar a nadie.
Basta con conseguir que marcharse resulte más racional que quedarse.
Una familia se marcha.
Otra vende.
Un funcionario pide destino en la Península.
Un empresario deja de invertir.
Un joven estudia fuera y no vuelve.
Una pareja decide no comprar vivienda.
Nada espectacular.
No hay una evacuación un lunes a las ocho de la mañana.
Precisamente por eso resulta más eficaz.
El vaciamiento demográfico puede tardar años.
Décadas.
Y cuando el proceso se hace visible puede haber avanzado demasiado.
DESPUÉS PRESENTAR LA DEMOGRAFÍA COMO DESTINO
Entonces aparecería el siguiente discurso.
«La población ha cambiado».
«Hay una nueva realidad social».
«Debemos reconocer la pluralidad identitaria».
«Las viejas fórmulas de soberanía no sirven».
«Hace falta imaginación».
«Necesitamos una solución compartida».
Y entonces podría aparecer la palabra perfecta:
COSOBERANÍA.
Suena magníficamente.
No parece rendición.
Parece modernidad.
No parece pérdida.
Parece acuerdo.
Pero desde el instante en que España admitiera que Marruecos posee algún derecho soberano sobre Ceuta o Melilla, la naturaleza del problema habría cambiado completamente.
Ya no discutiríamos:
«¿Son españolas?»
Sino:
«¿CUÁNTO TIEMPO SEGUIRÁN SIÉNDOLO?»
LA ENTREGA PERFECTA ES AQUELLA QUE PARECE RAZONABLE
Éste sería el éxito estratégico supremo.
No conquistar Ceuta y Melilla.
Conseguir que España termine entregándolas.
Y todavía mejor:
conseguir que una parte de los españoles termine pidiéndolo.
«Cuestan demasiado».
«Generan demasiados problemas».
«Marruecos es imprescindible».
«Europa recomienda pragmatismo».
«La población ya no es la misma».
«No podemos seguir así».
Exactamente.
CONSEGUIR QUE «NO PODAMOS SEGUIR ASÍ» PUEDE SER PRECISAMENTE EL OBJETIVO.
¿Y CANARIAS?
Canarias no debe colocarse artificialmente en la misma situación jurídica que Ceuta y Melilla.
Marruecos reclama directamente estas dos ciudades.
Con Canarias la cuestión actual es distinta.
Sáhara Occidental.
Delimitación marítima.
Plataforma continental.
Recursos.
Proyección atlántica.
Influencia regional.
Control de rutas migratorias.
Canarias se encuentra necesariamente dentro de ese tablero.
No porque debamos afirmar que Marruecos vaya a reclamar mañana Tenerife.
Sino porque ningún estratega serio estudia una potencia regional mirando únicamente aquello que reclama oficialmente hoy.
Estudia:
qué poder acumula,
qué zonas considera vitales,
qué recursos existen,
qué precedentes ha creado,
qué dependencias controla
y qué margen tendrá dentro de veinte años.
¿CUI PRODEST?
Llegados aquí, volvamos a la vieja pregunta:
¿QUIÉN GANA?
España abandona el Sáhara.
Marruecos gana.
España modifica su posición respecto del Sáhara.
Marruecos gana.
Ceuta sufre presión fronteriza.
Marruecos gana capacidad de negociación.
La población española se desmoraliza.
Marruecos gana.
Las ciudades pierden atractivo económico.
Marruecos gana.
España depende de la cooperación marroquí para controlar movimientos migratorios.
Marruecos gana.
España teme permanentemente deteriorar la relación bilateral.
Marruecos gana.
Aparece la idea de que Ceuta y Melilla constituyen un problema insoportable.
Marruecos gana.
¿Cuántas casualidades pueden cobrar siempre en la misma moneda?
PERO EL PROBLEMA PRINCIPAL NO ESTÁ EN RABAT
Marruecos hace política marroquí.
Eso es exactamente lo que debe esperarse de Marruecos.
El escándalo está en España.
Porque quien tiene la obligación constitucional de defender la soberanía española no es Mohamed VI.
Son las instituciones españolas.
Rabat planifica.
Madrid explica.
Rabat presiona.
Madrid gestiona.
Rabat reclama.
Madrid pide no deteriorar la relación.
Marruecos posee una política nacional.
España parece disponer demasiadas veces de una política electoral.
EL HILO DE DOS SIGLOS
Y ahora podemos volver al comienzo.
Siglo XIX:
crisis del viejo orden.
Masonería.
Liberalismo.
Krausismo.
Republicanismo.
Socialismo.
Anarquismo.
Romanticismo.
Regionalismos.
Nacionalismos.
1898:
crisis de confianza nacional.
1931:
nuevo régimen y enorme presencia masónica en sus élites políticas.
1936:
catástrofe.
1978:
Estado autonómico.
Después:
transferencias.
Nacionalismos institucionalizados.
ETA.
Normalización de la izquierda abertzale.
Cataluña.
Intento separatista.
Indultos.
Amnistía.
Marruecos.
Pegasus.
Sáhara.
Ceuta.
Melilla.
¿Son la misma cosa?
No.
¿Tienen un director único?
No hace falta.
¿Comparten todos exactamente la misma ideología?
Ni remotamente.
Entonces, ¿por qué relacionarlos?
Porque estamos estudiando el resultado acumulado:
UN ESTADO ESPAÑOL PROGRESIVAMENTE MÁS CONDICIONADO PARA EJERCER UNA SOBERANÍA COMÚN.
Ahí aparece el hilo.
EL PLAN PUEDE SER LA CONVERGENCIA DE MUCHOS PLANES DESTRUCTIVOS…
Quizá «plan» no deba entenderse de manera infantil.
Un plan histórico puede consistir en la convergencia de muchos planes.
Marruecos posee el suyo.
Los separatistas catalanes poseen el suyo.
El nacionalismo vasco posee el suyo.
Los partidos tienen sus intereses.
Las oligarquías territoriales los suyos.
Las burocracias poseen los suyos.
Determinadas corrientes ideológicas persiguen transformaciones culturales.
Y todos pueden empujar durante un trecho hacia un mismo resultado sin ponerse de acuerdo sobre el final.
No hace falta un director.
Basta con una dirección.
SÁNCHEZ NO INVENTÓ EL LABERINTO
Pedro Sánchez resulta enormemente importante.
Pero convertirlo en explicación absoluta sería otra forma de no comprender nada.
No creó el Estado autonómico.
No inventó el nacionalismo.
No inventó ETA.
No inventó las pretensiones marroquíes.
No abandonó el Sáhara en 1975.
¿Qué ha hecho entonces?
ACELERAR.
Convertir determinadas excepciones en normalidad.
Depender estructuralmente de separatistas.
Aceptar negociaciones que antes habrían sido consideradas inadmisibles.
Indultar.
Amnistiar.
Reformular líneas rojas.
Modificar la política sobre el Sáhara.
Y, sobre todo, demostrar hasta dónde puede estirarse un sistema institucional cuando la conservación del poder se convierte en prioridad absoluta.
Por eso no basta con echar a Sánchez.
Si permanece intacto el mecanismo, otro podrá utilizarlo.
Y ENFRENTE: EL DULCE ENCANTO DE LA ALGARABÍA
Llegamos entonces a PP y VOX.
¿Qué respuesta ofrecen frente a una crisis que puede poseer dimensiones históricas?
Manifestación.
Concentración.
Bandera.
Discurso.
Aplauso.
Minuto de silencio.
Vídeos.
Fotografías.
«¡Viva España!»
Y después…
a casa.
Tal vez unas cañas.
El texto dedicado al «dulce encanto de la algarabía» describía precisamente esa conversión de la indignación política en romería reivindicativa, procesión laica y catarsis colectiva.
No hay nada malo en manifestarse.
La bandera importa.
La solidaridad importa.
La calle puede enviar señales políticas.
Pero:
NO CONFUNDAMOS EL SÍMBOLO CON EL PODER.
EL DÍA SIGUIENTE
El problema no es el día de la concentración.
Es el día siguiente.
¿Qué hará PP?
¿Qué hará VOX?
¿Qué política aplicarán sobre Marruecos?
¿Qué presencia militar?
¿Qué política demográfica?
¿Qué inversiones?
¿Qué fiscalidad?
¿Qué conexiones con la Península?
¿Qué política europea?
¿Qué estrategia de inteligencia?
¿Qué respuesta tendrá la siguiente utilización de la emigración como arma de presión?
¿Qué coste diplomático pagará Marruecos por cada reivindicación territorial?
¿Qué ocurrirá si vuelve a cruzarse una línea roja?
Eso es gobernar.
Lo demás es convocar.
LOS SEPARATISTAS YA NOS ENSEÑARON LA DIFERENCIA
Durante el proceso separatista catalán hubo enormes manifestaciones españolas.
Plazas llenas.
Banderas.
Discursos.
La multitud regresaba después a su casa.
Los separatistas regresaban el lunes:
a la Generalidad,
a los ayuntamientos,
a los colegios,
a los medios públicos,
a las asociaciones,
a sus presupuestos,
a sus despachos.
Ellos tenían estrategia.
La multitud tenía emoción.
Ésa es precisamente la diferencia que señala el texto de partida:
PROTESTAR CONTRA UNA ESTRATEGIA NO EQUIVALE A DISPONER DE UNA ESTRATEGIA PARA DERROTARLA.
MARRUECOS TRABAJA EL LUNES
Mohamed VI no renunciará a Ceuta y Melilla porque vea cien mil banderas en plazas españolas.
El Ministerio de Exteriores marroquí seguirá trabajando.
Sus diplomáticos seguirán trabajando.
Sus servicios seguirán trabajando.
Sus universidades seguirán construyendo relato.
Sus mapas seguirán circulando.
Sus alianzas seguirán cultivándose.
Su estrategia africana continuará.
Su estrategia europea continuará.
Su estrategia atlántica continuará.
La pregunta es:
¿Y ESPAÑA?
A UN PLAN SE LE DERROTA CON OTRO PLAN
Ésta debería ser la conclusión elemental.
Si el objetivo es degradar:
prosperidad.
Si es vaciar:
población.
Si es generar inseguridad:
seguridad.
Si es aislar:
comunicaciones.
Si es debilitar la economía:
inversión.
Si es cuestionar la soberanía:
ejercerla.
Si Marruecos utiliza la emigración como presión:
reducir radicalmente nuestra dependencia de Marruecos.
Si construye relato histórico:
responder con otro.
Si busca aliados:
buscarlos también.
Si piensa a treinta años:
pensar a cincuenta.
Eso es estrategia.
¿UN NUEVO 1898?
Volvamos finalmente al 98.
Quizá la comparación se queda corta.
En 1898 España perdió territorios ultramarinos.
Hoy la cuestión afecta al propio cuerpo político nacional.
Cataluña.
Vascongadas.
Navarra.
Ceuta.
Melilla.
Y un entorno estratégico atlántico que afecta directamente a Canarias.
Pero existe una diferencia todavía más inquietante.
Después del 98 surgió una obsesión:
REGENERAR ESPAÑA.
Podemos discutir las soluciones de Costa, Ganivet o los hombres del 98.
Pero todos partían de una pregunta:
¿Cómo levantar España?
Hoy cabe preguntar:
¿CUÁNTAS DE NUESTRAS ÉLITES QUIEREN REALMENTE LEVANTARLA COMO NACIÓN COMÚN?
Ésa podría ser la verdadera gravedad de nuestra crisis.
TAL VEZ NO SEA OTRA CRISIS
Quizá estamos formulando mal la pregunta.
Tal vez no exista:
la crisis del XIX,
la crisis del 98,
la crisis de 1931,
la crisis territorial de 1978,
la crisis catalana
y la crisis de Ceuta.
Tal vez estemos contemplando manifestaciones sucesivas de un problema español nunca resuelto:
¿QUÉ ES ESPAÑA Y QUIÉN TIENE DERECHO A DECIDIR SOBRE SU EXISTENCIA?
¿Una nación?
¿Una nación de naciones?
¿Una federación tácita?
¿Una suma de pueblos?
¿Una realidad histórica?
¿Un contrato rescindible?
¿Puede una parte marcharse?
¿Puede negociarse el territorio?
¿Puede un Gobierno entregar soberanía para conservar una mayoría parlamentaria?
¿Puede una generación disponer de aquello que recibió de muchas generaciones anteriores?
Preguntas viejas.
Muy viejas.
DEL LABERINTO AL DERRIBO
Gerald Brenan habló del laberinto español.
Quizá nosotros debamos añadir otro concepto.
LA DEMOLICIÓN.
Una demolición no necesita una gran explosión.
Puede hacerse piedra a piedra.
Primero se cuestiona la legitimidad.
Después se fragmenta el poder.
Después se fragmenta la conciencia.
Después la educación.
Después la memoria.
Después la soberanía.
Después la igualdad jurídica.
Después aparecen territorios que negocian bilateralmente con el Estado al que pertenecen.
Después el Estado necesita los votos de quienes quieren debilitarlo.
Después un vecino extranjero descubre que la presión funciona.
Después una ciudad fronteriza empieza a sentirse abandonada.
Nada espectacular.
Hasta que un día miramos el edificio.
Y falta una planta.
Después otra.
Después un ala completa.
LA INEPTITUD COMO DISCULPA
Por eso quizá haya llegado el momento de utilizar con más cuidado la palabra «incompetencia».
Puede convertirse en una absolución.
«Se equivocaron».
«No supieron».
«No previeron».
«No coordinaron».
«Falló el protocolo».
Magnífico.
Nadie responde de nada.
Todo es accidente.
Pero los efectos permanecen.
Y cuando los efectos se acumulan siempre en la misma dirección, el análisis tiene derecho a formular una hipótesis diferente.
QUIZÁ NO ESTEMOS ANTE UNA SUCESIÓN DE ERRORES.
QUIZÁ ESTEMOS ANTE UNA DIRECCIÓN HISTÓRICA.
Con diferentes protagonistas.
Con distintas motivaciones.
Con planes incluso enfrentados.
Pero con una consecuencia acumulativa:
menos España como sujeto político capaz de decidir por sí mismo.
LA PREGUNTA QUE PP Y VOX TODAVÍA DEBEN CONTESTAR
No queremos otra concentración.
O no solamente.
No queremos otra pancarta.
No solamente.
No queremos otro «¡Viva España!» que dure lo mismo que una retransmisión televisiva.
Queremos saber:
¿CUÁL ES EL PLAN?
¿Qué España quieren dentro de cincuenta años?
¿Qué competencias serán estatales?
¿Qué ocurrirá con la educación?
¿Qué política territorial?
¿Qué respuesta al separatismo?
¿Qué política respecto de Marruecos?
¿Qué estrategia para Ceuta y Melilla?
¿Qué política atlántica respecto de Canarias?
¿Qué fronteras?
¿Qué defensa?
¿Qué diplomacia?
¿Qué demografía?
¿Qué responsabilidades asumirán los gobernantes que incumplan?
Eso es un proyecto nacional.
Lo otro es marketing patriótico.
CONCLUSIÓN: EL 98 TUVO REGENERACIONISTAS; NOSOTROS TENEMOS MANIFESTACIONES, SENDERISMO URBANO, ALGARABÍA…
Ésa puede ser la comparación más amarga.
Después del desastre de 1898 surgieron hombres obsesionados con reconstruir España.
Hoy, frente a una crisis que quizá sea todavía más profunda, corremos el riesgo de responder mediante:
banderas,
concentraciones,
discursos,
vídeos,
consignas
y senderismo urbano.
Mucho ruido.
Mucho patriotismo sentimental.
Mucho «¡Ia, ia, ia… algarabía!».
Y el lunes:
todo sigue igual.
El propio texto que sirve de punto de partida concluye que frente a un plan de desgaste y eventual anexión no basta una concentración:
«A UN PLAN PARA ANEXIONARSE CEUTA Y MELILLA NO SE LE DERROTA CON UNA CONCENTRACIÓN. SE LE DERROTA CON OTRO PLAN».
Exactamente.
Y esa conclusión debe ampliarse.
A un proyecto de fragmentación de España no se le derrota con sentimentalismo.
A una estrategia de décadas no se responde con una tarde.
A quien piensa históricamente no se le combate electoralmente.
Hace falta otro plan.
Un plan español.
Un plan de Estado.
Un plan pensado a generaciones.
Uno que empiece por responder a la pregunta que llevamos dos siglos evitando:
¿QUEREMOS QUE ESPAÑA SIGA EXISTIENDO COMO NACIÓN SOBERANA DENTRO DE CIEN AÑOS?
Si la respuesta es sí, habrá que actuar como si importara.
Y eso significa aceptar una verdad elemental:
ESPAÑA NO SE DEFIENDE CON ALGARABÍA.
SE DEFIENDE CON PODER, INSTITUCIONES, ESTRATEGIA Y VOLUNTAD.
Porque Marruecos posee estrategia.
Los separatistas poseen estrategia.
Quienes llevan generaciones intentando transformar profundamente España han tenido la suya.
Y si quienes desean conservarla siguen creyendo que basta con ganar unas elecciones, convocar una concentración y cambiar al inquilino de la Moncloa, quizá descubramos demasiado tarde que mientras nosotros protestábamos…
otros estaban trabajando.
No durante una tarde.
Durante décadas.
Y quizá durante dos siglos.