Aquí estamos, de nuevo… «Carta del director».

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CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

Después de unas largas vacaciones a las que nos hemos visto obligados por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, retomamos el camino. Y lo hacemos, además, con el mismo espíritu inconformista que siempre ha caracterizado a VOZ IBÉRICA: sin resignación, sin miedo y sin disposición alguna a transigir con la mentira, la propaganda o el silencio cómodo.

No voy a ser tan jactancioso como aquel grupo musical español de los años ochenta del siglo XX que, cuando publicó su primer disco —en aquellos tiempos del vinilo—, tuvo la ocurrencia de titularlo “30 años de éxitos”. Me refiero a Los Toreros Muertos, surgido en los años de la llamada “movida madrileña”, aquel fenómeno contracultural donde convivían el desenfado, la provocación, el punk, el pop y el rock castizo.

Para quienes no lo recuerden —o jamás hayan oído hablar de ellos—, en su brevísima carrera artística publicaron canciones de tantísima “enjundia”, hondura intelectual y trascendencia filosófica como la inolvidable “Agüita amarilla”. Una obra que, según algunos entusiastas, quizá represente una de las cumbres líricas del disparate contemporáneo.

No, no voy a adoptar el tono del bravucón insolente, del vendedor de humo o del profeta de baratillo que anuncia triunfos atronadores antes incluso de haber comenzado la batalla. Sería necio, además de ridículo. Tampoco voy a gloriarme anticipadamente ni a prometer grandezas futuras como hacen tantos charlatanes profesionales de la política, de los medios subvencionados o de las redes sociales.

Pero sí hay algo de lo que estoy profundamente convencido: si continúan leyéndonos, siguiéndonos y acompañándonos en esta travesía, no se sentirán defraudados.

Hasta ahora, la trayectoria de VOZ IBÉRICA ha estado marcada por el análisis descarnado, sin maquillaje ni tapujos, de la España que padecemos. Hemos intentado, en la medida de nuestras posibilidades, diagnosticar con claridad las causas de su deterioro institucional, moral, económico y cultural. Hemos insistido una y otra vez —quizá hasta el cansancio— en señalar los males que nos aquejan: la corrupción convertida en sistema, el saqueo organizado de lo público, la degradación de la enseñanza, la demolición de la separación de poderes, la manipulación informativa, el crecimiento de una burocracia parasitaria y el progresivo desmantelamiento de la responsabilidad individual.

Y, pese a todo, seguimos sosteniendo lo mismo: España todavía tiene remedio.

Aunque la situación sea grave. Aunque durante décadas se haya permitido que una élite extractora, clientelar y profundamente corrupta colonizara instituciones, empresas públicas, medios de comunicación y organismos de toda índole. Aunque demasiados ciudadanos hayan preferido mirar hacia otro lado mientras el deterioro avanzaba lentamente, como una humedad persistente que termina resquebrajando los cimientos de una casa.

Retomamos el camino, por tanto, con más energía si cabe que la que ya poseíamos. Seguiremos avanzando. Siempre hacia delante. Seguiremos escribiendo, denunciando, reflexionando y cuestionando aquello que otros callan por cobardía, interés o simple servidumbre.

Estamos convencidos de que cuanto publiquemos no les dejará indiferentes. Y más aún: creemos sinceramente que puede resultarles útil. Aunque sólo sea para despertar preguntas incómodas, estimular la reflexión crítica o recordar que todavía existen espacios donde se puede hablar con libertad, sin someterse a consignas ni catecismos ideológicos.

Así pues, adelante.
Y, sobre todo, que les aproveche.

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

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