Día contra la «violencia de género».

Una furibunda campaña nacional de agitación y propaganda al más ortodoxo estilo soviético, patrocinada por todos los partidos políticos que ocupará el Congreso, ministerios, autonomías, ayuntamientos, calles y medios de comunicación de toda España en contra el varón por el hecho de serlo.

ANTONIO CABRERA

 – 25 Nov 2019

Cuando los maltratados son ellos

«Donde hay poca justicia es un peligro tener razón» Esta frase, terrible, profética y certera como un dardo clavado en la diana, la escribió Francisco de Quevedo y Villegas hace 400 años. La vigencia universal de este ‘axioma’ quevedesco, su rabiosa actualidad cuatro siglos después de su enunciado -sin fronteras de espacio ni de tiempo-, resume en una sola frase la genialidad y perspicacia de su autor, aristócrata, político, escritor y poeta inmortal.

Quizás hoy Quevedo matizaría su frase genial conforme a los aciagos tiempos que corren para la Justicia. Donde el autor dice ‘poca justicia’ -dando a entender que entonces había alguna-, hoy diría ‘donde no hay justicia’; y cuando concluye que es un peligro tener razón, hoy -y aún más en el futuro que nos acecha- diría que es muy peligroso tenerla. Letal, a veces.

Y es que hoy la Justicia en España se ha transformado en una entelequia. Porque en un Estado de Derecho es inconcebible que el poder político nombre al poder judicial, como aquí ocurre. Los miembros de la cúpula judicial (Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo) los nombran -se los ‘reparten’ mediante el sistema de cuotas- los partidos políticos, y con ello su obligada independencia. Ya lo anunció Alfonso Guerra con el respaldo de toda la casta política de entonces, y la de ahora: «Mostequieu ha muerto», dijo el tío, y se quedó tan fresco después de asegurar que tras la égida socialista «a España no la iba a conocer ni la madre que la parió». Llevaba razón. Y eso que entonces Guerra, tras haber renegado oficialmente el PSOE de su condición marxista, ni sospechaba la existencia de un futuro gobierno con un tal Pedro Sánchez. Y mucho menos con un sujeto como Pablo Iglesias, su socio comunista.

25-N, día del aquelarre nacional, la caza del varón, el odio y la confrontación entre hombres y mujeres. De la desigualdad, la estigmatización, el insulto y la descalificación del ‘patriarcado’ y el varón por su mera condición sexual

Viene esta reflexión a cuento de la celebración, hoy 25 de noviembre, del Día internacional de la Mujer. Y no tanto porque se celebre, como tantas otras ‘festividades’ a lo largo del año, sino porque lo que en realidad hoy se celebra mundialmente -y en España con muchísimo mayor énfasis- es el Día internacional contra el Hombre. Una apabullante y furibunda campaña nacional de agitación y propaganda al más ortodoxo estilo soviético, patrocinada por todos los partidos políticos -salvo quizás VOX, si no vuelve a dejar tirados a sus votantes- que ocupará el Congreso, ministerios, autonomías, ayuntamientos, calles y medios de comunicación de toda España en contra el varón por el hecho de serlo. Lo que no es de extrañar, dada la nube de pesebres distribuidos por todas las taifas autonómicas para alimentar tanto apoyo ‘incondicional’, y el estado comatoso de la Justicia, nombrada mayoritariamente por quien se autodefine como rojo y feminista. El mismo que sin ningún pudor proclama en una entrevista que el fiscal general del Estado está a sus órdenes y al día siguiente, abochornado, se desdice alegando que estaba muy cansado por la intensa campaña electoral. Los polvos, tarde o temprano se convierten en lodos.

Hoy, 25-N, no es una fiesta de la igualdad entre hombres y mujeres, seres humanos con los mismos derechos y obligaciones. Tampoco del amor, el matrimonio y la familia como células nucleares de la sociedad. Todo lo contrario. Hoy, 25-N, es el día del aquelarre feminista nacional, la caza del varón, el odio y la confrontación entre hombres y mujeres. De la desigualdad, la estigmatización, el insulto y la descalificación del ‘patriarcado’ y el varón por el hecho de serlo. De la lucha de sexos, del feminismo radical y marxista como heredero de la desaparecida lucha de clases tras la caída del Muro.

Hoy, 25-N, es la fiesta universal del supremacismo de la mujer y la denigración del hombre. Del pacto de Estado contra la ‘violencia de género’: o sea, del maltrato al varón al amparo de la ley integral contra la ‘violencia de género’. Esa ley monstruosa, profundamente injusta, sexista, discriminatoria, arbitraria e inconstitucional. Una ley que viola los derechos humanos de los españoles (varones) por el mero hecho de serlo; una ley que desde su promulgación en 2005 ha llevado a la cárcel, automática y preventivamente, a más de dos millones de hombres víctimas de denuncias falsas y ha generado cuatro millones de ‘huérfanos’ forzosos; una ley que los destierra, los arruina, los estigmatiza moral y socialmente y los aleja de sus hijos; una ley que aniquila las naturales e imprescindibles relaciones afectivas paterno filiales y con resto de familia paterna; una ley que invierte la carga de la prueba, que vulnera principios fundamentales, como el de igualdad ante la ley y el de presunción de inocencia, pilares de un Estado Democrático y de Derecho. Una ley que atenta contra la paz social, instaurando el odio y la delación en lugar del amor y la concordia. Una ley bárbara que ostenta el triste récord de acaparar en su contra más de 200 recursos de inconstitucionalidad. La ley más cuestionada de España.

Todo eso es lo que ‘celebramos’ hoy. Estos son los dos millones de maltratados (varones) que no reivindica nadie

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