El feminismo y la teoría de las “eternas menores”

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Según uno de los preceptos fundamentales del feminismo degenerado, del feminaziestalinismo de género, el patriarcado ha tratado siempre a las mujeres como “eternas menores”.
Eternas menores son las mujeres que, se ofenden puerilmente porque un hombre u otra persona del mismo sexo insinue que, son muchas las mujeres de las que cabe sospechar que se han acostado con el jefe para trepar, cosa tan vieja como el mundo y la propia humanidad.
Eternas menores son, para los y las partidarias del feminismo degenerado, las prostitutas, al parecer incapaces de decidir por sí mismas lo que hacen con su cuerpo por lo que, es necesario perseguir penalmente a los clientes como si fueran pedófilos, y castigarlos cruelmente, con saña y exponerlos al escarnio, burla y humillación públicos mediante carteles, y otras formas de publicidad.
Eternas menores acogidas a su paternalismo son, para los diversos partidos políticos del consenso socialdemócrata-feminista las mujeres a las que, reserva por cuota la mitad de las plazas en las oposiciones para funcionarios o empleados públicos.
Eternas menores son, para los jueces y fiscales españoles, las delincuentes de sexo femenino, a las que conceden un trato penal más benigno que, el aplicado a los varones: LVIOGEN, ley de “violencia de género” de 28 de diciembre de 2004.
Eternas menores son, para nuestro sistema judicial las mujeres a las que, sancionan con una leve multa por hacer una denuncia falsa de violación con penetración, o por supuesto maltrato; si es que se las acaba sancionando, pues por lo general nunca se sanciona a ninguna mujer falsaria, por más que se salga de ojo.
¡Total, los políticos, jueces y fiscales deben considerar que son chiquilladas, simples gamberradas -eso sí, son muchos los años de cárcel que, las denuncias suelen acarrear a los falsamente acusados, alrededor del 25% de la población española reclusa-, un atropello sin importancia, cosa pueril a la que, no hay que conceder la más mínima importancia… y si acaso, como mucho con un tirón de orejas basta, o una multita… y aquí no ha pasado nada!
¡Porque ellas se lo merecen! ¿O no?

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