LA ALIANZA ENTRE EL PSOE Y LA MASONERÍA PARA DESTRUIR LA NACIÓN ESPAÑOLA
Socialismo, anticatolicismo, ingeniería cultural y demolición de la España histórica
Desde Pablo Iglesias y la Segunda República hasta la Agenda 2030 y el globalismo burocrático contemporáneo
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

Existe una cuestión enormemente incómoda para el relato oficial contemporáneo y que, sin embargo, atraviesa buena parte de la historia política española de los siglos XIX, XX y XXI: la estrecha relación entre determinadas corrientes socialistas, republicanas, separatistas y revolucionarias y un proyecto histórico de demolición progresiva de la España tradicional.
Y conviene aclararlo desde el principio: no estamos hablando de fantasías grotescas ni de caricaturas conspirativas diseñadas para desacreditar cualquier debate serio. Hablamos de hechos históricos abundantemente documentados:
- archivos,
- discursos,
- publicaciones,
- actas masónicas,
- biografías,
- reformas legislativas,
- proyectos educativos,
- y declaraciones políticas perfectamente verificables.
Autores como César Vidal, Ricardo de la Cierva, Stanley Payne, Pío Moa y otros investigadores han estudiado extensamente la influencia de la masonería, el anticlericalismo militante y determinadas corrientes revolucionarias sobre amplios sectores de las élites políticas españolas contemporáneas. Y, observando el desarrollo histórico del PSOE, las coincidencias ideológicas y estratégicas resultan demasiado evidentes como para ser despachadas simplemente con burlas o descalificaciones automáticas.
EL PSOE NUNCA FUE UN PARTIDO NACIONAL ESPAÑOL

Uno de los mayores engaños históricos consistió en presentar al PSOE como equivalente español de las grandes socialdemocracias patrióticas europeas.
La realidad histórica resulta mucho más incómoda.
Desde sus propios orígenes, el PSOE manifestó:
- hostilidad hacia amplias partes de la tradición histórica española,
- anticatolicismo militante,
- desprecio hacia la Monarquía,
- simpatía hacia proyectos revolucionarios internacionales,
- y disposición explícita a destruir el orden político existente.
Basta leer:
- discursos de Pablo Iglesias Posse,
- publicaciones socialistas históricas,
- actas del partido,
- declaraciones de Largo Caballero,
- y documentos internos de distintas épocas.
Pablo Iglesias llegó a justificar públicamente la violencia revolucionaria y el atentado político como instrumentos legítimos frente al adversario. Largo Caballero acabaría proclamándose admirador de la revolución soviética y partidario de avanzar hacia modelos incompatibles con la democracia liberal clásica.
No estamos hablando precisamente de parlamentarismo moderado.
EL ANTICATOLICISMO COMO HILO CONDUCTOR

Pocas constantes históricas resultan tan evidentes como el anticatolicismo de buena parte del socialismo español y de la masonería moderna de orientación revolucionaria.
¿Por qué?
Porque la Iglesia Católica representaba:
- continuidad histórica,
- cohesión cultural,
- autoridad moral independiente del Estado,
- estructura social propia,
- y uno de los pilares fundamentales de la España histórica.
Precisamente por eso debía ser reducida, desacreditada o expulsada progresivamente del espacio público.
Ese proceso adoptó distintas formas:
- propaganda anticlerical,
- persecuciones religiosas,
- quema de conventos,
- legislación hostil,
- manipulación educativa,
- ridiculización cultural,
- y marginación progresiva del cristianismo.
La hostilidad nunca desapareció realmente.
Simplemente se volvió más sofisticada:
- caricaturización mediática,
- relativismo moral,
- ingeniería educativa,
- banalización cultural,
- y sustitución de la moral cristiana por ética administrativa variable según intereses políticos.
LA MASONERÍA Y EL PROYECTO DE DISOLUCIÓN

La masonería europea moderna —especialmente la de orientación liberal, republicana y anticlerical— nunca ocultó realmente varios de sus grandes objetivos históricos:
- debilitamiento de la Iglesia Católica,
- erosión de las monarquías tradicionales,
- relativización de identidades nacionales fuertes,
- secularización radical de la sociedad,
- y construcción progresiva de estructuras supranacionales.
Todo ello aparece reflejado en:
- textos doctrinales,
- congresos internacionales,
- publicaciones masónicas,
- correspondencia histórica
- y estudios académicos.
En España, la influencia masónica penetró profundamente en:
- republicanismo,
- liberalismo radical,
- sectores militares,
- socialismo,
- anarquismo,
- separatismo
- y amplias capas intelectuales y administrativas.
Diversos estudios sostienen que más de dos tercios de las Cortes Constituyentes de la Segunda República mantenían vínculos masónicos directos o indirectos. La influencia alcanzaba incluso:
- la CNT,
- la FAI,
- sectores socialistas,
- ambientes universitarios,
- y buena parte de las élites culturales republicanas.
LA SEGUNDA REPÚBLICA COMO LABORATORIO REVOLUCIONARIO

El relato oficial contemporáneo presenta muchas veces la Segunda República como paraíso democrático destruido brutalmente.
La realidad histórica fue muchísimo más compleja.
La República nació ya profundamente marcada por:
- sectarismo,
- radicalización ideológica,
- persecución religiosa,
- violencia política,
- utilización partidista de instituciones
- y creciente voluntad revolucionaria.
El PSOE desempeñó un papel central en ese proceso:
- revolución de 1934,
- milicias socialistas,
- admiración hacia la Unión Soviética,
- desprecio creciente hacia la democracia liberal,
- y discursos abiertamente revolucionarios.
Muchos dirigentes socialistas ya no ocultaban su intención de avanzar hacia modelos incompatibles con:
- pluralismo real,
- continuidad histórica española,
- y convivencia nacional.
EL KRAUSISMO Y LA REEDUCACIÓN DE ESPAÑA

Otro elemento fundamental fue el krausismo.
A través de:
- la Institución Libre de Enseñanza,
- determinadas élites universitarias,
- sectores administrativos,
- y ambientes intelectuales,
se impulsó una transformación cultural profunda basada en:
- relativismo moral,
- debilitamiento de la tradición católica,
- pedagogía sentimental,
- y progresiva ruptura con la España histórica tradicional.
La enseñanza dejó poco a poco de entenderse como:
- transmisión de conocimiento,
- formación del carácter,
- continuidad cultural,
- y cultivo de la excelencia.
Pasó a convertirse crecientemente en herramienta de reeducación ideológica y transformación social.
Y el PSOE heredó plenamente buena parte de ese proyecto.
DEL INTERNACIONALISMO SOCIALISTA AL GLOBALISMO BUROCRÁTICO

El viejo internacionalismo socialista evolucionó finalmente hacia formas contemporáneas de:
- burocracia supranacional,
- relativización nacional,
- globalismo tecnocrático,
- disolución de soberanías,
- ingeniería identitaria,
- y administración política planetaria.
Ahí aparecen paralelismos clarísimos con la Agenda 2030.
LA AGENDA 2030 COMO NUEVA RELIGIÓN ADMINISTRATIVA

La Agenda 2030 se presenta constantemente como:
- proyecto humanitario,
- horizonte moral universal,
- plan técnico inevitable,
- y supuesto camino obligatorio hacia el progreso.
Sin embargo, observada detenidamente, impulsa muchísimos elementos perfectamente compatibles con:
- el viejo internacionalismo socialista,
- el globalismo burocrático,
- y determinados ideales universalistas históricos de raíz masónica.
Porque favorece:
- debilitamiento de soberanías nacionales,
- transferencia creciente de poder hacia organismos supranacionales,
- homogeneización ideológica,
- ingeniería educativa,
- transformación antropológica,
- burocratización gigantesca,
- control creciente sobre producción y consumo,
- relativización cultural,
- y sustitución de identidades históricas por ciudadanía administrativa global.
DEL CIUDADANO LIBRE AL SUJETO ADMINISTRADO

Aquí aparece una de las claves fundamentales del proceso contemporáneo.
El hombre deja de concebirse como:
- miembro de una nación histórica,
- heredero de una tradición,
- ciudadano libre con raíces culturales concretas,
- y sujeto moral trascendente.

Pasa a convertirse en:
- unidad estadística,
- consumidor regulado,
- receptor de consignas,
- contribuyente vigilado,
- sujeto tutelado,
- y pieza administrada por enormes estructuras burocráticas.

Y eso encaja perfectamente con:
- la tradición socialista estatista,
- la tecnocracia contemporánea,
- y ciertos ideales universalistas históricos de raíz masónica.
EL PSOE COMO GESTOR ESPAÑOL DEL PROCESO

Y aquí aparece nuevamente el papel contemporáneo del PSOE.
El socialismo español actúa muchas veces como administrador nacional de buena parte de este proceso:
- ingeniería cultural,
- debilitamiento nacional,
- propaganda ideológica,
- burocratización,
- relativismo moral,
- disolución de referencias históricas,
- y subordinación creciente a estructuras supranacionales.
Por eso encajan tan perfectamente dentro de su proyecto político:
- la Agenda 2030,
- el ecologismo dogmático,
- el feminismo subvencionado,
- la ingeniería identitaria,
- la demolición educativa,
- la fragmentación territorial,
- y el debilitamiento progresivo de la España histórica.
LA GRAN PREGUNTA HISTÓRICA

Y quizá ahí resida finalmente la cuestión decisiva.
¿Seguirá existiendo España como:
- nación histórica,
- continuidad civilizatoria,
- comunidad cultural,
- y pueblo consciente de sí mismo?
¿O terminará convertida simplemente en:
- territorio administrativo,
- conglomerado humano desarraigado,
- mercado regulado,
- y espacio burocrático sometido a estructuras supranacionales cada vez más alejadas de cualquier control democrático real?

Porque esa es, en el fondo, la verdadera batalla contemporánea.
Y quizá por eso tantos intentan impedir que siquiera pueda formularse abiertamente.